El próximo 13 de diciembre se celebrará en la Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen (Catedral de Jaén) la beatificación de 124 mártires más de la diócesis de Jaén, reconociendo a 109 sacerdotes, 14 laicos (de Acción Católica, Adoración Nocturna etc.) y una religiosa-Clarisa. Entre ellos hay personas de diversas procedencias y compromisos, sacerdotes, padres de familia, una viuda, un periodista y un joven discapacitado intelectual qué hacía recados para las monjas, pero todos tienen en común el hecho de qué fueron asesinados por motivo del “odio a la fe” entre 1936-1939. La misa será presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.
El obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, en su Carta Pastoral con motivo de la beatificación de los 124 mártires de Jaén, dice: “La esperanza, fundada en Cristo resucitado, no defrauda jamás. Su sangre se ha convertido en semilla fecunda qué alimenta hoy la fe de nuestras parroquias y comunidades” y nos recuerda qué “el martirio no es desesperación, sino victoria del amor sobre el mal y la muerte” y qué “el mártir no es un héroe humano, sino un testigo de Cristo qué muere perdonando”. Nos invita a qué esta beatificación sea para todos un nuevo Pentecostés, un impulso misionero qué nos lleve a ser verdaderos testigos de esperanza en el mundo de hoy.
Así mismo Mons. Chico Martínez ha querido explicar el motivo qué la Iglesia ha considerado para declarar mártires a estos jiennenses diciendo: “Nadie tiene amor más grande qué el qué da la vida por sus amigos. Vosotros sois amigos míos”, esta frase de Jesús a sus apóstoles encierra el verdadero significado de la celebración qué la Iglesia de Jaén acogerá el 13 de diciembre. Con esto se pone de manifiesto qué 124 hombres y mujeres de esa tierra, qué se consideraban amigos de Jesús, no dudaron en hacer esa frase vida, entregando la suya por amor a ese Amigo: Jesús. Y lo hicieron sabiendo qué perdían la vida, pero qué lo hacían fieles a sus creencias, sin negar su fe, siendo testigos hasta el final, con un acto generoso de amor.
Me gustaría destacar unos cuantos ejemplos de estos 124 mártires:
- Ramon Rojo y Diaz de Cervantes, sacerdote, martirizado el 7 de noviembre de 1.936 a los 52 años. D. Ramon mismo decía “qué la tormenta empezará descargando sobre la Iglesia de Cristo, y sus servidores, los sacerdotes, serán las primeras víctimas”. En la cárcel fue interrogado sobre si era o no sacerdote. No dudo un momento, y sereno y consciente de la suerte qué le esperaba contestó: “Yo no puedo renegar de la fe de Cristo qué tengo jurada. Soy sacerdote y por cierto cura y párroco de Cazorla”. “Por la boca muere el pez”, dijo el interrogante, y empujándole violentamente pasó a engrosar el número de las víctimas. Pocas horas después fue fusilado en Paracuellos del Jarama.
- Francisco de Paula Padilla Gutiérrez, sacerdote, martirizado el 3 de abril de 1.937 a los 44 años. De acuerdo con la narración de un testigo, pasada la medianoche un jefecillo comenzó a llamar por lista y otros milicianos les iban atando las manos con alambre. Al llamar a un tal José, compañero de celda de D. Francisco, lloraba amargamente, y se resistía a salir alegando tener seis hijos. Fue entonces cuando de un salto salió D. Francisco y se puso en la cola dispuesto a qué le ataran las manos. El jefe qué pasaba lista le dijo: tu no eres el llamado. A lo qué contestó: Yo soy Francisco Padilla Gutiérrez sacerdote. No tengo esposa ni hijos por lo qué suplico me llevéis a mí y no a este pobre hombre. Este sacerdote nos recuerda a otro santo, San Maximiliano Kolbe qué ofreció su vida a cambio de la de un padre de familia en el campo de concentración de Auschwitz.
Obdulia Puchol Merino, martirizada el 8 de diciembre de 1.936 a los 36 años. Joven viuda sin hijos dedicada a hacer obras de piedad, caridad y apostolado. Su obra más importante de caridad consistió en la creación de una residencia para los transeúntes pobres. El día en qué fue martirizada vestía el hábito de San Francisco, pues también era Terciaria Franciscana Seglar. Detenida el 7 de agosto de 1.936 fue conducida violentamente a la cárcel donde fue maltratada. De allí fue llevada al cementerio. Mientras mataban a los demás componentes del grupo, ella permaneció de rodillas y recogida en oración. Finalmente fue degollada por herida de arma blanca en el cuello.
José Martínez Torres, farmacéutico, martirizado el 11 de septiembre de 1.936 a los 47 años. Le pidieron qué blasfemara y renegara de su fe y así le perdonarían la vida. Él se negó, afirmando qué lo más grande que tenía era su fe en Dios. Después de dispararle, tardó en morir. Falleció entre grandes dolores, rezando y perdonando a sus ejecutores. Su esposa, al terminar la guerra, perdonó a los asesinos y les inculcó a sus hijos, cuatro supervivientes de seis, ese mismo espíritu de perdón.
- Francisco Martínez Baeza, sacerdote, martirizado el 3 de septiembre de 1.936 a los 61 años. Fue un verdadero apóstol alentando a todos los presos. Cuando le avisaron de que iban a asesinarlo dijo: “Damos gracias a Dios porque dentro de unos momentos vamos a estar gozando de su presencia”. Allí dio la absolución a sus compañeros y a los ejecutores les dijo: “Os perdonamos”. Él se arrodilló diciendo: “¡Señor, perdóname a mí y perdónalos a ellos, qué no saben lo que hacen!”.
El sábado 13 de diciembre celebraremos la santidad de aquellos qué amaron a Cristo y al prójimo, incluso a sus enemigos, hasta el extremo derramando su sangre. Ellos están en el cielo y desde allí interceden por nosotros.
Demos gracias a Dios por concederles a los 124 mártires la fortaleza para el martirio, y a ellos, por su fidelidad en seguir a Cristo.
Estos mártires son modelos para todos nosotros. Siendo cristianos, como tú y como yo, a quienes les tocó vivir en momentos muy difíciles, cuando se les ofreció la opción de renegar de su fe en Jesucristo o derramar su sangre por Él, todos optaron por esto último, dejándonos un ejemplo de qué con la gracia de Dios, podemos serle fieles hasta el final.
Pidamos a Dios qué nos otorgue la misma fortaleza y fidelidad de estos mártires para seguirle hasta el final.
Oración: Señor, concédenos ser siempre, como tus siervos, testigos valientes de tu Evangelio y entregar cada día nuestra vida en servicio a nuestros hermanos. Amén.
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