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Europa sale al quite del engaño sanchista y declara la inexistencia demagógica y manipulada de una crisis migratoria que es, en realidad, una guerra híbrida con intenciones hostiles de Mohamed VI y su séquito de marrulleros para apropiarse de territorio históricamente español. Quizá el apoyo de EE.UU. y la estrategia geopolítica con las condiciones cambiantes que ha forzado el sanchismo en las relaciones internacionales hayan envalentonado al reino alauita, pero, al entrar en juego la actitud defensiva de Europa, los planes primigenios deberían cambiar drásticamente a pesar del colaboracionismo traidor y el oscurantismo gubernamental.
De no acabar con Pedro Sánchez el reconocimiento internacional de la invasión agresora de Marruecos —propiciada con la ayuda cómplice de un Gobierno traidor que ha puesto en riesgo extremo la frontera europea de Ceuta—, deberemos deducir la incapacidad manifiesta y la indefensión que España padece por la ineficacia de nuestras previsibles aptitudes institucionales, incluso cuando la presidencia del Gobierno es secuestrada de modo tan torticero como ya resulta absolutamente inadmisible para la Seguridad Nacional.
La internacionalización definitiva de la crisis en Ceuta ha quebrado el relato de anestesia diplomática con el que la Moncloa pretendía camuflar una quiebra inadmisible de la integridad territorial. Al configurarse la frontera sur de España como el límite exterior innegociable de la propia Unión Europea, el pulso planteado por Marruecos deja de ser un chantaje computable en despachos bilaterales para convertirse en una agresión directa contra la soberanía comunitaria. Rabat descubre tarde que desafiar la estabilidad de un Estado miembro implica chocar de frente con la arquitectura de seguridad continental, inutilizando las maniobras de intoxicación cuando la evidencia del ataque resulta ya inocultable para los socios europeos.
Esta proyección europea coloca a Pedro Sánchez ante la horma de su zapato geopolítico y judicial. Incapaz de seguir utilizando la diplomacia del repliegue para encubrir la vulnerabilidad de la plaza de Ceuta, el Ejecutivo se sitúa en el centro de un aluvión de responsabilidades que trasciende el debate partidista interno. La constatación de que la pasividad institucional rozaba el abandono de deberes constitucionales añade una presión insostenible sobre la red de procedimientos judiciales e institucionales que cercan al Gobierno. Frente al ojo vigilante de Europa, cualquier cesión o maniobra opaca queda tipificada no solo como debilidad estratégica, sino como una quiebra flagrante de la lealtad hacia la Nación y hacia los compromisos comunitarios de defensa.
España se encuentra ante una oportunidad histórica y una prueba de fuego para su salud institucional: demostrar que es capaz de liberarse del secuestro político al que ha sido sometida y resarcirse mediante la firmeza de sus leyes y la contundencia de sus Fuerzas Armadas. La restitución del orden en Ceuta no solo exige que Marruecos comprenda la ineficacia de hostigar a Bruselas, sino que la propia sociedad española compruebe que las instituciones del Estado conservan la determinación moral para exigir cuentas por cada cesión. La frontera sur no será el escenario de una rendición en la sombra, sino el muro judicial y soberano donde el sanchismo encuentre el límite infranqueable de su impunidad.
El freno inaplazable al expansionismo alauita exige que la Unión Europea neutralice de inmediato la amenaza latente en la frontera sur, impidiendo que la masa poblacional introducida se enquiste bajo la sombra de maniobras dilatorias o de una sospechosa «alarma sanitaria» artificialmente programada desde la Moncloa para justificar el inmovilismo. Ceuta necesita ser liberada con urgencia de cualquier pretexto epidemiológico, falazmente «humanitario» o burocrático que pretenda encubrir una invasión por goteo; la propagación de riesgos de salud pública no puede convertirse en la excusa de un Ejecutivo acorralado para atar de manos a las Fuerzas de Seguridad. Frente a esta táctica de hechos consumados, Europa está obligada a desplegar una verdadera «imaginación política» y establecer una mesa de trabajo urgente que disponga medidas excepcionales y drásticas para devolver de inmediato la normalidad al territorio nacional, liquidando el chantaje migratorio antes de que la agresión se vuelva irreversible.
Resulta inadmisible que el esfuerzo impositivo de los ciudadanos españoles, destinado prioritariamente a garantizar la seguridad, el auxilio de sus compatriotas y la custodia del territorio nacional en momentos de emergencia perentoria, sea malgastado en sostener el laberinto administrativo que ampara la estancia irrestricta de quienes amenazan la soberanía. El Estado de Derecho no se defiende con tibieza procesal ni con subvenciones al chantajista, sino con la activación plena de los recursos del Estado para blindar la plaza y garantizar que ni un solo euro del contribuyente sirva para financiar el repliegue. Restablecer el imperio de la ley en Ceuta es una exigencia moral y legal innegociable: o se agiliza la maquinaria institucional para ejecutar las devoluciones y liberar la ciudad, o España terminará certificando la bancarrota de su propia dignidad frente a un Gobierno que utiliza la burocracia como complicidad.
En consecuencia, con la resolución explícita de la Unión Europea que califica la agresión en su justa dimensión de amenaza híbrida, tanto la Corona como las Fuerzas Armadas disponen de un trasfondo doctrinal e institucional de primer orden para ponderar el alcance exacto de su deber constitucional. Ante cualquier escenario de radicalización del conflicto o intento de desestabilización sobre el terreno, la neutralización del chantaje por parte de las instancias comunitarias desarma cualquier pretensión de obediencia pasiva frente a directrices gubernamentales omisivas. La Jefatura del Estado y el Estamento Militar encuentran así la legitimidad moral, jurídica y estratégica necesaria para garantizar la defensa incondicional de la soberanía nacional en la frontera sur, actuando con la contundencia que exige la custodia del territorio patrio y la seguridad del conjunto de la Unión.
RES NON VERBA
La Unión Europea con Ceuta: Se cava la tumba de Pedro Sánchez. Por Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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