El tren de vida actual nos hace comprender que escuchar se ha convertido en una verdadera obra de misericordia porque es complicado prestar atención por un tiempo prolongado a quien desea abrirnos su corazón.
Dice la carta de Santiago:
«Tengan bien presente, hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos».
(Stg 1, 19)
Cuando escuchamos activamente a los demás, demostramos respeto y empatía hacia ellos. Además, nos damos la oportunidad de entender sus perspectivas, experiencias y necesidades. Esto nos permite fortalecer nuestras relaciones, resolver conflictos de manera efectiva y tomar decisiones informadas.
Para mantener una escucha activa con el prójimo, es necesario seguir unas reglas que nos ayudarán para que el otro sienta que apreciamos su confianza.
No debemos interrumpir a nuestro interlocutor. Escuchar solamente y no hablar es una verdadera demostración de respeto y empatía. Recordemos que la persona quiere contarnos lo que le ocurre, y si bien podríamos darle un consejo, lo más importante es permitir que el otro se exprese y se desahogue.
Actuemos como lo haría Dios. Dice la primera carta de Juan:
«Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad» (1Jn 1, 14)
Debemos abrir nuestro corazón al prójimo. Nuevamente la empatía debe aflorar. Cuando las personas tienen necesidad de compartir sus pensamientos y sentimientos hay que abrir el corazón. Se nota cuando en verdad nos interesa lo que la otra persona tiene que decir, y también cuando no nos importa.
Pensemos que quizá, en algún momento, también a nosotros se nos puede ofrecer que alguien más nos escuche atentamente.
«Que escuche el sabio, y acrecentará su saber».
(Prov 1, 5)
Muchas personas se han dejado influir tanto con lo que ven en las redes sociales o en los medios de comunicación que ya se sienten expertos terapeutas.
Entendamos que escuchar no se trata dar una consulta, tampoco de aconsejar, a menos que la persona pida nuestro parecer, pero se da el caso de que a algunos se les ocurre compartir la experiencia de otra persona que pasó por algo semejante, y lo único que consigue es hacer sentir al otro que su caso no es relevante o que lo puede solucionar exactamente con lo que le estamos diciendo, aunque no se trate del mismo caso.
Tenemos que mantener un respeto absoluto, Con esto nos referimos a no hacer juicios. Respetar las expresiones de quien habla es fundamental. Por eso es tan complejo, porque dejar hablar a la otra personas sin adelantar pensamientos negativos, puede ser un reto.
Escuchar a los demás es una habilidad valiosa que nos permite generar empatía, compasión y conexiones más significativas con las personas que nos rodean. Al practicar la escucha activa, podemos mejorar nuestras relaciones, aprender de los demás, resolver conflictos de manera efectiva y construir un mundo más empático y compasivo.
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Fundación Enraizados
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