15/08/2026 04:44
  • La selección de Luis de la Fuente derrotó por 2-0 a Francia en una semifinal impecable, anuló por completo el potencial ofensivo de Kylian Mbappé y volverá a disputar una final mundialista dieciséis años después de conquistar Sudáfrica 2010.

Había quien presentaba esta semifinal como el gran duelo entre Lamine Yamal y Kylian Mbappé. Noventa minutos después, el verdadero titular fue otro: España no solo ganó a Francia, sino que la neutralizó. La selección de Luis de la Fuente ofreció una de sus actuaciones más completas del campeonato para imponerse por 2-0 al vigente subcampeón del mundo y clasificarse para la final del Mundial. Fue una victoria construida desde el orden, la inteligencia táctica y una madurez competitiva que convierte a la Roja en un serio aspirante al título.

Francia llegaba con el ataque más temido del torneo. Mbappé acumulaba ocho goles y tres asistencias, mientras Dembélé y Olise habían demostrado ser un quebradero de cabeza para cualquier defensa. Sin embargo, el plan español fue impecable desde el primer minuto. La presión coordinada impidió que los centrocampistas franceses encontraran líneas de pase hacia Mbappé, obligado durante toda la noche a recibir lejos del área y casi siempre de espaldas.

España asumió el control del balón desde el inicio. Rodri marcó el ritmo de la circulación, Pedri y Dani Olmo encontraron espacios entre líneas y los laterales empujaron constantemente al bloque francés hacia su propio campo. Francia apenas conseguía enlazar posesiones largas y cada recuperación española terminaba instalando el juego en terreno rival.

El dominio encontró recompensa en el minuto 22. Lamine Yamal atacó el área con decisión y Lucas Digne llegó tarde a la disputa, provocando un penalti muy protestado por los franceses. La decisión arbitral generó polémica, pero el colegiado mantuvo su criterio. Mikel Oyarzabal asumió la responsabilidad desde los once metros y batió a Mike Maignan para establecer el 1-0. España premiaba así un inicio mucho más ambicioso que el de su rival.

Lejos de reaccionar, Francia siguió encontrando enormes dificultades para superar la presión española. Cada intento de conectar con Mbappé terminaba con la anticipación de los centrales o con la ayuda permanente de Marc Cucurella, que firmó probablemente su actuación defensiva más completa del torneo. El delantero francés apenas pudo encarar en situaciones favorables y terminó frustrado por la falta de espacios.

Tras el descanso, Didier Deschamps trató de modificar el escenario adelantando líneas y buscando mayor profundidad por los costados. España respondió sin perder la calma. Lejos de refugiarse cerca de Unai Simón, mantuvo la personalidad con balón y siguió castigando cada pérdida francesa mediante rápidas combinaciones en campo contrario.

El golpe definitivo llegó en el minuto 58. Una excelente pared entre Dani Olmo y Pedro Porro desordenó completamente la defensa francesa. El lateral apareció desde segunda línea y definió con enorme precisión para colocar el 2-0. Más que un simple gol, fue la culminación de una acción colectiva que resumía perfectamente el fútbol desplegado por España durante toda la semifinal.

A partir de ese momento el encuentro adquirió un claro color español. Francia intentó reaccionar mediante los cambios, pero nunca encontró continuidad en su juego. La lesión de William Saliba debilitó todavía más a una defensa que ya sufría para contener la movilidad de los atacantes españoles, mientras Unai Simón respondió con seguridad en las pocas ocasiones en las que fue exigido.

El gran éxito táctico de Luis de la Fuente fue comprender dónde podía hacer daño Francia y cerrar precisamente esos espacios. Rodri protegió constantemente la espalda de los centrales, Pedri y Fabián ayudaron en las vigilancias y Cucurella recibió apoyos continuos para limitar las conducciones de Mbappé. El resultado fue demoledor: el delantero francés, máximo goleador del torneo antes de la semifinal, pasó prácticamente inadvertido y terminó el encuentro sin lograr marcar las diferencias que habían definido su Mundial.

La clasificación posee además un enorme valor histórico. España regresa a una final mundialista por primera vez desde 2010 y confirma la extraordinaria evolución del proyecto de Luis de la Fuente. Después de superar a Portugal, Bélgica y ahora Francia, la Roja ha eliminado de forma consecutiva a tres selecciones de máximo nivel, consolidando una identidad basada en la posesión, la presión coordinada y la solidez defensiva.

La noticia de la noche no fue únicamente el pase a la final. Fue comprobar que España consiguió lo que parecía más difícil: reducir al silencio a Mbappé y dominar a una de las selecciones más poderosas del planeta. En las grandes competiciones hay victorias que clasifican y otras que envían un mensaje al resto de aspirantes. La de Dallas pertenece claramente al segundo grupo. España no solo está en la final del Mundial. Ha demostrado que sabe competir, sufrir y mandar incluso frente a los rivales más temibles. Y esa es, probablemente, la mejor noticia posible antes de disputar el partido más importante del torneo.

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