15/08/2026 05:05

«Antifascismo es terrorismo», no lo digo yo, lo dicen las siglas del grupo terrorista comunista GRAPO (Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), los también comunistas FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriota), o el terrorismo internacional ácrata, con células terroristas en muchos países, que tienen por estandarte la bandera antifascista; la ETA también ha hecho gala de antifascismo en sus comunicados al igual que todos los grupos terroristas de signo separatista o rojo, con lo cual esos terroristas también se han definido como antifascistas.

Pero me voy a centrar en los antifascistas de corte libertario, cuyos militantes y simpatizantes no condenan los ataques terroristas cometidos por organizaciones antifas, al igual que «Herri Batasuna» y sus posteriores marcas no condenaban los atentados de la ETA; lo cual les convierte en autores morales, cuando no materiales, de ésos crímenes. Por todo ello, no pocos individuos antifascistas son unos sujetos potencialmente peligrosos de formar parte de un grupo terrorista de cariz anarquista.

Son innumerables los ataques de organizaciones terroristas antifascistas en todo el orbe con resultados de muerte, heridos, daños y estragos, la última víctima mortal el patriota francés Quentin. Nosotros, en nuestra guerra de liberación, ya sufrimos en la retaguardia el terror libertario, también algunos de esos terroristas intentaron perturbar la paz en la época de Franco, pero fueron fácilmente desarticulados por la Fuerza Pública. Que se sepa la última víctima en nuestra patria de esos terroristas fue Víctor Laínez, siendo su asesino reincidente, ya que previamente dejo parapléjico a un agente de la «Guardia Urbana de Barcelona».

El gobierno de Trump ha calificado a las turbas antifascistas de terroristas, más vale tarde que nunca, a ver si ahora esos terroristas son reprimidos de una vez, pero lo dudo, ya saldrá algún juez estrella demócrata o republicano despechado en auxilio de los terroristas.

Se nos oculta en los medios de comunicación la actividad terrorista antifascista en varios países de Europa, sobre todo en forma de sabotajes, trascendiendo tan sólo por su magnitud el sufrido en enero de este año en Berlín con el resultado de un apagón que dejó en pleno invierno a una parte importante de la población desprotegida del frío.

El antifascismo además de terrorista, son los que pusieron de moda la usurpación de inmuebles con la excusa del lema «Derecho a techo» (los mal denominados «okupas»), el consumo de drogas y sexo pervertido fomentado por sus ligas antiprohibicionistas, así como otros delitos menores. Destacar, que esa red internacional de inmuebles usurpados (okupados, según ellos), han servido en muchas ocasiones como «Cheka» para preparar crímenes, así como de madriguera para cobijar criminales antifas.

Mal está que exista el terrorismo antifascista, pero peor es que el Estado no ponga empeño en su persecución, y las escasas e inútiles leyes del código penal son casi siempre interpretadas por fiscales y jueces no tan contundentes como debieran.

En definitiva, tal como está el panorama legislativo, tendremos por tiempo que soportar a estos terroristas campando por las calles, su sistema, ya se ha visto, ya se encargará de su protección, al igual que ha protegido a todos los criminales de todo tipo.

Gracias, régimen del 78.

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Carlota Sales
Carlota Sales
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