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Cien mil. Tal vez frisen los ciento veinte mil. Recojo, con pinzas, datos oficiales. En España, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo existen más de 440.000 comercios de cercanía. Las tiendas del barrio, las de toda la vida. De ellos, el 49,5% está constituido por autónomos y el 47,1% son microempresas de entre uno y diez asalariados. Tan solo el 3,4% restante son pymes de más de diez trabajadores.
Pretexto sanitario, «rediseño» económico
El desplome económico, absoluto. Estaríamos hablando del cierre de un 25% de negocios de proximidad antes de que concluya el año. Y en 2021 las perspectivas todavía más horrendas. No hay duda de que esta falsa pandemia de diseño tenía en la reconfiguración de la economía uno de sus ejes nucleares. Guerra psicológica con atroces consecuencias económicas y financieras. Todo ello «sostenido» bajo mendaces coartadas sanitarias.
El comercio de proximidad, devastado junto al turismo y la hostelería. Si ya antes de marzo la situación era mala, todo deviene catástrofe. El rollo de la digitalización, antesala del transhumanismo, primordial objetivo hasta febrero. Una «nueva» realidad para intentar mantener la viabilidad y hacer frente a la competencia del comercio online. Y de paso a otros retos como el precio de los alquileres, muy elevados en zonas céntricas de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Sevilla.
Todo se perderá como lágrimas en la lluvia
Luego, a mitad de marzo, llegó el secuestro domiciliario. Los comerciantes solicitaron créditos al Instituto de Crédito Oficial (ICO) u optaron por otras fórmulas de (re)financiación para poder resistir. Tras el fin de la tortura más intensa, los comercios más pequeños pudieron volver a abrir. Pero, caracoles qué «casualidad», se toparon con un dramático descenso de las ventas. No hay actividad, todo estaba a medio gas. De hecho, tras el estado de excepción (enmascarado de alarma), entre un 10 y un 15% de los comercios jamás volvieron a abrir. Chapados para siempre. Pena.
La peña, cagaleta perdida, no sale a comprar. Agreguen la inquietante incertidumbre ante el futuro, próximo y mediato. Ineludible corolario: reducción pavorosa de los gastos. Las tiendas de calzado y textil, bajo mínimos. Aguantan algo alimentación y hogar. Los bares, depende. Los menús del día, indicadores fiables. De cuarenta, en ciertos bares de Aluche, a escasos cinco. Los locales de nocturnos de ocio, falsos chivos expiatorios, camino de la quiebra. Y no olviden el abusivo precio de los alquileres. El turbador dato de que el 40% de los locales alquilados pertenecen a fondos buitre. Y la puntilla, el sanguinario Estado en cualquiera de sus formas. Los expoliadores impuestos, tanto municipales como estatales.
Tenebroso panorama. En fin.
Autor

- Nacido en Bilbao, vive en Madrid, tierra de todos los transterrados de España. Escaqueado de la existencia, el periodismo, amor de juventud, representa para él lo contrario a las hodiernas hordas de amanuenses poseídos por el miedo y la ideología. Amante, también, de disquisiciones teológicas y filosóficas diversas, pluma y la espada le sirven para mitigar, entre otros menesteres, dentro de lo que cabe, la gramsciana y apabullante hegemonía cultural de los socialismos liberticidas, de derechas y de izquierdas.
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