15/08/2026 05:29
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Nada más producirse la matanza del 11-M, el hoy imputado por presuntos hechos delictivos de su oscura, también, etapa post presidencial José Luis Rodríguez Zapatero expresó en una entrevista que ETA había irrumpido en la campaña electoral. Días más tarde, aprovechando el sibilino «¿quién ha sido?», el siniestro Alfredo Pérez Rubalcaba que un demonio se llevó en volandas, manifestaba ante los medios que los ciudadanos merecían un gobierno que no les mintiera. ¿Descoordinación o caos del momento? En absoluto.

Se trataba de una estrategia muy oscura, perfectamente calculada, que ha continuado de forma implacable hasta nuestros días. El proceso de demolición nacional que hoy asfixia a España no es un accidente improvisado, sino la culminación de pactos ocultos cuyo origen penal e histórico arrastra la firma de Zapatero. Fue él quien abrió conscientemente las compuertas de las aguas salvajes del terrorismo para permitir que las siglas de ETA irrumpieran de lleno en la vida política nacional, dinamitando el marco constitucional desde sus cimientos.

El gran punto de inflexión de nuestra historia reciente, la terrible matanza del 11-M, adquiere una dimensión aún más oscura cuando se repara en el dato objetivo de que Zapatero ya se entrevistaba en secreto con la cúpula etarra dos años antes del atentado que cambió el destino de España.

Desde aquel instante, las analogías, complicidades y vasos comunicantes entre el Partido Socialista y el entorno filoterrorista no han hecho más que incrementarse y profanar las instituciones. Lo verdaderamente pavoroso es observar cómo el argumentario crudo de la banda criminal ha sido absorbido por completo por la política oficialista del sanchismo. Antes, cuando ETA asesinaba en las calles, justificaba el tiro en la nuca bajo la falacia de que sus víctimas eran «fascistas»; hoy, ese mismo bando y sus socios en el Gobierno utilizan exactamente la misma etiqueta sectaria para señalar, deshumanizar y perseguir a jueces, periodistas y ciudadanos libres que defienden la ley y la verdad.

Esta colonización del lenguaje no es, en absoluto, una casualidad biológica de la política; es la prueba de una asimilación ideológica total. Es revelador cómo el sanchismo ha adoptado de forma natural giros lingüísticos enteros acuñados originalmente en los zulos del terrorismo: el concepto de «hoja de ruta», que hoy repiten mecánicamente ministros y tertulianos en el vocabulario diario de los españoles, fue el fetiche semántico con el que la banda justificaba sus pasos hacia la ruptura.

Las analogías entre ETA y el Partido Socialista actual se consolidan tras el 11-M como el gran punto de inflexión donde se radicalizó y dinamitó la convivencia nacional, teniendo su estación final en aberraciones como la llamada Ley de Memoria Democrática.

Esta legislación infame es, palabra por palabra, el sueño largamente anhelado por los asesinos: la deslegitimación y anulación del proceso constitucional de 1978. Al dinamitar la Transición, no solo buscan blanquear y justificar de forma retroactiva décadas de horror bajo el pretexto de que aquel Estado era «heredero del franquismo», sino que el Partido Socialista logra su verdadero objetivo estratégico: marginar y criminalizar a la mitad de España para perpetuarse en el poder.

En este gran relato de la mentira que padecemos, la estrategia oficial del régimen nos ha enseñado perversamente a parcelar cada momento, cada atentado y cada capítulo, intentando diluir la gravedad del conjunto. Sin embargo, la realidad es que no existe ninguna parcela aislada; cada acontecimiento forma parte indisoluble de un eje troncal diseñado para ejecutar la voluntad de los terroristas. Zapatero negoció el futuro político y social de España con sanguinarios socios y el PSOE recogió el testigo de los más oscuros tratos con el demonio. Con cierta, burlesca y chulesca suficiencia se jactaba el entorno de Bildu en tribuna pública, complaciéndose de ostentar mayor influencia real sobre el Ejecutivo que toda la oposición junta.

Y cuánta razón encierra su cinismo: esa minoría criminal es la que hoy dirige de facto la existencia sociopolítica de una España absolutamente maniatada y pastoreada desde las propias estructuras internas del Estado.

Toda esta deriva, que hoy estalla ante los ojos del mundo como una evidencia criminal incontestable, no es nueva para quienes supimos anticiparla. Ya en las páginas de mi libro, La afilada navaja de Ockham II: Usar el sentido común ante la evidencia criminal, radiografié con precisión quirúrgica las premisas de este colapso moral e institucional, advirtiendo cómo la demolición del sentido común y la entrega de las estructuras del Estado a la amoralidad política nos conducirían inevitablemente a este escenario de capitulación.

El tiempo, ese juez supremo que no admite réplicas, me ha terminado dando la razón en absolutamente todo. Lo que desde el poder relatan cínicamente como una victoria contra el terrorismo fue, en realidad, una alianza. El lenguaje del terror ha colonizado el boletín oficial del Estado, demostrando que la impunidad pactada entonces en los despachos es la matriz de la tiranía que padecemos hoy, donde se coloca en el punto de mira ideológico a todos aquellos ciudadanos dignos que se niegan a aceptar la destrucción de España.

Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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