25/10/2026 00:12
  • El presidente eleva la crisis de julio a una amenaza para la seguridad nacional, rechaza que Rabat le condicione y limita su autocrítica a prometer más inversión y medios para proteger la frontera

Pedro Sánchez ha dado un paso que durante semanas había evitado: reconocer que lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio encaja en el escenario de los denominados «ataques híbridos». Sin embargo, el presidente del Gobierno sigue sin responder a la pregunta esencial que plantea esa definición: quién estuvo detrás de la operación que permitió la entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos.

En una entrevista concedida este miércoles a TVE, Sánchez defendió la necesidad de preparar al Estado para afrontar futuras amenazas híbridas y situó la crisis ceutí dentro de ese contexto. Al mismo tiempo, evitó atribuir directamente responsabilidad a Rabat y rechazó que la dependencia de la cooperación con Marruecos limite la capacidad de decisión de España.

«No aceptamos chantajes», afirmó el presidente, después de que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, le acusara horas antes en el Congreso de no ser «un presidente libre» y de que Santiago Abascal sostuviera una crítica similar respecto a la relación con el país vecino.

El problema para Moncloa es que el reconocimiento de un posible ataque híbrido eleva automáticamente la gravedad de los acontecimientos. Si lo sucedido no fue una simple crisis migratoria, sino un episodio susceptible de ser considerado una amenaza híbrida contra España, la exigencia de responsabilidades y explicaciones adquiere necesariamente otra dimensión.

Sánchez mantiene el escudo sobre Marruecos

Hace menos de una semana, el presidente afirmó en el Congreso que no existían «pruebas sólidas» para responsabilizar a las autoridades marroquíes de la entrada masiva en Ceuta.

Desde entonces, la documentación remitida a la Audiencia Nacional ha introducido nuevos elementos en el debate. Los informes de fronteras incorporados a las diligencias describen la actuación de agentes marroquíes durante los acontecimientos y analizan el episodio dentro de un contexto de guerra híbrida.

La conclusión política de Sánchez, sin embargo, permanece prácticamente intacta: Marruecos queda fuera de cualquier acusación directa.

El Gobierno sostiene que la relación con Rabat fue precisamente uno de los instrumentos que permitieron contener la crisis y facilitar el retorno de quienes habían cruzado. El presidente asegura que la colaboración del país vecino permitió que aproximadamente el 90% de los llegados regresaran en las horas posteriores.

La cuestión pendiente es si esa cooperación posterior basta para explicar lo ocurrido antes y durante la entrada masiva.

Sánchez ha optado, de momento, por no recorrer ese camino.

Ni previsión ni autocrítica

Tampoco hubo en la entrevista un reconocimiento de errores concretos por parte del Ejecutivo antes de la crisis.

El presidente admite que los servicios del Estado detectaron durante los días anteriores un «ligero pico» de presión migratoria, pero sostiene que se trataba de una situación habitual para esas fechas y que las informaciones disponibles hablaban de cientos de personas, no de una operación de la magnitud que finalmente sufrió Ceuta.

Es la misma línea argumental mantenida desde el principio por el Ministerio del Interior: había información previa, se produjeron refuerzos y existían movimientos detectados, pero ningún organismo anticipó una entrada de decenas de miles de personas.

El ministro Fernando Grande-Marlaska llegó a sostener que el CNI no había alertado de una operación de semejantes dimensiones. Las discrepancias sobre esa información acabaron generando además tensión entre Interior y Defensa.

Sánchez ha utilizado ahora esas diferencias para defender la actuación de su Gobierno una vez comenzó la crisis.

«Empezamos a trabajar internamente y con Marruecos para dar una respuesta», explicó.

Pero la explicación deja intacta una cuestión incómoda: si existían avisos previos y se produjo una concentración extraordinaria en la frontera, ¿por qué el Estado no consiguió anticipar la dimensión real de lo que estaba sucediendo?

«¿Qué hubiera hecho otro Gobierno?»

En uno de los momentos más controvertidos de la entrevista, Sánchez defendió la actuación de las fuerzas españolas planteando una alternativa especialmente extrema.

«¿Qué hubiera hecho otro Gobierno? ¿Se hubieran liado a tiros con menores incluidos?», preguntó.

El presidente considera que permitir la entrada antes que provocar un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles fue la opción adecuada para evitar males mayores.

El argumento permite a La Moncloa sostener dos posiciones simultáneamente: reconocer que España afrontó un episodio suficientemente grave como para tener que prepararse ante futuros ataques híbridos y, al mismo tiempo, negar que exista evidencia de que Marruecos organizara deliberadamente la operación.

La fórmula política resulta cómoda para el Ejecutivo, pero deja abiertas las preguntas esenciales sobre el origen de la crisis.

La documentación ya está sobre la mesa

La transparencia sobre lo ocurrido se ha convertido en uno de los principales frentes de confrontación entre el Gobierno y la oposición.

Sánchez se comprometió a publicar los informes relacionados con la crisis y el Ejecutivo ha desclasificado decenas de documentos correspondientes a los días anteriores y posteriores al 30 de julio.

El PP pretende utilizarlos para demostrar que Moncloa conocía el incremento de la presión migratoria y no actuó con la suficiente anticipación.

El Gobierno sostiene justamente lo contrario: que los avisos disponibles no permitían prever una entrada de semejante magnitud.

Será la documentación completa y, en su caso, las investigaciones en curso las que permitan determinar hasta dónde llegaba realmente la información disponible antes de la crisis.

180 millones para reforzar una frontera que ya fue desbordada

La única autocrítica concreta anunciada por Sánchez tiene forma de inversión pública.

El presidente ha comprometido 180 millones de euros para reforzar el perímetro fronterizo de Ceuta y ha anunciado también un incremento de las infraestructuras de acogida, con el objetivo de elevar hasta 6.000 las plazas disponibles.

Es una respuesta que reconoce implícitamente que el dispositivo existente no resulta suficiente para afrontar un nuevo episodio de semejante magnitud.

Sánchez también ha reivindicado el papel de las Fuerzas Armadas y ha respaldado expresamente a la ministra de Defensa, Margarita Robles, después de las diferencias internas afloradas durante las últimas semanas sobre los avisos previos.

El presidente defendió igualmente que Robles informara al Rey de la situación y aseguró que la reunión con Felipe VI estaba previamente prevista.

Sánchez confirma las elecciones de 2027

La entrevista sirvió además para despejar otra de las incógnitas del nuevo curso político.

Sánchez confirmó que las elecciones generales se celebrarán en 2027 y volvió a decir que tiene intención de presentarse. No quiso, sin embargo, adelantar la fecha exacta y argumentó que la convocatoria se producirá atendiendo al «interés general».

También descartó concentrar las generales con otras convocatorias electorales en un único «superdomingo».

El presidente termina así el verano con dos mensajes diferentes. En política interna, asegura que se ve con fuerzas para continuar y volver a competir por La Moncloa. En materia de seguridad, admite ahora que Ceuta sufrió un episodio que obliga a España a prepararse frente a posibles ataques híbridos.

Lo que sigue sin aclararse es la cuestión más delicada de todas: cómo pudo una frontera española quedar desbordada por decenas de miles de personas y quién fue realmente responsable de que aquello ocurriera.

Sánchez reconoce ya la gravedad del ataque.

Ahora le corresponde explicar todo lo demás.

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