15/08/2026 05:13

Hace pocas fechas que el PP y Vox alcanzaron, en la localidad murciana de Jumilla, un acuerdo en virtud del cual se prohibía la celebración de ritos religiosos musulmanes (como el fin del Ramadán o la Fiesta del Cordero) en instalaciones públicas de carácter profano, como son los complejos polideportivos cuya evidente finalidad reside en acoger eventos relacionados con la actividad física y el deporte.

Ante este hecho las reacciones no se hicieron esperar, de tal forma que la Comisión Islámica, la Conferencia Episcopal y los partidos políticos de izquierdas cerraron filas y criticaron duramente la medida, argumentando básicamente que dicha prohibición era anticonstitucional e islamófoba.

A su vez, como era de esperar, los medios de comunicación subordinados de manera espuria a los intereses del Gobierno socialcomunista iniciaron al unísono una de las habituales campañas de acoso y derribo que la izquierda tiene a bien desencadenar contra la derecha. Así, periodistas de RTVE, como Javier Ruíz o Jesús Cintora, cuya honestidad y decencia hace tiempo que dejaron de adornar sus labores informativas, pusieron el grito en el cielo, acusando a los líderes políticos de la derecha de enarbolar la bandera de la discordia social mediante un discurso xenófobo.

Sin embargo, la realidad no es tan simple como la quieren pintar estos falsificadores de la realidad que pueblan los medios de comunicación, ya que no es la fractura social ni el odio lo que ha impulsado el acuerdo del PP y Vox, sino que más bien ha sido la defensa de los valores propios de la civilización occidental -basados en la cultura grecolatina y la moral cristiana- que se ven amenazados en virtud de un proceso de invasión sociocultural sistemática y progresiva por parte del mundo musulmán lo que ha impulsado la actuación de ambas formaciones, siendo Santiago Abascal la figura que se ha erigido en valedora fundamental del acuerdo.

Pero yendo a lo sustancial, respecto a la presunta anticonstitucionalidad del acuerdo lo primero que cabría señalar es que, después de que el sector progresista del Tribunal Constitucional, con el infausto Cándido Conde-Pumpido a la cabeza, diera por válida la concesión de la amnistía a los golpistas catalanes o blanqueara los ERE de Andalucía, la Constitución Española (CE) se ha convertido en mero papel mojado, por lo que a día de hoy el que algo sea tildado de anticonstitucional resulta irrelevante, ya que tan solo depende de la arbitraria decisión de los magistrados del Alto Tribunal. En cualquier caso, el Artículo 16 de la CE señala expresamente que se ha de respetar la libertad religiosa y a este respecto S. Abascal ha manifestado su total acuerdo, defendiendo que toda persona está en su derecho de profesar el credo religioso que desee, si bien a la hora de desarrollar sus prácticas religiosas deberán hacerlo dentro de los parámetros legales y legítimos exigidos por los estándares socioculturales propios de la civilización occidental. De hecho, en España hay cerca de 2.000 Mezquitas y el líder de Vox en ningún momento ha exigido su demolición o conversión en templos cristianos, por lo que su postura en este sentido está perfectamente alineada con lo expuesto en el texto constitucional.

Por su parte en relación a la supuesta islamofobia de S. Abascal lo primero que habría que saber es en qué consiste una fobia. Pues bien, una fobia es un miedo irracional y persistente hacia una entidad o situación que en realidad no representan un peligro significativo. Partiendo de esta definición en realidad S. Abascal lo que presenta no es una fobia, sino un rechazo a los usos y prácticas musulmanas en el espacio público por considerar de manera razonable y razonada que la religión islámica es una ideología extremista que constituye una amenaza real para Occidente. Este posicionamiento intelectual responde al hecho irrefutable de que cuando los musulmanes alcanzan el poder en la gran mayoría de las ocasiones implantan un régimen teocrático que se manifiesta a través de la imposición de la sharia o ley islámica, cuyos preceptos, basados en las enseñanzas del Corán y la Sunna, regulan todos los aspectos públicos y privados de la vida de los individuos. En consecuencia, los derechos y libertades propios de la civilización occidental quedan abolidos en las teocracias islámicas cuando contravienen las enseñanzas de Mahoma. Así la libertad de culto y la existencia de Iglesias no están permitidas en Arabia Saudí, Afganistán, Yemen, Libia, Somalia y Mauritania, mientras que hay fuertes restricciones a la libertad religiosa en Marruecos, Argelia, Egipto, Irán, Irak, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait y Bahréin. Pero es que, además de su carácter liberticida, resulta que el Islam es una religión misógina y homófoba, ya que no solo cosifica a la mujer convirtiéndola en un mero objeto de placer al servicio del hombre, obligándola a ocultarse en las zonas públicas bajo una cárcel de tela como es el hiyab o el burka, sino que también castiga las prácticas homosexuales con la pena de muerte o en su defecto con el encarcelamiento y la flagelación. A la vista de lo expuesto se comprende que la izquierda se halle instalada en un permanente estado de esquizofrenia, puesto que, por un lado se postula como adalid de los derechos de la mujer y los homosexuales, mientras que, por otro lado, no hace otra cosa que defender a una religión que conculca las libertades de las unas y de los otros.

Todo lo expuesto pone de manifiesto que efectivamente, como ha señalado S. Abascal, el Islam es una religión extremista, pero si alguien todavía tiene alguna duda del carácter abiertamente hostil del mundo musulmán contra la civilización occidental baste señalar que el islamismo desde su fundación promueve la yihad, esto es, la guerra santa contra los infieles. Así, ciñéndonos a la edad contemporánea, a lo largo de los últimos años hemos podido asistir, con repugnancia indisimulada, al hecho de que muchas de las principales ciudades europeas y estadounidenses han sufrido las terribles consecuencias de los brutales atentados perpetrados por diferentes grupos yihadistas, constituidos todos ellos por individuos que con su terrorista conducta han demostrado no tener ningún tipo de escrúpulo a la hora de segar la vida de miles de víctimas inocentes. A pesar de ello, los países occidentales han permitido la proliferación de Mezquitas, en muchas de las cuales, sus líderes espirituales, esto es, los imanes, no solo dirigen las oraciones colectivas y pronuncian sesudos sermones, sino que también se dedican a adoctrinar a jóvenes musulmanes para inducirles a entrar a formar parte de células yihadistas, consiguiendo su deleznable propósito en innumerables ocasiones. Pero siendo todo ello espantoso, más aterrador aún resulta el ataque a la cristiandad desarrollado en aquellos países en los que el islamismo alcanza el poder para imponer de forma tiránica sus retrógrados y violentos preceptos. Así, por poner tan solo un ejemplo clarificador de dicha situación, nos encontramos con que antes de la guerra de 2003 había en Irak cerca de 2 millones de cristianos. Pues bien, tras el rotundo fracaso estadounidense a la hora de instaurar un régimen democrático y respetuoso de los derechos humanos y las libertades civiles después del derrocamiento de Sadam Husein, Irak cayó en manos del integrismo islámico y entonces una destructiva ola de violencia se desató contra la población cristiana, de tal forma que en la actualidad tan solo quedan en suelo iraquí alrededor de 250.000 cristianos, lo cual supone menos del 1% de la población total.

En conclusión, frente al mensaje de amor proclamado por Jesucristo, Mahoma enarboló la bandera de una guerra cuyas consecuencias casi 1.300 años después el mundo todavía sigue padeciendo. Por lo tanto, si denunciar los hechos y decir la verdad, como ha hecho S. Abascal, resulta extremista para la izquierda y la jerarquía eclesiástica, cabe manifestar que sólo aquellos que tienen el coraje de enfrentarse a la cegadora maquinaria de lo políticamente correcto serán capaces de observar ese espléndido sol que con su luz nos da la vida y nos emociona, mientras que el resto de los mortales tan solo podrá ver el diminuto y endeble dedo que lo señala.

Autor

Rafael García Alonso
Rafael García Alonso
Rafael García Alonso.

Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, Especialista en Medicina Preventiva, Máster en Salud Pública y Máster en Psicología Médica.
Ha trabajado como Técnico de Salud Pública responsable de Programas y Cartera de Servicios en el ámbito de la Medicina Familiar y Comunitaria, llegando a desarrollar funciones de Asesor Técnico de la Subdirección General de Atención Primaria del Insalud. Actualmente desempeña labores asistenciales como Médico de Urgencias en el Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid.
Ha impartido cursos de postgrado en relación con técnicas de investigación en la Escuela Nacional de Sanidad.
Autor del libro “Las Huellas de la evolución. Una historia en el límite del caos” y coautor del libro “Evaluación de Programas Sociales”, también ha publicado numerosos artículos de investigación clínica y planificación sanitaria en revistas de ámbito nacional e internacional.
Comenzó su andadura en El Correo de España y sigue haciéndolo en ÑTV España para defender la unidad de España y el Estado de Derecho ante la amenaza socialcomunista e independentista.
Suscríbete
Avisáme de
guest
2 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
Maruja Montenegro

LOS OBISPOS ESPAÑOLES DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL, SON LOS NUEVOS FARISEOS DEL SIGLO XXI. NO REPRESENTAN A LA IGLESIA.

Alvar

En España no cabe el islam. Y quien defienda lo contrario se equivoca.

2
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.