15/08/2026 06:18

Que vivimos en una época de bajo nivel cultural lo demuestra el hecho de que la razón de las últimas generaciones es más proclive a la ficción, y el vulgo, más dispuesto a la creencia. Gente débil para cuestionar las honduras del relato oficial y propensa a aceptar un pensamiento dirigido, único. Lo cual no ocurriría si las letras, las artes y las ciencias estuvieran florecientes y, sobre todo, divulgadas y absorbidas por la sociedad. De este modo, la inculta vida de los hombres y mujeres actuales les hace vulnerables a todo tipo de propagandas y publicidades; es decir, de errores.

Es como si en vez de persistir en la normal evolución cultural del ser humano, hubiera éste regresado a la remota antigüedad, en la que se admitían todo tipo de fábulas, a veces burdas y toscas, como ocurre ahora con las aberrantes fantasías que colman las agendas de los nuevos demiurgos. Si nuestra sociedad, tan progresista y tecnificada, estuviera así mismo civilizada y fuera éste un siglo de luces en vez de serlo de tinieblas, las abominaciones pretendidas por el Nuevo Orden y las trivialidades de todo tipo ofrecidas por las redes sociales, no serían posibles; habrían sido absolutamente rechazadas por despóticas, antinaturales, irracionales y lactantes.

La intelligentsia del Régimen, esa casta cultural soberbia no por su grandeza, sino por su hinchazón, que, en vez de instruir, manipula, dirige hoy la educación y el saber en España para degradarlos. Y lo hace con la habitual mala intención de todo oportunista adornado de nesciencia. ¿Qué han sabido, en definitiva, todos los grandes dogmáticos, como éstos de hoy, que creen no ignorar nada y se ufanan, muchos de ellos, ejerciendo de analistas oficiales y tertulianos al uso? ¿Qué saben estos monos y monas frívolos y aparentes, que gustan por sus modales, que poseen ingenio y que siempre hacen daño?

Vencidos por la fuerza del pesebre, dando fe a las larvas del frentepopulismo más sectario y, más allá, a los nigromantes del Sistema, no dejan de proclamar como dioses a sus «putos amos» respectivos, por temor a perder el subsidio y a desenmascarar la farsa, y todo ello no por error de su aprecio, sino por aprecio del error y devoción hacia la iniquidad. No es lo mismo creer en algo que has alzado artificialmente por servilismo y afán de sinecura, que creer en lo excelente y, por su misma excelencia, estimarlo. Es la diferencia entre amar una falsedad o una verdad.

La cuestión es que, aunque al discreto le guste permanecer en silencio dado cómo brilla la necedad en el mundillo cultural -y en la sociedad en general-, a veces, como apuntó Jules Renard, «llevar el peso de la conversación sigue siendo el mejor medio para no darse cuenta de que los demás son tontos». ¿Rendirían culto o pleitesía los esbirros, mediasmierdas y recogemigajas correspondientes a los nuevos bárbaros globalistas, si no les obligara a ello la maldad natural o el miedo a perder el fructuoso chiringuito que los acoge? Y ¿quién podría contar cuántos de ellos han preferido perder el momio, la libertad o la vida en manos de la vileza -como sí ocurre y ha ocurrido entre sus víctimas-, a condenar la tiranía de sus amos frentepopulistas y plutócratas?

Lo cierto, es que las víctimas, vivas o muertas, son el argumento más contundente contra los canallas. Y, en España, durante la Farsa democrática del 78, controlada y dirigida por facinerosos, son innumerables las personas sacrificadas por defender la verdad y la libertad. Tanto en el submundo de la cultura como en el resto de submundos sociopolíticos.

Pero los mártires han sido y son los testigos de la verdad. Y por ella han soportado y soportan un mundo hostil y cruel, y, en defensa de sus convicciones y de su fe, lo han vencido no sólo resistiendo, sino, sobre todo, perdiendo su libertad y muriendo a manos del puñal de los traidores. Es justo glorificar las almas de los mártires, seres entrañables que lucharon hasta la muerte por defender la dignidad y la belleza. Digamos, pues, a los mártires las palabras del Apóstol: «Levántate tú que duermes y resucita de la muerte y te iluminará Cristo», que es la Verdad. Y que la luz de su heroica abnegación siga iluminando a los resistentes.

Autor

Jesús Aguilar Marina
Jesús Aguilar Marina
Madrid (1945) Poeta, crítico, articulista y narrador, ha obtenido con sus libros numerosos premios de poesía de alcance internacional y ha sido incluido en varias antologías. Sus colaboraciones periodísticas, poéticas y críticas se han dispersado por diversas publicaciones de España y América.
Suscríbete
Avisáme de
guest
0 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.