Es un axioma incontestable que el catolicismo se fundamenta en el amor, en su doble vertiente de amar a Dios y amar al prójimo, pero fue el nefasto Bergoglio el que patentó la afirmación de que someterse a las políticas de la satánica Agenda 2030 era hacer «un acto de amor», ejemplificada cum laude en la invitación urbi et orbe de que había que pincharse para mostrar amor a nuestros semejantes.
Prevost, mano derecha de Bergoglio, su exayudante más excelso, también llegó a decir eso, aunque con otras palabras, pero ahora ha extendido los actos amorosos a más ámbitos globalistas, tal es su insistencia en que hay que acoger a todos los inmigrantes, porque esa acogida viene a ser otro «acto de amor». Ése es el motivo principal de su visita a España, paraíso multicultural de acogida universal a todos los inmigrantes, aunque la intención del perverso Sánchez no sea practicar actos de amor de caridad cristiana, sino destruir la identidad de la nación española, proporcionar mano de obra esclava al IBEX, y conseguir votantes.
Prevost también es sospechoso de haber aparecido en una imagen donde sacerdotes conspicuos estaban con la Pachamama, y seguro protagonista de la escena esperpénticamente globalista, obscena y blasfema, donde se le ve bendecir un bloque de hielo.
Con su venida a nuestra Patria, Prevost podría estar contribuyendo, a ojos de sus críticos, a suavizar la imagen pública de Sánchez, furibundo anticatólico, terminator de cruces y valles, abortista y eutanasiador, legalizador de la blasfemia, sociata ectoplasmático de los milicianos del 36 que perpetraron el Terror Rojo.
Y ese blanqueo llega hasta tal punto de obscenidad, que el Vaticano ha presentado ante la prensa mundial una hagiografía de Sánchez donde le adulan como «defensor de los derechos sociales», por aquello de que con su política de abrir las fronteras a todos los inmigrantes está practicando, como decía Bergoglio, «el desafío evangélico de la acogida».
Ese desafío, sin embargo, no se cumple de ninguna manera en la Ciudad del Vaticano, que tiene la ley de inmigración más estricta de Europa, hasta el punto de que los únicos inmigrantes vaticanos son los que se ven en el monumento inaugurada por Bergoglio el 29 de septiembre de 2019, con motivo de la 105ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Insultante ese monumento, cuando hay en el mundo tantísimos cristianos masacrados, cuando el genocidio de tantos católicos mártires es el hecho determinante de la historia de la Iglesia.
El Vaticano esgrime también el argumento bíblico que dice que no hay que olvidar la hospitalidad, «pues por ella algunos albergaron ángeles sin saberlo» (Hebreos 13, 2). Hermosa afirmación, pero que también tiene una contraparte, pues el Vatika está albergando a Sánchez, y, con él, a toda una legión de cristianófobos, de verdugos, de milicianos, con la diferencia de que la secta vatikana los está albergando sabiendo muy bien quiénes son, y lo que están haciendo.
Pero, ¿qué se puede esperar de un Vatikano que ha albergado toda una legión de seres de dudosa condición? ¿Qué queda cuando Roma perece?: Cuando Roma cae, cae el mundo (Virgilio. Byron).
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Autor
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LAUREANO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO es licenciado en Historia Contemporánea/ Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid.
Profesor de Historia jubilado, en el transcurso de su vida docente se especializó en la defensa de los derechos humanos y los valores cristianos. Su vocación como escritor es la defensa de la VERDAD frente a las mentiras de la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial.
Es autor de 38 libros, muchos de temática católica. Sus obras más recientes tratan sobre la historia de España y la Agenda 2030: EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, LA DICTADURA EN TIEMPOS DEL VIRUS: ACABA LA VIDA Y EMPIEZA LA SUPERVIVENCIA, CLIMODEMIA: EL HIMALAYA DE MENTIRAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO, y BABILONIA 2.O: EL MUNDO DE LA BESTIA





Absolutamente de acuerdo con el artículo. Esas verdades no se ven negro sobre blanco en el 99.9% de los diarios digitales. Enhorabuena.
Estar contra el Papa es estar contra la Iglesia.
«Estar contra Cristo, contra la Tradición y el Magisterio milenario es estar contra la Iglesia. La Iglesia pertenece a Cristo, no al Papa», responde el autor del texto, Laureano Benítez.