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Un pedazo de mierda, sí, no cabe otro calificativo de este parásito que comanda junto al otro Unai la carroña sindicalista regada con millones de euros de nuestros sacrificados impuestos. El descaro con el que la cúpula subvencionada de UGT perpetra su última pirueta ya ni siquiera se molesta en guardar las formas ni en disimular el hedor. Anunciar que la «huelga» del 11N no será un paro convencional, sino una protesta «adaptada a cada comunidad autónoma», no es una estrategia sindical: es la confesión explícita y grosera de un encargo propagandístico a medida. La casta mariscadora, engordada con millones de euros extraídos directamente del bolsillo de los trabajadores a los que dice representar, ha decidido franquiciar la algarada según el color político del territorio, demostrando que su única función real es actuar como la guarnición callejera de un régimen acorralado.
Una ironía vomitiva contemplar a estos sátrapas del marisco pontificar sobre los derechos laborales con los dedos todavía grasientos de presupuesto público. Durante años de inflación asfixiante, de expolio fiscal a las clases medias, de contratos fijos discontinuos que disfrazan el paro masivo y de destrucción sistemática del tejido productivo, el silencio de las centrales sindicales ha sido tan espeso como complaciente. Jamás se les vio mover un solo dedo ni convocar una sola pancarta para frenar el saqueo del trabajador real; han permanecido en un letargo digestivo, anestesiados por la sopa boba de las subvenciones del Ministerio de Trabajo y la complicidad de Moncloa.
Pero la docilidad se transforma en furor repentino cuando la orden viene de arriba. La estafa es tan transparente que produce bochorno: convocar movilizaciones no contra la gestión de la ruina nacional, sino «adaptadas» para hostigar en exclusiva a los gobiernos autonómicos que incomodan al sanchismo. Ya no disimulan que el derecho constitucional de huelga ha sido prostituido y reconvertido en un artefacto de agitación electoralista a comisión. Disfrazan los comegambas corruptos de conflicto social lo que no es más que un servicio de matonismo institucionalizado contra la oposición es un insulto a la inteligencia de los españoles que se levantan a las seis de la mañana para mantener a flote a esta panda de parásitos.
La España que trabaja, la que paga impuestos sin rechistar y liquida las nóminas a duras penas, ha calado de forma definitiva la naturaleza de este tinglado corrupto. Ninguna proclama grandilocuente ni ningún teatro preelectoral conseguirá limpiar el estigma de quienes vendieron la dignidad de la clase trabajadora a cambio de un plato de lentejas y un sitio en la moqueta. Mientras el barco se hunde y los tribunales cercan a la trama, los comegambas apuran los últimos restos del banquete convocando huelgas de atrezzo para salvar al amo. La historia y el pueblo español los pondrán, más pronto que tarde, en el lugar de ignominia que se han ganado a pulso.
El nivel de descomposición moral y normativa al que han arrastrado las instituciones laborales exige una impugnación social sin contemplaciones. Quienes han convertido las siglas de un histórico sindicato en un mero apéndice propagandístico del sanchismo no solo han traicionado a los trabajadores que dicen defender, sino que han dinamitado el principio de neutralidad que exige la convivencia en una democracia funcional. Observar a Pepe Álvarez ejecutar con obediencia servil las directrices de Moncloa mientras se destruye la liquidez de las familias y se asfixia a autónomos y pequeñas empresas es la demostración palmaria de que la casta mariscadora solo rinde cuentas ante el presupuesto que la alimenta. No hay causa noble ni afán de justicia social en sus maniobras; hay únicamente el cálculo rastrero de quienes saben que fuera de la moqueta oficial y de la sopa boba del Estado no son nada.
La resistencia civil frente a este expolio moral no puede limitarse al desprecio silencioso: debe articularse en una exigencia frontal de responsabilidad y saneamiento institucional. Es hora de retirar todo auxilio público, subvención y privilegio a quienes utilizan los recursos de todos los españoles para financiar algaradas de parte y coaccionar a la alternativa política. La verdadera clase trabajadora, la que madruga, produce y sostiene el peso del país sin pedir favores al poder, ha roto definitivamente con la farsa sindicalista y no aceptará más lecciones de dignidad de quienes han vendido su conciencia al mejor postor. El chantaje de la calle orquestado desde los despachos se estrellará contra la determinación de una nación madura, consciente de su derecho y dispuesta a devolver a la ilegalidad y al ostracismo a quienes han prostituido la ley en beneficio propio.
RES NON VERBA.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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