El domingo 6 de septiembre se celebraron las elecciones en el land de Sajonia-Anhalt y, según pronosticaban todas las encuestas, el movimiento Alternativa para Alemania (AfD) ganó[1]. La única duda ahora es si gobernará en solitario o si, por el contrario, todos los demás partidos, los partidos del Sistema, se aliarán para impedir que gobierne. Al fin y al cabo, eso es lo que sucede actualmente en toda Europa y en eso ha consistido siempre la gigantesca mascarada llamada «democracia liberal»: en que los partidos del Sistema impidan, en nombre de la «democracia», que haya una alternativa a ellos mismos. Y quienes se resistan a sus políticas disolventes son etiquetados como «extrema derecha», esto es, gente despreciable a la que se puede callar, insultar y agredir.
En cualquier caso, máxime después de lo visto en estas elecciones, AfD ha situado en el centro del debate político cuestiones importantes que hasta ahora nadie había osado proponer y que, de hecho, el Sistema sigue prohibiendo plantear. Indudablemente, porque afectan a los pilares del propio Sistema. Y nos referimos, por ejemplo, a la función de la cultura como herramienta disolvente, destinada a la intimidación, la propaganda, el adoctrinamiento y la desmoralización de la sociedad.
Así, Hans-Thomas Tillschneider, portavoz de política cultural de la AfD en Sajonia-Anhalt, afirmaba recientemente en el Parlamento Regional, en Magdeburgo: «No seguiremos gastando dinero público en el arte anti-alemán. Arte anti-alemán es el arte alemán que no quiere ser alemán. Arte alemán es aquel que se entiende a sí mismo como arte alemán, y si no quiere ser alemán, si está dirigido contra su propia identidad, si habla mal de Alemania, si desprecia a Alemania, como lamentablemente suele ocurrir entre artistas de izquierda, entonces no es un arte que según nuestro criterio deba ser fomentado».
Palabras que, como no podía ser de otra manera, fueron unánime e instantáneamente condenadas por «nazis», ya que resucitaban la vieja querella entre «arte alemán» y «arte anti-alemán», suscitada abiertamente por los nazis en los años 30 del siglo pasado. Aunque en honor a la verdad, hay que decir que no fueron los únicos. Recordemos lo que escribió en plena II Guerra Mundial alguien tan poco sospechoso de simpatizar con Hitler como George Orwell: «Es un hecho extraño, pero es indudablemente cierto que casi cualquier intelectual inglés se avergonzaría más de ponerse firme durante el himno nacional que de robar de una alcancía. Durante los años críticos, muchos izquierdistas fueron minando la moral inglesa, intentando difundir una visión a veces pacifista y blanda, a veces violentamente prorrusa, pero siempre antibritánica»[2].
Al respecto de esta idea, la cadena Deutsche Welle (Onda Alemana, más conocida por sus siglas DW) elaboraba un reportaje interesante, en el que se invitaba a «representantes de la cultura» a «contestar» a la AfD. Así, la activista zurda Annegret Laabs, directora del Museo de Arte (moderno) de Magdeburgo, que respondía: «Entonces, el arte y la cultura estarían en peligro en el sistema federal porque, como todos sabemos, el teatro, los museos o las bibliotecas se financian con el dinero de los contribuyentes. Y es muy importante que todos aporten sus impuestos, porque de otra manera todo esto no existiría». Lo cual, sin duda, es cierto, pero, de paso y seguramente sin querer, evidencia la raíz del problema: la llamada «cultura» depende del Poder y se sostiene con dinero público.
A continuación, la directora de la Fundación Bauhaus, Barbara Steiner, señalaba que la AfD había utilizado la expresión «el extravío de la modernidad», acuñada por Paul Schultze-Naumburg en su libro Kunst und Rasse (1928)[3]; e, inmediatamente después, se presentaba un nuevo bloque con el título «la cultura se posiciona» con la siguiente introducción: «En respuesta a la campaña nacionalista de la AfD, las organizaciones culturales se oponen al populismo de extrema derecha a través de diversas iniciativas», para dar paso como portavoz de «la cultura» a la ya mencionada Annegret Laabs: «La diversidad, la libertad artística y de expresión son muy importantes para los artistas y las instituciones culturales Así lo expresamos en la declaración de las instituciones de la cultura de Sajonia-Anhalt y de todas aquellas personas que quieren dejar claro que nos mantenemos firmes en la defensa de la libertad artística, sin importar lo que diga el populismo de extrema derecha y hacia donde nos quiera llevar».
Palabras que revelan mucho más de lo que seguramente su autora hubiera querido… pues parecen dar a entender que «la libertad artística» en realidad consiste en excluir la posibilidad de que el arte no sea de extrema izquierda.
Lo que nos confirma la siguiente entrevistada, Sabine Schramm, «gestora cultural» —según sus propias palabras— y directora del teatro de marionetas de Magdeburgo: «para mí el teatro tiene mucho que ver con la defensa firme de una posición (política) y ahí radica la particularidad y la fuerza del teatro, porque en el teatro siempre aportamos una perspectiva […] Yo no voy a callar si el teatro se instrumentaliza políticamente y sobre todo no voy a callar si se clasifica a las personas según su origen o afiliación». O, dicho de otro modo, el enfoque ideológico del teatro debe ser uno, de izquierdas, y sólo se puede instrumentalizar en tal sentido[4].
En definitiva, un jugoso reportaje, exacto retrato de la situación en Alemania, que ponía sobre la mesa realidades incómodas, como el carácter venenoso de una falsa «cultura» destinada a fomentar el relativismo moral y promover la división y la atomización de la sociedad; o, dicho de otro modo, dirigida a socavar la cohesión nacional y que niega el derecho natural.
En casi toda Europa todavía sigue imperando el miedo a señalar esta realidad. En Sajonia-Anhalt, ya no.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
[1] «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».
[2] England, your England, primera parte de El León y el unicornio, 1941.
[3] A Schultze-Naumburg suele atribuírsele también la expresión Entartete Kunst (Arte degenerado), aunque no está de más recordar que esta expresión fue empleada con antelación por el médico judío Max Nordau en su libro Degeneración (1892), y que el término “degenerado” fue popularizado, entre otros, por el padre de la frenología, Cesare Lombroso, en varias de sus obras. Por ejemplo: L’uomo delincuente (1876), Genio e follia (1864) o Genio e degenerazione (1897).
[4] Enlace al vídeo completo de Deutsche Welle (DW, Onda Alemana), 20 de agosto de 2026:
https://www.youtube.com/watch?v=Za5mUNLcPmY
Según la red globalista Wikipedia: “DW, es una cadena de televisión pública alemana y emisora internacional financiada por el Gobierno Federal de Alemania”. ¿Y quién gobierna Alemania? El expresidente del consejo de supervisón de Black Rock en Alemania, Friedrich Merz. Circunstancia esta última, por cierto, sobre la que Wikipedia pasa de puntillas; véase: https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Merz
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