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La degradación de la escena pública española alcanza cotas de auténtica náusea cuando personajes que han convertido el resentimiento en su modus vivendi pretenden expedir carnés de legitimidad democrática. Las recientes declaraciones en la televisión pública de quien liderara la expresión más radical del oportunismo político exigen una denuncia frontal, sin paños calientes ni eufemismos.
Es el colmo del cinismo que aquellos que cabalgaron sobre la polarización, la demagogia y el ataque sistemático a la separación de poderes para enriquecerse a base de engañar a ignorantes y pringados, se postulen ahora como guardianes de la pureza democrática exigiendo la ilegalización del principal partido de la oposición. Quienes han vivido de sembrar cizaña, de erosionar el pacto constitucional y de parasitar las instituciones no buscan proteger la democracia; buscan la impunidad de su propio proyecto, recurriendo a un mesianismo autoritario disfrazado de justicia social.
Y pensar que no existía cuando España había probado a convivir con las ideas sin revanchismo. La madre decidió parirlo y se juntó con la barredura de seres miserables, abortados cmo seres anómalos en vida sin conciencia ni escrúpulos, solo movidos por el instinto de la codicia más carroñera.
La política no puede seguir siendo el refugio del oportunismo más nauseabundo, ni una barredura de descalificaciones contra la ciudadanía normal donde la incoherencia y el sectarismo sustituyan al debate de ideas. Utilizar los altavoces del Estado para plantear la exclusión civil y política de millones de ciudadanos no es más que el último estertor de un relato agotado, obsesionado con la confrontación y la supervivencia mediática a costa de la convivencia y el rigor institucional. Frente al parasitismo ideológico que degrada la nación, la única respuesta posible es la firmeza de la verdad y el Estado de derecho.
De lo que estoy seguro es que los confiados parásitos de la cizaña, con el último suspiro, se revolverán en la tumba. Su agónica insistencia en demoler los cimientos de la convivencia no es más que el reflejo de su propia inanición intelectual, el último y desesperado intento de una estirpe decadente que sabe que su tiempo de impunidad se agota ante el avance inapelable de los hechos.
La desfachatez con la que este oportunismo carroñero intenta subvertir el orden constitucional es el síntoma definitivo de un sistema inficionado por la mediocridad. Se alimentan del conflicto, medran en el fango que ellos mismos provocan y, desprovistos de la más mínima coherencia o vocación de servicio, pretenden dictar sentencias morales desde las ruinas de su credibilidad.
La política convertida en una barredura apestosa es el legado directo de quienes conciben el poder como un botín y el Estado como un escudo para sus ambiciones personales. Sin embargo, ninguna propaganda oficialista ni ningún estertor totalitario podrá silenciar a quienes mantenemos la memoria intacta y la exigencia de justicia viva frente a la manipulación masiva. Su caída será el triunfo del rigor frente a la mentira.
RES NON VERBA
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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