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Este texto forma parte del análisis completo del caso: https://ntvespana.com/27/04/2026/por-que-escribo-tras-xi-capitulos-el-caso-ignacio-escolar-por-ignacio-fernandez-candela/
Lo expuesto hasta ahora en El Caso Ignacio Escolar me permite identificar un conflicto y también a quienes lo sostienen desde el silencio.
Emprender una batalla social contra la injusticia en España conlleva un descubrimiento desolador: el enemigo no es solo el adversario que tienes enfrente, sino el muro de silencio que levantan los testigos callados por conveniencia. Cuando uno se lanza a remendar lo que está roto, a denunciar el abuso de poder o la asimetría de una justicia tasada por el prestigio de un ego editorial, comprende que la lucha es contra la mezquindad, el cretinismo y la hipocresía de esa masa callada… Tan mediocre y nauseabunda.¿Todavía nos preguntamos cómo hemos podido llegar a estos momento de tensión y conflicto? Pandilla de gañanes y amorales, fariseos.
Seguro que cualquier sectario del aquelarre periodístico actual, favorecido por el circo propio con peroratas interminables carentes de sentido práctico, habría obtenido apoyo y cobertura por un caso parecido al mío. No me sorprende porque he visto las tripas malolientes del periodismo español cuando ejercí de único defensor público de José María Ruiz-Mateos frente a la hipócrita condición de un país moralmente enfermo. Vi la putrefacción de ese oficio: la prostitución de las ideas. Quedé anatematizado o tratado como friki, encontrando los mediocres la horma de sus zapatos, cuando en realidad soy un testigo lúcido y honrado de la escoria conjunta del panorama español erigido a los más altos pedestales. Hipócritas y maliciosos, cómo os sacaba las vergüenzas.
¿Mi pecado ante estos testigos de la miseria periodística es haber defendido a un hombre inocente frente a las adversidades que le procuraron las codicias ajenas? Estoy entonces por encima de este rimero de voluptuoso oportunismo y miseria, compuesto de ignorantes, aprovechados e hipócritas.
A pesar de ese silencio del circo de la hipocresía, poco a poco se va extendiendo el semillero de El Caso Ignacio Escolar, con impecable factura legal y severa indignación. ¿Qué esperar de esa tropa de oportunistas, influencers a la fama usando la tragedia del 2020, periolistos que les importó nada la tragedia que se intentó denunciar cuando vivimos descarnadamente la ejecución protocolaria de nuestros padres? Cuánta repugnancia revelada. Todos los chacales y buitres en torno al banquete del oportunismo. ¿Qué esperar de esos residuos del parasitismo? Diría que, a pesar de las apariencias que los posicionan frente al evidente mal, no dejan de ser fachada respetable. Muy hipócritas, eso sí, para que engañen las apariencias a los incautos.
Ese silencio cretino no es casual ni es prudencia; es una omertá histórica que hoy se manifiesta en este expediente: callan ante el atropello contra un ciudadano porque reconocer la injusticia hoy sería admitir su propia podredumbre de ayer. Comprendo bien ese recelo; mis circunstancias en defensa de J.M. Ruiz-Mateos y de los inversores me convirtieron en testigo de excepción de la hipocresía callada, de la dignidad inexistente y del lucrativo negocio del silencio a conveniencia. Salvo honradas excepciones, todo lo comprobado me repugnaba a diario con una inevitable radiografía de una dimensión periodística, abismada en la complacencia con la falsedad y la avidez de pecunio.
Hay que ser ignorante, malicioso e hipócrita para no entender por qué defendí a José María Ruiz-Mateos mientras el resto callaba de la manera más mezquina que se ha conocido. España tiene que soportar a una casta que oculta que el Estado le expolió un holding valorado en 18.000 millones de euros. Un hombre que fue exculpado en 1996 y que en 1999 recibió el respaldo del Supremo con dos autos para la devolución de su patrimonio a falta de una consolidación de balances jamás gestionada; una devolución que jamás se produjo porque el sistema prefirió el latrocinio a la justicia. Cuántos habrán de revolverse en la tumba.
Pero la infamia fue más allá. Aquellos que le arrebataron todo para anatematizarlo y ridiculizarlo ante España, cuando su circo histriónico fue una muy seria estrategia ante la conspiración de silencio, le cargaron con un problema del que no era responsable. Ruiz-Mateos no fue el responsable de la emisión de pagarés ni de la caída de Nueva Rumasa, cuando ya había cedido la herencia empresarial en 2004. Le sorprendió todo cuando dirigía las empresas recibiendo parámetros y balances equivocados. Le sorprendió definitivamente cuando comprobó durante la confusión que nada tenía solución; le informaron erróneamente hasta el final, cuando ya no había marcha atrás después de dar la cara pública.
Sin embargo, convenía al sistema presentar al genio de la empresa y las finanzas como un «Mambrino» demente para ocultar la conspiración de cuantos se estaban beneficiando de sus despojos. Y de ladrón después.
Yo soy un testigo lúcido de esa escoria conjunta que hoy habita en los más altos pedestales. Mientras muchos cargan con secretos que les lastran y con talentos que nunca supieron sostener, yo mantengo una posición clara. Mi “pecado” fue defender la verdad frente a la codicia en un país de ciegos, criminales de guante blanco y envidiosos.
Este es el espejo del “Caso Ignacio Escolar”. El silencio de los “periolistos” de hoy es el mismo silencio de los cómplices de ayer. Callan ante el atropello porque reconocer la evidencia hoy les obligaría a admitir su propia responsabilidad pasada. Son marchantes de una verdad escondida por puro pánico, nutriéndose de un expolio que ocultan bajo una “discreción repugnante”.
Podrán esconder sus miserias sobre la tierra, pero la ignominia les alcanzará. El lobo no era feroz, solo tenía patrocinadores, alineados con un «caperucito» Ignacio Escolar… y el miedo de que alguien recordara dónde enterraron la decencia.
Las raíces periodísticas de nuestro país están podridas; son cómplices de los grandes secretos que corroen España mientras fingen que no pasó nada en aquel punto de inflexión donde se revelaron al nivel carroñero y político. Para mí, todo conduce a un mismo olor: el cadáver de una dignidad y un honor de los que nadie en esos círculos puede presumir.
De ahí el silencio de los falsos, de los hipócritas, de los marchantes de una verdad que se esconde por puro pánico. Tienen miedo de que, al hablar, tengan que reconocer la ausencia de todo mérito que no haya sido la pura complicidad con el crimen silenciado. Aquellos grandes rotativos y entidades que hoy ofician de jueces morales se nutrieron del expolio, ocultando bajo una “discreción repugnante” lo que no era más que el reparto de un botín a plena luz del día.
No es solo una disputa contra un editor ávido de fama; es una enmienda a la totalidad contra esa casta que ha hecho de la traición a la verdad su mayor activo patrimonial. Qué hartazgo y repugnancia me inspiran. Encubren sobre la tierra sus miserias, pero cuando se vayan, uno a uno y colectivamente a la tumba, podrán revolverse por todos los sembrados, pues todo lo callado emergerá con el peso de la ignominia. Al final del cuento, el lobo no era tan feroz; simplemente tenía mejores patrocinadores… y muchos más secretos que ocultar. Quien más quien menos está comprometido con ese mismo sistema de hipocresía y silencio.
Coda – Serie completa
Para quien desee recorrer el conjunto de esta serie:
https://ntvespana.com/?s=el+caso+ignacio+escolar
Ignacio Fernández Candela
(Para quien desee seguir otras líneas de mi trabajo)
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Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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