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Con Franco se hablaba mejor el gallego, pues se pronunciaba mucho más que ahora. Sin duda alguna. Podrán los aprendices de tiranos multarnos, encarcelarnos y hasta quemar nuestros escritos para imponer sus mentiras y falsedades. Da igual, lo expuesto es una verdad incontestable.
No es que el régimen de Franco pretendiera favorecer la lengua gallega –que sí lo hizo- sino que le preocupaban otras cosas más interesantes para la economía y la sociedad galaicas, como las cooperativas, los accesos a Galicia, la pesca, la ganadería o, mismamente, el derecho peculiar de Galicia. No obstante, el régimen del Caudillo disponía a su favor de algo de lo que carece actualmente la sociedad gallega, en lo que respecta al desarrollo y conservación de su lengua vernácula: el vivir la población en las aldeas y pueblos galaicos, la poca comunicación con el exterior y la ausencia de la televisión. Todo ello favorecía la conservación de la lengua nativa en Galicia. Esto ya fue expuesto por Celso Emilio Ferreiro en los años setenta, pese a su antifranquismo… bueno a partir de la derrota de Alemania en 1945, que todo hay que decirlo…
No hace falta estadísticas ni estudios precisos para certificar lo que acabo de referir, cuando en los pueblos gallegos actuales se habla ahora más el castellano que hace cincuenta años. Bastaría solo con entender las consideraciones que, sin solución de continuidad, paso a detallar.
Cuando estalla el Movimiento Nacional, la mayoría de falangistas y soldados gallegos (que eran miles de almas) se comunicaban en la lengua regional, hasta el punto que el Ejército de Galicia tenía como lema la siguiente frase galaica: Quen me de un pau doulle un peso (traducido: quien me dé un palo, le doy un duro…). Las fotografías que se conservan de estos soldados en algún espectáculo taurino en el Mediterráneo bien lo acreditan. Como anécdota, he de decir que los evadidos republicanos se guiaban en su huida hacia la zona nacional por las conversaciones de los soldados gallegos que se hallaban en el frente. Y lo mismo les sucedió a los náufragos del crucero Baleares cuando cayeron al mar… Incluso, el mismo Franco, empleó el gallego para conversar con Oliveira Salazar a fin de que Serrano Suñer no pudiera enterarse del contenido de lo tratado entre estas dos personalidades ibéricas… Ni siquiera me entretengo en comentar, los premios locales que otorgaban los jerarcas del Movimiento por las redacciones y escritos en gallego durante los años cincuenta. Y por qué no recordar el Premio Nacional de Literatura, para poesía gallega denominada “Rosalía de Castro”, organizado y costeado por Ministerio de Información y Turismo en los años sesenta…
La persecución del gallego no existió en la época de Franco, que no digan estupideces. Cosa distinta fue la represión en la contienda de determinados dirigentes políticos del Frente Popular que escribían en gallego, lo que no dejaba de ser una afición más, como si un socialista revolucionario fuera recolector de mariposas. No se les perseguía por cómo hablaban sino por lo que decían o lo que hacían…Menos falsedades, que ya sobran sobre el régimen de Franco: que si el fascismo de la Falange, que si la malignidad de los tribunales militares, que si la temible dictadura y así ad infinutum.
Si se duda, que presten atención a mi propia experiencia personal. Nacido en Pontevedra en 1962, todos mis apellidos son gallegos: Piñeiro, Maceiras, Fariña, Búa, etc. Mi lengua materna fue el gallego, antes que el castellano y, a pesar de abandonar las tierras galaicas en mi niñez, siempre conservé la lengua gallega como un tesoro sentimental; hasta cuando llegué incluso a la Universidad de Madrid. Y nunca me sentí perseguido ni discriminado por ello, exceptuando cuando hace unos pocos años visité Allariz, la localidad orensana donde fue criado el rey Alfonso X el Sabio, personaje histórico totalmente olvidado por los nuevos tiranos lingüísticos, que han convertido la bella villa orensana en un parque temático del separatismo de ideología marca Galeusca: lengua regional normalizada, historia regional normalizada, satrapía regional también normalizada… Y es que las lenguas y costumbres regionales no son señales identificativas de separatismos, en absoluto, pero sí un instrumento empleado torticeramente por los separatistas abyectos para dividir la sociedad y apoderarse de ella.
Y cuando esto ocurre, estando en el poder un partido político que se proclama europeísta, como el PSOE, pero, que en vez de mirar hacia adelante, está obsesionado con su pasado, pretendiendo ganar una guerra que terminó hace la friolera de 83 años; en la que sus antepasados tiñeron de luto, pobreza y ruina todo el solar patrio que dominaron, muy mal tienen que ir las cosas para nuestra querida y maltrecha España. Un partido que en vez de mirar, por ejemplo, hacia el Reino Unido o su partido laboralista prefiere girar la vista hacia Largo Caballero, Indalecio Prieto o el doctor Negrín, unos políticos impresentables por fanáticos, avariciosos y soberbios…Y ahora están decididos a que no hablemos de nuestro pasado reciente, como no sea para denigrarlo. Pues bien ¿cómo los hombres de mi generación, que empezamos a jugar con los cromos de los Amancio, los Gento, los Rexach, los Sadurní, los Calleja o los Garate, vamos a consentir tal canallada? ¿Cómo quienes empezamos a soñar con los tebeos del Roberto Alcázar, el Capitán Trueno o el Jabato vamos a proscribir nuestras propias vivencias? ¿Cómo los que nos imaginábamos que estábamos coronando las montañas alpinas y dolomíticas, junto con los Ocaña, los Fuente o los Galdós, no vamos a hablar bien del deporte del franquismo? ¿Cómo no recordar a un Félix Rodríguez de la Fuente ni a un Kiko Ledgard cuando tanto nos instruyeron o entretuvieron?¿Cómo los que nos divertimos en aquellas playas de los años sesenta y setenta, cantando las canciones de los Bravos, los Brincos, los Diablos, etc., nos vamos a callar ahora? Yo fui feliz, bastante feliz, en aquella época y mi familia no procedía de la Falange ni del Requeté sino del republicanismo y el sindicalismo de la CNT. Ustedes no pueden serlo, por mucho poder y riqueza que detenten, pues ustedes, vengan de donde vengan, están demasiado infectados por el odio y el sectarismo.
Ustedes son demasiados estúpidos para gobernar con templanza y seriedad. Ustedes tendrían que haber seguido en el mitin y por qué no en las checas modernas de las terminales mediáticas, envenenando las mentes de los buenos españoles, atontándolos y convirtiéndolos en siervos. Pues se necesita ser estúpido para creer esas patochadas sobre la guerra civil, permitiendo al unísono una tiranía de facto sobre las conciencias y las libertades de los ciudadanos.
Los buenos políticos, como los hombres honrados, se miden por sus actos; y la ley que quieren aprobar va a significar el acta de defunción de nuestra democracia. No aprenden de lo que es una sociedad democrática como la anglosajona, aunque se saquen fotografías como entusiastas turistas en las calles neoyorkinas de Manhattan. Estudien sus instituciones ¡caray! y sepan lo que significa dimitir como ha hecho el primer ministro británico. Serán menos estúpidos; y si no quieren, al menos déjennos ser libres, pues estúpidos también eran Calígula y Nerón.
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