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El cinismo más repulsivo se plasma sin escrúpulos en la pantalla al servicio del poder de turno. La dignidad profesional y la ética periodística son harina de otro costal cuando la servidumbre al mejor postor sustituye al compromiso con la verdad. Convertir la vergüenza ajena en estandarte profesional y el disimulo en norma genera un espectáculo realmente esperpéntico desde cualquier prisma moral, provocando el rechazo inmediato de quien aún conserve conciencia y rigor crítico al asomarse a la pantalla.
Hay una disciplina periodística en la televisión pública que no se imparte en las facultades, sino en los despachos de la servidumbre ideológica: el arte de narrar la devastación como si fuera un plácido paseo campestre. La última lección magistral de esta ingeniería del disimulo corrió a cargo de Silvia Intxaurrondo, quien, con la seráfica impostura de quien percibe un cuarto de millón de euros del erario para deformar los hechos, tuvo a bien bautizar como «traslado pacífico y en total normalidad» lo que no fue más que una marea de caos, carreras descontroladas y avalanchas humanas en el puerto de Ceuta.
Mientras las agencias de noticias escupían imágenes dantescas de inmigrantes lanzados al esprint ante el temor de quedarse sin carpa en el Muelle de Poniente, y mientras los mandos policiales acusaban al Ejecutivo de poner en grave riesgo la integridad física de los agentes, la voz del oficialismo sanchista componía en directo su particular poema sinfónico a la concordia. Para la comisaría política de La 1, las cargas, las estampidas y la desorganización absoluta cometida a espaldas de la autoridad portuaria no son más que un armónico desfile de acogida bajo la amable mirada de «trabajadores públicos».
La mordacidad de la escena roza el esperpento valleinclanesco. La esbirra incondicional de la mentira no solo se negó a ver el estropicio sobre el terreno, sino que tuvo el cuajo procesal de exigir explicaciones a quien osara poner impedimentos al traslado. En el universo paralelo de RTVE, el problema no es la quiebra de la seguridad nacional ni el despliegue de un caballo de Troya logístico a las puertas de las infraestructuras críticas; el problema, faltaría más, son los disidentes que se interponen en el pacífico discurrir de este idilio migratorio.
Mentir con semejante desfachatez cuando la realidad arde a espaldas de la cámara requiere un entrenamiento continuado en el cinismo. Hay que ser «japuta», como se diría en Román Paladino. No se trata de un simple error de apreciación periodística ni de la miopía de quien presenta un informativo de mañana: es el guion estricto de quienes cobran a precio de oro la anestesia de la población. Cuando las fronteras se agrietan y el caos se adueña de las infraestructuras del Estado, la consigna es clara: sonreír a la lente, ajustar el teleprompter y vender la rendición como un acto de caridad burocrática.
Esta esbirra incondicional de la mentira no improvisa: ha elevado la manipulación a la categoría de servicio de guardia al régimen. Su trayectoria en la televisión pública es el paradigma perfecto del cinismo institucionalizado: fue la misma voz servil que blindó a Pedro Sánchez en campaña blanqueando los pactos con el golpismo y el filoterrorismo, la que silenció impúdicamente los escándalos de corrupción que acorralan al entorno familiar y político de La Moncloa, y la que tildó de «normalidad democrática» la colonización ideológica del Tribunal Constitucional por parte de Conde-Pumpido. Hoy, al llamar «traslado pacífico y en total normalidad» a lo que las agencias y las fuerzas de seguridad documentan como un caos de avalanchas y estampidas humanas en el puerto de Ceuta, no hace más que ejecutar la misma consigna de siempre: cobrar presupuestos astronómicos para fabricar una realidad paralela y anestesiar a la opinión pública ante la quiebra inminente de la soberanía nacional.
El esperpento del puerto de Ceuta pasará a los anales de la manipulación pública como el día en que las avalanchas se convirtieron en «normalidad» por decreto televisivo. Pero por más que la propaganda a sueldo insista en maquillar el desastre y lavar la cara a las complicidades de La Moncloa, la verdad no se amolda a los presupuestos de RTVE. En Ceuta hay descontrol, riesgo y traición territorial; en el plató, simplemente, la triste estampa de la manipulación desinformativa al servicio del poder contra los ceutíes; contra España.
Quien vende el alma al Diablo sobre la tierra, se revuelve restregando gusanos en la tumba. Hay algunos que por sus obras ya se sabe cuál será el destino recogidas las siembras. Esa es la inexorable ley de la siembra y la cosecha moral: la impunidad terrenal es siempre un espejismo temporal. Quien erige su carrera sobre la mentira sistemática, la manipulación del prójimo y la venta de su conciencia por un puñado de monedas o un minutero de poder, termina sepultado por el peso de sus propias obras.
Aquel trágico periodo de los confinamientos ilícitos dejó al descubierto la verdadera catadura moral del oficialismo periodístico. Mientras familias enteras nos veíamos obligadas a enterrar a nuestros padres en la más desgarradora soledad, con las iglesias cerradas y la prohibición absoluta de velar a nuestros seres queridos, la consigna televisiva se volcaba en blindar la arbitrariedad del Ejecutivo. No hubo un solo gesto de compasión hacia los miles de ancianos víctimas de protocolos de sedación en la soledad de las residencias o el confinamiento con infectados después de someterse a una diáisis dando el día anterior negativo en la PCR. Así mataron a mi Padre; solo aplausos a las ocho, propaganda oficialista y un blindaje mediático al servicio de Sánchez que tildó de «responsabilidad democrática» lo que en verdad fue una quiebra inadmisible de la dignidad humana y los derechos fundamentales.
El servilismo paga bien en el presente, pero cobra un precio devastador en la memoria y en la eternidad. Quien prostituye la verdad y colabora en la anestesia de un pueblo no solo deja tras de sí un legado de repugnancia moral, sino que se condena al juicio implacable de la historia y de la justicia divina. Como bien señala el aforismo clásico: los frutos de la traición se pudren en la misma tierra donde se sembraron.
Así se pudra según sus repulsivas obras.
RES NON VERBA
Ignacio F. Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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