06/10/2026 23:21
  • El expresidente sitúa las elecciones del 29 de noviembre como las más trascendentales desde la Transición y acusa a Sánchez y a sus aliados de querer convertirlas en un proceso de «carácter prácticamente constituyente»

José María Aznar ha puesto sobre la mesa la pregunta que, a su juicio, debería presidir la campaña electoral: qué modelo de España saldrá de las urnas el próximo 29 de noviembre. El expresidente del Gobierno considera que estos comicios no deben interpretarse como una alternancia ordinaria entre partidos, sino como una decisión de fondo sobre la arquitectura constitucional del país.

Durante su intervención este lunes en Sevilla, en el marco de la XI edición del ciclo Letras en Sevilla, Aznar calificó las elecciones como «las más importantes desde la Transición» y sostuvo que Pedro Sánchez y sus aliados pretenden otorgarles un «carácter prácticamente constituyente».

Su advertencia fue inequívoca. En caso de que la actual coalición consiga volver a formar Gobierno, afirmó, «el sistema constitucional, la unidad y la monarquía parlamentaria que hemos conocido hasta ahora se terminan». Para Aznar, la defensa de la denominada plurinacionalidad supone cuestionar el principio de unidad de España consagrado en la Constitución.

El antiguo presidente popular vinculó además ese eventual proceso de transformación institucional con el futuro de la Corona. Preguntado por Juanma Lamet sobre si el desenlace podría ser una República, respondió: «Absolutamente, eso no se oculta». En su razonamiento, la revisión profunda del actual sistema constitucional terminaría afectando al papel de la Monarquía parlamentaria.

Aznar pidió, por ello, que el elector sea consciente de la trascendencia que atribuye a su voto. «El ciudadano español tiene que saber que va a votar sobre eso», sostuvo.

Del desgaste parlamentario al debate sobre el sistema

Las advertencias del expresidente llegan inmediatamente después del final anticipado de una legislatura que Sánchez había aspirado a prolongar hasta 2027. El presidente del Gobierno ha convocado elecciones para el 29 de noviembre después de que el Congreso rechazara los dos decretos de vivienda de su Ejecutivo, en una nueva demostración de la dificultad del Gobierno para reunir apoyos estables. El BOE ha formalizado este martes la disolución de las Cortes y la convocatoria electoral.

En este contexto, el discurso de Aznar coloca el fracaso parlamentario de la legislatura dentro de un debate mucho más amplio: no solo quién ocupará La Moncloa, sino qué proyecto político tendrá capacidad para hacerlo y con qué apoyos.

La ruptura con Junts ha sido determinante para precipitar el adelanto. La formación independentista rechazó los decretos de vivienda y dejó al Ejecutivo sin margen suficiente para sacarlos adelante, contribuyendo a evidenciar la fragilidad de la mayoría sobre la que se ha sostenido Sánchez.

Para Aznar, el problema no es únicamente aritmético. Su diagnóstico es que la fórmula política construida por Sánchez con sus socios puede acabar teniendo consecuencias sobre el propio modelo de Estado.

La «ley de nietos», en el punto de mira

El expresidente también dirigió sus críticas contra la legislación que permite a determinados descendientes de españoles en el exilio acceder a la nacionalidad, conocida popularmente como «ley de nietos».

Aznar cuestionó especialmente que puedan adquirir el derecho de voto personas que nunca han residido o incluso pisado España. A partir de ahí formuló una acusación política, a su juicio, muy realista: que la ampliación del electorado puede utilizarse para «alterar el censo electoral» y obtener determinadas ventajas.

«Yo no conozco ningún sitio del mundo donde a un bisnieto de un señor que se fue de España no solo se le da la nacionalidad, sino que se le da derecho a voto», afirmó. Y remató: «Eso se llama alterar el censo electoral».

No presentó esta acusación como un hecho judicialmente acreditado, sino como una denuncia política y una advertencia sobre el sistema electoral. Su conclusión fue igualmente contundente: quien, según su interpretación, ha demostrado capacidad para modificar las reglas en su propio partido también podría hacerlo «en la casa de todos».

Contra el intervencionismo en la vivienda

La vivienda ocupó también buena parte de sus críticas. Aznar se mostró frontalmente contrario a la política de intervención del mercado del alquiler defendida por el Gobierno y sostuvo que el problema de los precios no se resolverá reduciendo el margen de los propietarios.

Su propuesta pasa por aumentar la oferta de suelo y construir más vivienda, incluida vivienda social. El exjefe del Ejecutivo advirtió de que si las medidas públicas hacen que los propietarios perciban un mayor riesgo o menores incentivos para alquilar, la consecuencia puede ser una reducción de la oferta y, por tanto, un incremento de los precios.

La intervención de Aznar se produce precisamente después de que el Congreso tumbara los dos decretos de vivienda del Gobierno, una derrota que terminó precipitando la convocatoria electoral.

Una huelga «contra la oposición»

El expresidente también arremetió contra la huelga general anunciada por UGT y Comisiones Obreras en plena crisis de acceso a la vivienda. Su crítica se centró en el destinatario de la protesta.

«Hoy lo que nos faltaba por ver en España es una huelga general contra la oposición», afirmó Aznar, que calificó la movilización de «políticamente delirante».

Los sindicatos han anunciado el paro para este otoño en protesta por la situación de la vivienda y por las condiciones económicas que dificultan el acceso a ella.

Aznar reclama un PP con margen para gobernar

La última parte de su intervención estuvo dedicada al escenario que puede abrirse después del 29-N. Aznar defendió que el PP debe aspirar a liderar una «profunda agenda de reconstrucción nacional» y atribuyó a Vox un papel complementario dentro de una eventual mayoría alternativa.

Para ilustrarlo, estableció una diferencia entre dos escenarios hipotéticos: un PP con 140 diputados y Vox con 60, frente a otro con 165 para el PP y 35 para Vox. A su juicio, la segunda combinación ofrecería una capacidad de maniobra mayor para afrontar los problemas del país.

El argumento de fondo es evidente: no basta con sumar escaños. También importa quién lidera la mayoría y con qué margen puede ejercer el Gobierno su programa.

Las elecciones del 29 de noviembre llegan así con un debate que va mucho más allá de la mera sustitución de un presidente por otro. Aznar ha decidido colocar en el centro de la campaña la Constitución, la unidad nacional y la continuidad de la Monarquía parlamentaria.

La respuesta corresponderá a las urnas.

Pero el mensaje lanzado desde Sevilla ha dejado definido el terreno sobre el que el expresidente quiere que se libre la campaña: no solo está en juego quién gobierna España, sino qué España se pretende gobernar.

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