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María Menéndez. Estudió historia y escribió un libro sobre los Comuneros de Castilla. Madre de 9 hijos, es coordinadora de plataformas por la objeción a Educación para la Ciudadanía, presidente de la asociación de Familias numerosas de Madrid, también en la federación madrileña y fundadora de la plataforma Siempre Seremos Familia junto a Concapa y a la Asamblea por la Vida y Familia (Ceu+Neos).
¿Por qué han decidido desde Familias numerosas de Madrid hacer esta campaña en favor de la natalidad?
Porque Familias numerosas de Madrid es de las pocas asociaciones que emplean sus recursos en hacer campañas, ayudar directamente a las familias, reivindicar con artículos, reuniones, firmas, contenciosos y recursos ante el Supremo…
La natalidad está históricamente en horas muy, muy bajas. En otros momentos de la historia de la humanidad bastante más complicados económica, social y políticamente, de mucha mayor gravedad con guerras sangrientas, pestes, hambrunas… no se dejaban de tener hijos, pues es el rayo de esperanza que se tenía para no sucumbir en el fondo del precipicio. Actualmente, las cifras son escandalosas. Si el índice de fecundidad para que haya relevo generacional es de 2,1 hijos por mujer, en España estamos ahora en menos de 1,2.
Imposible que haya futuro con estas cifras. Pero no es un problema endémico de España. La falta de nacimientos y de formación de familias estables es general, mundial. Aunque no en todos sitios llevan el mismo ritmo. El efecto dominó ha sido y está siendo devastador. El occidente europeo sufre la mayor caída de nacimientos. Esto está repercutiendo ya gravemente en Hispanoamérica. Chile es la nación del continente americano con la tasa de fecundidad más baja (1,2 hijos por mujer), con parámetros muy parecidos a Europa: edades tardías de la mujer para tener hijos, acceso de la mujer al mundo laboral prefiriendo tener un trabajo que formar una familia, además de no existir una conciliación eficaz. Argentina, Uruguay, Costa Rica, Cuba, México, … Las mujeres están teniendo menos hijos y si los tienen, optan por formar familias pequeñas, uno o dos hijos a lo sumo.
Tener hijos es crear futuro, es hacer crecer a la sociedad. Por diferentes motivos parece existir una estrategia mundial para ser menos. La agenda 2030 ayuda en esto. Y eso conlleva tener menos hijos o ninguno e ir creando una sociedad, no formada por familias (la familia es la célula básica de la sociedad, el pilar donde se asienta) sino sociedades formadas por individuos aislados y desvinculados, fácilmente manipulables. Un posible cambio de época que no augura nada bueno.
Es curioso que han empleado una expresión muy coloquial, pasarse el arroz, pero que llega a la gente…
Entendemos que la campaña, si quiere influir, tiene que llegar a la gente. Aunque por los comentarios al vídeo en youtube, en otros países hermanos parece que no se usa esa expresión y no se entiende bien. Nos ha parecido que la frase «se te está pasando el arroz» describe muy bien que hay muchas decisiones en la vida que se pueden ir retrasando. Pero que hay algunas que si las retrasas pierdes la oportunidad de retomarlas. Como es la decisión de formar familias con hijos. Si es verdad que el reloj biológico de la mujer y del hombre son diferentes y parece que esta expresión es solo para recriminar a la mujer como la única culpable de la falta de nacimientos. No es así. Las campañas mediáticas comunican sloganes sencillos y directos. No son informes técnicos o científicos y no pueden ser textos académicos. Tampoco son conferencias. El mensaje corto y directo es más eficaz para abrir la brecha del debate. Que sea un mensaje provocador y que la gente opine, critique, hable de ello. La mujer es la que tiene los hijos y es la que puede que se le pase el arroz. Lo que criticamos son los mensajes que excusan o justifican que no se tengan hijos. A la hora de tomar decisiones importantes, no es necesario un entorno ideal, donde todo sea perfecto. No existen situaciones perfectas ni ideales. Y menos que duren en el tiempo.
¿Por qué tiene riesgos para la madre el hecho de tener hijos a una edad avanzada?
No se cuales son las causas médicas o biológicas, pero a medida que la edad de la mujer avanza, la fertilidad decrece y la posibilidad de tener hijos desciende. Aunque si has empezado a tener hijos antes, hay menos riesgo en los embarazos con mayor edad. Vamos, que tener el primer hijo a los 40 años no es lo mismo que tener el quinto hijo a los 40. Es como pretender ser un atleta de élite a los 20 años o a los 40 años. El cuerpo no responde igual ni tiene la misma capacidad.
Yo tengo 9 hijos nacidos y tres que no pudieron nacer y los tres últimos los tuve con 40 años, 42 y 43. Si se nota mucha diferencia con los padres que han tenido hijos pronto, que con los padres de edad más avanzada. Se nota en cómo organizas la vida familiar, en la educación de tus hijos,… Y por supuesto que a medida que avanza la edad también avanza la posibilidad de tener embarazos y partos de riesgo y que el niño tenga alguna anomalía.
Es algo chocante, tener un hijo con más de 40 años y tener más de 60 cuando el hijo vaya a la universidad…
Depende. Lo que decía antes. No es lo mismo que el primer hijo lo tengas con 40 años a que tengas el quinto con 40 años. En el segundo caso tienes más hijos que son mayores. Los hijos mayores ayudan mucho. Y no solo con tareas físicas, en el hogar… Sino que son un referente más para los hijos más pequeños -aparte de los padres-, son los mejores amigos y algunas veces que se puedan pelear o enfadar, pues es un proceso de aprendizaje que no lo aprendes con otras personas ajenas a la familia. Con un hermano te enfadas y al rato estás como si no hubiera pasado nada. En cambio, con un amigo o compañero eso no suele pasar. Así que con más hijos aunque tengas ya 40 años, tienes más apoyo y experiencia.
Incluso hay riesgo de no llegar ni siquiera a ser abuelos…si nuestros hijos también se demoran a tener hijos con más de 40 años…
Eso sí es verdad. Todo se va retrasando. Aunque ahora también se vive más tiempo y con mayor calidad en la salud. Así que si formas una familia antes de 30 años y empiezas a tener hijos, tu familia se multiplica mucho más y pueden llegar a convivir durante muchos años tres generaciones, incluso cuatro. ¡Cuántos bisabuelos tienen las familias numerosas! Es un aprendizaje social intenso y positivo. Y vemos claramente como la familia es una verdadera escuela de vida. Además de aceptar y admitir a los hijos, padres, hermanos, abuelos, tíos, … tal cual son. (no he usado la palabra mágica de esta época woke de cancelación, que es inclusión) jeje Y eso también es una parte muy importante de la escuela de vida.
¡Cuanta riqueza nos perdemos por no tener hermanos, un padre y una madre, abuelos, tíos, primos…!
También al retrasar la decisión de tener hijos disminuye la fertilidad, hasta perderla por completo…
Exacto. Aunque mejor hablemos de fecundidad, de crear, o mejor dicho de procrear. Es la manera que tenemos de sobrevivir, de crecer, de asegurar el futuro, de mejorar la sociedad, de progresar. Puedes ser fértil pero incapaz de fecundar por decisión propia o por creerte todas las excusas que te cuentan para no tener hijos. Si esperas a el momento perfecto, ideal, nunca harás nada. Nunca tomarás decisiones importantes para tu vida. Hay que ser más libres sobre los condicionantes que te imponen desde ciertos estratos de la sociedad. Y vivir con menos cosas materiales y menos necesidad de tener. El mejor verbo es SER y ESTAR. No el verbo TENER.
Es lo que intentamos difundir en esta campaña. Hay decisiones que no se toman y que hacen perder oportunidades que nunca más vas a tener. Son trenes que pasan solo un tiempo.
El otro día leí este comentario: en cualquier lugar o ámbito de tu vida eres totalmente prescindible, menos en tu casa, en tu hogar, en tu familia… En una empresa, oficina, lugar de trabajo existen más personas como tú. Y cualquiera de ellos o cualquier otra que la contraten puede y hace tu trabajo. Incluso muchas veces mucho mejor.
Si no estás, la empresa sigue operativa, sigue funcionando. En tu familia, si tu no estás, nada es igual y el hueco que no ocupas no se puede llenar. Queda para siempre ese vacío. Unas veces no se puede evitar: abandono, fallecimiento, enfermedad, separación…Pero en la mayoría de las ocasiones solo con poner un poco de nuestra parte conseguimos que la convivencia sea posible y positiva. Y ese «poner un poco de nuestra parte» es estar. Sin más. Estar. El no estar también hace que pierdas oportunidades que quizás no vuelvan a ocurrir. Y las personas se van haciendo más tristes, quizás con amargura, carácter agrio… Y eso no aporta nada bueno ni positivo ni agradable. Y parece así que la vida no tiene sentido ni hay ganas para vivirla.
Hay que tener una paternidad responsable, ¿pero por qué si se espera a tener las condiciones ideales, igual estas nunca llegan?
Sí. Totalmente. Hay que lanzarse pero con cabeza. No a lo loco y sin pensar. Sin ser prudente. La paternidad responsable no es no tener hijos o tener uno o dos. Ser padre responsable es responder ante la situación que aparece en tu vida, como una nueva vida. Aceptarla y hacer lo posible para atender sus necesidades, educarla y formarla para que llegue a ser una persona de bien.
Pero hay que lanzarse. La juventud hace que las personas sean audaces, osadas, valientes, aguerridas. Es una tarea inmensa y preciosa la de formar una familia y tener hijos. Pero no exige tener tres carreras, dos master, un millón de euros en la cuenta del banco, una casa con cuatro habitaciones y un gran jardín, o ser el padre o madre perfecto. La generosidad y la honestidad cubren perfectamente las condiciones materiales que nos dicen que debemos poseer para tener hijos. ¿Que prefiere un hijo, un padre millonario que nunca ve o una padre más modesto pero con el que juega todas las tardes?
Cada vez se difiere más la edad de ser padres porque se acaba más tarde de estudiar o es más difícil tener una estabilidad laboral…¿Cómo proponéis combatir estas dificultades?
Es que eso no es verdad. Retrasar la edad de ser padres no es por acabar más tarde de estudiar o por la inestabilidad laboral. Lo que pasa es que hay que ser más valientes para lanzarse a formar una familia y tener hijos. Y la sociedad materialista en la que vivimos te dice lo contrario. Tan progresistas en unas cosas y tan conservadores en otras. Hay que despegarse más de las cosas materiales y ser más apegados a las personas y a los vínculos que nos unen.
Lo hemos visto en estos días en Valencia y otros lugares de España donde la gota fría y las fuertes tormentas han provocado riadas enormes que han acabado con centenares de vidas humanas y de posesiones materiales como viviendas, coches, empresas, … Y lo que las personas valoran por encima de todo es haber salvado la propia vida o la vida de otros. Y lamentan muy por encima la pérdida de vidas. Aunque hayan perdido casa, coche y trabajo han conservado la vida y conservan la suficiente energía para agradecerlo y poder comenzar de nuevo.
También muchos padres prefieren «disfrutar la vida» en esos años y dejar los hijos para después…
También. Pero lo decimos en la campaña. Puedes retrasar viajes, negocios, y no pasa nada porque si no es ahora, después puedes realizarlo. Pero tener hijos, es un tren que pasa un tiempo. Si retrasas ir a la estación a coger el tren te puedes encontrar que ya no pase nunca más. Claro que en la época actual, donde parece que todo se puede conseguir, ¡puedes llegar a ser madre con 50 o más años! Es que si retrasas la hora del desayuno hasta las dos o tres de la tarde, eso es que comes, no desayunas. Esto es lo mismo. En vez de padres, serás abuelo pero haciendo que el hijo que tienes sea como si fuera tu nieto. Y sin poder darle hermanos. Y seguramente no tendrá abuelos, ni primos, ni tíos. La riqueza familiar no la tendrá. Puede que tenga riqueza material. Lo que sabemos seguro es que eso no satisface plenamente al ser humano.
En esta época de baja natalidad, de familias inestables y cada vez más pequeñas, las necesidades de afecto, cariño, atención y acompañamiento son enormes. Y se suplen con grandes vacíos. Lo sufrimos en la pandemia hace cuatro años. Cada uno de nosotros encerrados en su propio hogar. Encerrados cada uno de nosotros con su realidad sentimental y afectiva. Y cuánto vacío, angustia y depresión salió de los hogares cuando pudimos salir.
Se puede maquillar la realidad con dinero, trabajo, coches, amigos, prestigio… pero si no tienes con quien disfrutarlo no sirve de nada. Puede que no hayas podido formar una familia, tener hijos, quizás has perdido a tu mujer o marido o tu hijo. Todos tenemos un hueco, un vacío. Lo que queremos difundir es que las personas tengan en el primer puesto en su escala de valores a la familia, que es lo único que realmente merece la pena.
¿Qué frutos esperan de esta campaña?
Ya hicimos otra hace unos meses. Y haremos más. Forman parte de un plan de recuperación del valor de la familia y de los hijos, de la vida. Queremos poder influir en las personas para que sean libres en sus decisiones y en cómo quieren dirigir sus vidas.
Ahora solo se habla de todo el sacrificio que supone tener hijos. De cómo hay que renunciar a sueños, viajes, ganar dinero, a tener prestigio profesional, conservar la libertad individual… Y no se habla de la verdadera renuncia y del verdadero sacrificio que supone perder la oportunidad para siempre de formar una familia y tener hijos. Cuando sientas esa pérdida, verás que no merecía la pena haber retrasado esa decisión. Pero ya será tarde.
En la China actual la política del hijo único ha pasado a ser la de familia numerosa. Y aconsejan esto:«Casarse y tener hijos a la edad adecuada, fertilidad óptima y cuidado de los hijos». Para solucionar el problema de la baja natalidad no son válidas las soluciones que pasan por atraer inmigración o aplicar ayudas sociales, asistenciales, creando una red de pobres. La realidad muestra que la batalla de la natalidad es una batalla por los valores. El valor del matrimonio, de la familia, de tener hijos, de cuidar y respetar la vida, cuando llega y cuando se va.
Autor

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Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.
Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.
Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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1- La tasa de natalidad se desplomó en España a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, coincidiendo con el proceso constitucional democrático y la irrupción de la llamada «libertad», es decir, la propagación masiva de la pornografía, el adulterio, el divorcio y todo tipo de perversión contra la castidad, verdadera raíz de la caída de la nupcialidad y de la natalidad como no podía ser de otra manera. Cualquiera puede comprobarlo en los datos del INE, OCDE y otras estadísticas.
2- La tasa de natalidad de las mujeres musulmanas inmigrantes de «nacionalidad española» sigue siendo muy alta en España, lo que hace que la media de hijos por mujer sea de poco más de 1 compensando la práctica ausencia de natalidad genuinamente española. Además, la natalidad de mujeres españolas de América también contribuye a una media ponderada mayor. La natalidad de las mujeres chinas, del este, etc., también contribuyen a elevar esa tasa de natalidad actual. España se puebla de no españoles o de españoles americanos.
3- El futuro, al menos en tendencia, apunta hacia una España musulmana predominante en pocas décadas, pues la tendencia hispanoamericana también apunta a un declive de nacimientos.
4- La incorporación masiva de la mujer a puestos de trabajo, especialmente los mejor remunerados (cualificados o con requerimientos universitarios para ser ejercidos), consecuencia de un deseo masivo de las mujeres de ser dueñas de un patrimonio y no tener que depender de los hombres en el matrimonio (cada vez hay menos, por cierto), ha sido devastador para la natalidad. No se puede seguir sosteniendo la falacia de la «conciliación» por más tiempo. Si un trabajo corriente ocupa 8 horas de actividad diaria intensa, más 2 de transporte y, al menos, 1 de almuerzo, como media, es imposible ser madres. O se es madre o se es trabajadora. Las dos cosas son incompatibles. De hecho, los estudios demuestran claramente que las mujeres más altamente cualificadas y con puestos mejor retribuidos (incluso directivas) tienen menos hijos. Y lo que es más, cuando los tienen, no los educan ellas, los entregan a otros para que los eduquen. La maternidad está totalmente reñida con la laboriosidad. O se es madre o se es trabajadora se gana dinero. No se puede servir a Dios y al dinero, luego no se puede seguir con la falacia de la «conciliación». Los trabajos requieren tiempo y los hijos también. O se dedica el tiempo a uno quitándoselo al otro, o se renuncia a lo otro para cuidar de lo uno. Pero la bilocación femenina no es posible. Y los hijos no pueden ser criados en oficinas entre ordenadores.
5- Los hijos son consecuencia natural y querida por Dios y por marido y mujer, de un matrimonio y del amor conyugal, de la donación de ambos, independientemente de si se es rico, pobre, jefe, subordinado, agricultor, ganadero, minero, barrendero, ingeniero, abogado, directivo, desempleado, de tal o cual familia, sano, no tan sano, fuerte, no tan fuerte, etc. A lo largo de la historia hombres y mujeres casados han tenido hijos sin preveer (algo totalmente imposible) lo que ocurriría en adelante, es decir, confiando en la divina providencia, abandonándose a ella, incluso sin preveer que como consecuencia de las malas cosechas toda la familia podría morir de hambre. Hoy esto ha desaparecido, y los hijos son más un gasto extraordinario y una carga gigantesca, aparte de un impedimento para prosperar económica y laboralmente. A tal grado de degradación se ha llegado.
Los hijos son cosa de marido, mujer y Dios que da alma a la criatura en su concepción, no después. Los hijos son, pués, una bendición, un regalo de Dios, independientemente de si hay futuro bueno o apocalíptico. Los hijos no son futuro, de hecho se tienen conforme al abandono en la divina providencia, son criaturas de Dios, una bendición y un regalo de Dios al mundo, al matrimonio y a las familias, independientemente de si son ricas o pobres. NO son un bien de inversión ni nuevos soldados para un ejército numeroso, ni futuros contribuyentes de la Hacienda ladrona y de la más ladrona todavía inseguridad social o socialista, son criaturas de Dios, no futuros votantes o contribuyentes, son almas encarnadas para gloria de Dios, no de los políticos o de los empresarios o sindicalistas.
6- Los pobres de todos los tiempos y culturas han sido mucho más pródigos en cuanto a tener hijos. De hecho, de no ser por los pobres, la humanidad se hubiese extinguido hace siglos. Es la riqueza lo que destruye más el hecho de tener hijos. Quizá es que la riqueza vuelve a las personas más atentas a otros reclamos materiales dejando el amor de lado (aparte de generar bastardos). Quizá es porque la riqueza hace al hombre más ocioso, y el ocio es la puerta de entrada del pecado por el que satanás atrae a la perdición a más almas, haciéndolos menos fiables como cónyuges. También es claro que los ricos son mucho más materialistas y tratan a los demás como instrumentos de sus placeres y hedonismo (propios del enriquecimiento), convirtiéndose en decadentes, depravados e indeseables para formar un matrimonio y una familia para toda persona sensata (¿quién, en su sano juicio, quiere ser el capricho temporal del otro o de la otra?). El rico tiende a poseer (y a nadie le gusta la idea de ser «poseído»), el pobre tiende a compartir a acompañar. A Dios le agrada mucho más la humildad y la pobreza o desprendimiento, se puede ver a lo largo de la historia, mientras que castiga la depravación de los ricos (evidentemente no todos). Así pues, no es de extrañar que castigue a pueblos enteros por su infidelidad desnaturalizando lo que Él mismo estableció desde la Creación, el matrimonio. Es una tendencia histórica mayoritaria.
7- Tener hijos fuera del matrimonio es una ofensa a Dios que acarrea, por adulterio, condena eterna. Y así lo ha reflejado el Espíritu Santo por medio del apóstol San Pablo. No se debe tener hijos fuera del matrimonio cristiano. Hay que casarse consagrando el matrimonio a Dios en boda ante los altares. Otra cosa sería ofender a Dios que ha unido al hombre con la mujer, cometiendo adulterio. No todos los matrimonios agradan a Dios ni son de Dios. Ya nos lo advirtió la Santísima Virgen María por medio de la beata Jacinta de Fátima. No deben nacer niños fuera del matrimonio. La castidad por fidelidad conyugal ha de ser siempre la norma. Y si nacen hijos fuera del matrimonio, es necesario reparar el daño hecho a Dios para no atraer su justa cólera.
8- No es ese el problema, el de que se retrasa cada vez más la edad de ser madre. No. El problema tiene otras raíces:
a) Morales: no es de esperar que una mujer acepte como marido (recíprocamente) a un disoluto, pues de hacerlo, acabará siendo engañada con mucha probabilidad. La desconfianza crece con la reducción de hombres y mujeres a meros objetos transitorios de «relación». Por eso, hay muchos hombres y mujeres que son indeseables por el estilo de vida adúltero que llevan y por no querer cambiar arrepentidos a una vida cristiana, con humildad y no persistiendo en la soberbia. Los atentados contra la castidad antes y después del matrimonio hacen caer en picado la nupcialidad y la natalidad, aunque no se quiera reconocer por las filantrópicas asociaciones. Es así, se odie esta verdad o se trate de ocultar. La castidad. Esa es la clave de todo. Hay que hacer la castidad atractiva, especialmente a los más jóvenes, hacerles ver el matrimonio, la familia, la maternidad y la paternidad como una vocación tendente a la felicidad por dar gloria a Dios. Y la castidad exige fidelidad a Dios y vida de fe (sacramentos, meditación cristiana, etc.).
b) Materiales: en un mundo tan materialista como éste, en el que el dinero domina los corazones de cada vez más personas, así como todo lo que el dinero puede comprar (especialmente placeres), es sumamente difícil que hombres y mujeres jóvenes sirvan antes a Dios que a ese ídolo destructor de almas al que se sirve en lugar de servirse de él.
Además, las empresas de muchos ramos, instigan todo el consumismo que pueden y hacen campaña contra la frugalidad o mortificación, pues de otro modo se arruinarían (y dejarían de dar trabajo y «generar riqueza» como suelen decir, vamos, que no sale el sol si se van a la ruina, como si no se pudiese crear otras empresas que tanta falta hacen, otra economía más próspera y necesaria). No interesa que la gente sea modesta y mortificada en el consumir, sino que consuma mucho, que se encapriche por todo, cada vez más y que sea esclava de modas y materialismos de todo tipo para bien de la economía en su conjunto (de la demanda agregada). Ese estilo de economía choca con lo que debe ser un fiel a Cristo que tenga vocación de formar una familia con hijos.
Por tanto, una vez más, desenmascarar la farsa de la «conciliación» familia-trabajo. O se sirve a Dios (matrimonio, familia e hijos, opción sana física, mental y espiritualmente, con división de trabajo sana, marido ganando el pan, esposa administrándolo sin el «esto es mío y no tuyo», sino en casa todo es de todos, en casa, no fuera de ella), o se sirve al dinero (que aunque que se quiera ser padre o madre, se renunciará por el sueldo, la profesión, la carrera profesional y sus crecientes exigencias, preocupaciones, stress, apariencias, juicio profesional de otros, gustar al mundo, «qué dirán», jactancias y por la tendencia a ver los hijos como carga financiera y emocional).
Hoy, por desgracia, hasta los obispos son materialistas y mantienen el error que para tener hijos hay que tener riqueza para poder alimentar a la familia. Es como si todas las generaciones anteriores hubiesen sido unos insensatos y descerebrados al tener hijos estando sometidos a tantísimo dolor, sufrimiento, pobreza, miseria y muerte. Así no hay manera. O se cambian los corazones, o autodestrucción asegurada. Y olvídese todo el mundo del socialismo de robar a las familias pobres españolas con dos y tres hijos, para dar el dinero de ese robo impositivo a las familias musulmanas con cinco, seis, … hijos. No roben el pan del hijo para dárselo al perro.
DE ACUERDO TOTAL AL 150% A LA CONTESTACION DE HAKENKREUZ. MAGISTRAL