15/08/2026 05:22
  • Egipto e Italia promueven un corredor logístico mixto que combina barco y carretera para sortear el riesgo en el Golfo y contener el encarecimiento del transporte.

La inestabilidad creciente en el estrecho de Ormuz está obligando a reordenar el mapa del comercio internacional. Ante el impacto del conflicto entre Irán y Estados Unidos sobre este paso estratégico, Europa, en coordinación con Egipto e Italia, ha empezado a respaldar una alternativa logística que permita evitar esta zona crítica. La bajada del tráfico marítimo y el fuerte aumento del coste de los seguros han convertido la ruta tradicional en una opción cada vez menos viable.

La consecuencia ha sido una caída notable del paso de buques y un encarecimiento general del transporte. Las primas por riesgo de guerra, que antes eran residuales, se han disparado hasta multiplicarse varias veces, lo que ha llevado a muchas compañías a rediseñar sus itinerarios e incluso, en algunos casos, a recurrir al avión para determinados envíos urgentes.

En este contexto cobra fuerza el «corredor Ro-Ro», una solución intermodal que combina transporte marítimo y terrestre para enlazar Europa con el Golfo sin necesidad de atravesar Ormuz. La conexión parte del puerto egipcio de Damietta y llega a Trieste, en Italia, desde donde la mercancía continúa por carretera hasta el mar Rojo para seguir viaje hacia destinos como Emiratos Árabes Unidos, Omán o Catar.

Egipto gana peso en la ecuación

Este sistema permite acortar plazos y, al mismo tiempo, reducir la exposición a los riesgos derivados de la tensión geopolítica. Desde su lanzamiento a finales de 2024, la ruta ha despertado un interés creciente entre los exportadores, sobre todo en sectores donde el tiempo de entrega es decisivo. Con una capacidad estimada de unas 420 unidades semanales, el proyecto empieza a consolidarse como una opción con recorrido.

El respaldo político también resulta clave. El primer ministro egipcio, Mostafa Madbouly, ha defendido esta iniciativa como parte de una estrategia para convertir a su país en un gran eje logístico entre Europa, África y Oriente Medio.
Aun así, no es la única vía que se estudia. Otros países están recurriendo a oleoductos y a rutas alternativas para eludir Ormuz. Pero muchas de estas soluciones tienen límites de capacidad, son más costosas o siguen expuestas a riesgos similares, por lo que no terminan de ofrecer una respuesta completa.

Egipto, en todo caso, intenta sacar partido de la crisis. Aunque la caída de ingresos del canal de Suez golpea a su economía, el país ve en esta situación una oportunidad para reforzar su papel en el comercio global. La «vía Ro-Ro» responde a una urgencia inmediata, pero también podría acabar convirtiéndose en una solución estructural.

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