15/08/2026 05:31

Muchos alumnos usan la inteligencia artificial para sortear un sistema que les hizo dudar de sus propias capacidades.

En lugar de etiquetar a quienes emplean IA como vagos o deshonestos, conviene preguntarse qué los empuja a ello. Relatos de estudiantes que se consideran “malos escritores” muestran cómo un modelo educativo que penaliza el error y despliega poca pedagogía creativa alimenta la dependencia de herramientas automáticas.

La propuesta no es romantizar la tecnología, sino replantear la enseñanza de la escritura: entenderla como una destreza que se adquiere mediante práctica y retroalimentación constante, no como un don innato. Programas como la llamada “Fórmula del Esfuerzo” promueven la constancia y el entrenamiento progresivo para reducir la inseguridad del alumnado.

Más que prohibir el uso de la IA en las aulas, conviene investigar las razones detrás de su uso y abordar las raíces —emocionales y formativas— que llevan a los estudiantes a delegar sus tareas en algoritmos. Cambiar la evaluación, acompañar los procesos de creación y ofrecer apoyo real al desarrollo de la expresión escrita son pasos necesarios para que la IA deje de ser un parche y se convierta en una herramienta educativa bien integrada.

USO DE LA IA EN LA EDUCACIÓN
Pregúntales a los estudiantes por qué usan IA.

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El Cyborg
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