14/05/2024 07:15
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José María Zavala es periodista, historiador, cineasta y autor de referencia de la divulgación histórica en España. Miembro de la Real Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, es Caballero de la Orden de Calatrava La Vieja y está en posesión de la Cruz de Plata con distintivo rojo.

Colabora en el diario La Razón y con Iker Jiménez en Cuarto Milenio. Resultado de sus investigaciones en los archivos y en la documentación de la Casa de Borbón, ha publicado libros tan importantes como Dos infantes y un destino, La maldición de los Borbones, Bastardos y Borbones o Infantas. Otras de sus obras de referencia son: El Santo, la biografía del Padre Pío, El secreto mejor guardado de Fátima o Medjugorje, que han merecido numerosas reimpresiones.

Ha dirigido y escrito seis películas estrenadas con gran éxito en más de veinte países: El misterio del Padre Pío (2018), Renacidos (2019), Wojtyla. La investigación (2020), Amanece en Calcuta (2021), El Cielo no puede esperar (2023) y El latido del Cielo (2023).

Le entrevistamos sobre su reciente libro Últimas noticias de Jesús, del que la editorial Espasa ha lanzado ya la segunda edición y el libro está ya entre los más vendidos en Amazon, El Corte Inglés y la Casa del Libro.

¿Por qué era necesario que hoy en el siglo XXI tengamos nuevas noticias de Jesús?
Aunque parezca mentira, Jesús de Nazaret sigue siendo hoy, 2023 años después, un gran desconocido. Y sin embargo, es el personaje más relevante de la Historia, tanto si se cree en él como hombre de carne y hueso, como si se le considera también Dios. El libro que acabo de publicar está dirigido así a todos los públicos. Cualquiera que quiera conocer la verdad sobre Jesús de Nazaret puede leerlo sin prejuicios y con un anhelo sincero de conocer la verdad histórica a la luz de los últimos descubrimientos arqueológicos que resultan sorprendentes.

¿Por qué usted considera que se equivocan grandemente los que piensan que la historia no es tan importante como la teología a la hora de abordar la majestuosa figura de Jesús de Nazaret?

La fe y la ciencia deben ir juntas de la mano por la sencilla razón de que se complementan. El caso de Jesús de Nazaret es paradigmático. Gracias a la arqueología conocemos las pruebas fehacientes de que Poncio Pilato o el sumo sacerdote Caifás existieron, lo cual ratifica a su vez la veracidad de los Evangelios y refuerza si cabe aún más la historicidad de Jesús. Por desgracia, durante demasiado tiempo –hasta el último tercio del siglo XVIII nada menos- no se había abordado la crítica bíblica. Fue Reimarus, catedrático alemán de lenguas orientales, el pionero de la crítica bíblica.

Incluso para saber más detalles de nuestro Salvador también es importante servirnos de otras ciencias como la arqueología. ¿Cuáles han sido los últimos hallazgos al respecto?

En Getsemaní (en hebreo Gat shemanim, “prensa de aceite” o “almazara”), un pequeño huerto situado en el valle del Cedrón, al este de Jerusalén, brotó de las mismas entrañas de la tierra en diciembre de 2020 una miqweh, es decir, uno de los escasísimos baños rituales judíos datados en el siglo primero.

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Se trata de una especie de piscina escalonada y recubierta con una gruesa capa de estuco para evitar la permeabilidad, dotada de una conducción especial para recoger el agua procedente de la lluvia, del manantial o de las escorrentías. Los peldaños de la miqweh permiten bajar hasta el fondo mismo de la piscina. El judío devoto que elaboraba el aceite o el vino debía ser kosher, es decir, puro según la ley, razón por la cual se preparaba tomando un baño ritual en una pileta especial. Era imprescindible, pues, ser pulcro y escrupuloso hasta el extremo dado que desde sus comienzos este “oro líquido” se empleaba en ceremonias o ritos religiosos.

¿Qué es el llamado Esqueleto 4926 y qué relación tiene con Jesús?

Nadie conoce hoy su nombre auténtico. Ni tan siquiera los arqueólogos que lo hallaron en noviembre de 2017 sepultado entre otros cuarenta y cuatro cuerpos, cinco de los cuales eran de niños. Decidieron llamarle “Esqueleto 4926”, como se hubiera hecho con cualquier forzado en un campo de concentración o en una cárcel de máxima seguridad. Bastó con un simple número para identificar a ese cuerpo anónimo rescatado de las profundidades de la tierra en la localidad británica de Fenstanton, en el Condado de Cambridgeshire, a unos ciento veinte kilómetros al norte de Londres. Lo primero que llamó poderosamente la atención de los arqueólogos rodeados de microscopios, pipetas y destiladores, una vez que lavaron todos y cada uno de los vestigios humanos mezclados con las diversas capas de tierra, fue que aquel individuo desconocido hubiese permanecido enterrado durante diecisiete siglos con el fragmento de un clavo de hierro de cinco centímetros de largo, remachado de forma horizontal en el calcáneo de su talón derecho, a imagen y semejanza de Jesús.

¿Qué nos puede decir del Osario de Caifás?

El nombre de Caifás, cuyo significado etimológico es el de “roca” o “depresión”, era el sumo sacerdote cuando Jesús de Nazaret fue juzgado, condenado y crucificado. Lo sabíamos ya por los evangelios sinópticos, pero debieron transcurrir casi dos mil años para que un grupo de arqueólogos israelíes, dirigido por Zvi Greenhut y asesorado por el antropólogo Joe Zias, hallasen la prueba fehaciente de su existencia histórica más allá de la fe.

Quedó acreditado así, desde el punto de vista de la ciencia, que Caifás, yerno de Anás por estar desposado con la hija de éste y líder del complot para arrestar y ejecutar a Jesús de Nazaret, no era un invento ni una fábula de cuatro evangelistas fanáticos seguidores de Cristo, sino un personaje de carne y hueso tan real como la vida misma. Llamó poderosamente la atención de los científicos el nombre en arameo Caiapha. Era la primera vez que aparecía en un osario o en cualquiera otra inscripción del siglo primero. Y por si fuera poco, había sido grabado tres veces en la tumba, en dos de las cuales se especificaba la identidad de Yehosef bar Caiapha (José hijo de Caifás), el sumo sacerdote citado por el historiador Flavio Josefo como “José Caifás” y a quienes los evangelistas denominan “Caifás” a secas.

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¿Ha habido algún nuevo descubrimiento con relación a la corona de espinas y los lienzos que envolvieron el cuerpo de Nuestro Señor?

La arqueología no se detiene ante nada. Dentro de unos días, por ejemplo, se celebrará un congreso decisivo sobre el Santo Sudario de Oviedo durante el cual se darán a conocer las últimas pruebas matemáticas según las cuales el medio centenar de heridas que Jesús recibió en la cabeza durante su Pasión coinciden al milímetro en el Santo Sudario de Oviedo y en la Sábana Santa de Turín. La prueba fehaciente de que ambos lienzos de lino estuvieron en el mismo cuerpo de Jesús.

¿Cómo le ha ayudado a usted personalmente haber hecho este minucioso trabajo de investigación y cómo puede ayudar a los lectores?

Me ha ayudado, antes de nada, a investigar y aprender algunas cuestiones sobre el Jesús histórico que ignoraba. Conocía a Jesús sobre todo a través de la fe, pero ahora he quedado anonadado al comprobar también con hechos científicos que el relato evangélico es fiel a la Historia. Si yo mismo desconocía muchas de estas cuestiones siendo católico practicante, cuántas más personas habrá, católicas y no católicas, a quienes les suenen a chino. De ahí la importancia de leer este libro, como señalaba Jorge Manuel Rodríguez Almenar, presidente del Centro Español de Sindonología y uno de los mayores expertos del mundo en la Sábana Santa y en el Santo Grial.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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J. Mª Zavala tiene muy buenos libros publicados, como por ejemplo el de los últimos días de la guerra civil, con mucha documentación y pruebas, un libro excelente que deja bien a las claras que uno y otro bando eran abismalmente diferentes sin que por ello la naturaleza humana de unos y otros no estuviese libre de pecado. Simplemente unos estaban por Cristo y otros contra Él, aunque para los historiadores esto no cuenta.

No obstante, Zavala peca de excesivo sensacionalismo en otros muchos libros, como por ejemplo, el del reloj del Apocalipsis. Un examen y meditación de la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo según el Evangelio de San Mateo, capítulo 24, nos habla de la Escatología, solo que no es un papa, cardenal, obispo o teólogo, sino el mismo Señor el que nos revela cómo serán los últimos tiempos. Muchos han afirmado que los versículos vienen entremezclados con la explicación de lo ya acaecido en Jerusalén en el año 70, su cerco y destrucción por parte de los romanos con Tito al mando. No obstante, el Señor, nos urge a la conversión, a que estemos vigilantes, porque no sabemos ni el día ni la hora en que vendrá el Señor a juzgar a vivos y muertos. No obstante, el Señor afirma que aquel día llegará cuando menos lo esperemos (esto no se da en nuestros días, donde el apocalipticismo es generalizado), como el ladrón en la noche. Por eso el Señor se expresa en términos de urgencia a que no seamos negligentes en la vida de fe, que estemos preparados siempre, que velemos, que no nos aletarguemos, no vaya a ser que el Señor nos sorprenda en un estado que no sea el de Gracia. Las únicas señales que el Señor nos revela, y que coincide con lo que reveló a Santa Faustina Kowalska en los años treinta del siglo pasado, es que habrá oscuridad (el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor y las estrellas serán sacudidas del cielo) y que veremos la señal de la cruz venir del cielo, que será un acontecimiento inequívoco, que será como el relámpago que brilla de oriente a occidente, que nadie tendrá en ese momento duda alguna de que es el Señor que viene en su Segunda Venida a juzgar al mundo. No obstante, aparte de la gran tribulación (cual no la hubo en el mundo antes, ni la volverá a haber), pocas otras cosas podemos encontrar como similitud a la situación actual.

Los tiempos de Dios no son los nuestros. Quizá la revelación que san Pablo hace a Timoteo, pueda aclarar más las cosas: 2 Tm 3, 1-5, acerca de cómo serán los hombres en los últimos días. En esta descripción se dan todas las características actualmente sin excepción (algunas también se daban en el pasado, pero no todas. Y, además, ahora se dan con mucha mayor acentuación). La diferencia esencial de nuestro tiempo con los pasados es que el hombre nunca fue tan soberbio (acceso a la «educación» generalizado, que ha ensoberbecido al hombre), ni tan materialista (el bienestar material ha hecho al hombre rechazar a Dios en su inmensa mayoría).

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