15/08/2026 03:55
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Especulación y erosionar una comunidad autónoima que no comulga con el sanchismo. Así fue con la excusa de la Dana cuando abrieron las compuertas de las presas para agravar la catástrofe. Con un gobierno criminal alfrente del BOE todo es de esperar. Y nunca será casualidad.

España vuelve a arder en los mismos puntos donde ya se había marcado territorio desde los despachos. La propaganda insiste en llamar coincidencia a lo que el monte, que no participa en farsas, señala como secuencia. En el Cerro de Andévalo, el Gobierno autorizó un macroparque solar un mes antes de que las llamas arrasaran 1.200 hectáreas. Puntualidad quirúrgica: el fuego apareció justo donde la inversión necesitaba despejar el paisaje. Y, como siempre, el catecismo climático acudió a cubrir la escena con su liturgia de extremos, esa coartada perfecta para no hablar de lo que quema de verdad.

España conoce esta coreografía desde hace décadas. Incendios que preceden a fotovoltaicas recién bendecidas, eólicos acelerados, recalificaciones que exigían terreno sin vida, infraestructuras que avanzan mejor cuando la vegetación ha sido convertida en ceniza. Papel, fuego, obra. La secuencia es tan descarada que solo la política puede fingir que no la ve. RES NON VERBA. El mundo rural lo resume con la ironía que da la memoria: “Aquí, cuando quieren hacer algo, primero arde.” No es sospecha: es experiencia acumulada en cada ladera.

Mientras tanto, la gestión forestal continúa secuestrada por dogmas, el abandono rural convierte cada monte en dinamita y la política ambiental ha sustituido la ciencia por la prohibición. En ese escenario, el fuego no es fenómeno natural sino una herramienta del oscurantismo. Herramienta útil para quienes necesitan terreno sin vida, sin resistencia y sin preguntas incómodas.

La verdad no requiere maquillaje: el monte arde donde fue abandonado y arde donde conviene que arda. Cada incendio expone la dejación ideológica que ha convertido el territorio en víctima y al poder en cómplice. Y cada coincidencia entre inversión previa e incendio posterior es un recordatorio de que la casualidad, cuando aparece siempre en el mismo sitio, deja de ser casualidad y empieza a oler a otra cosa.

La indignación por el territorio abrasado no nace de teorías: nace de ver cómo cada verano se repite la misma liturgia de abandono, prohibición y negligencia mientras los mismos que bloquean la gestión forestal se apresuran a bendecir proyectos que necesitan el monte muerto para avanzar sin oposición. Luego, «el cambio climático mata» como consigna para ocultar el crimen burleco y reiterado. El fuego, convertido en aliado involuntario de la incompetencia, despeja lo que la política no sabe gestionar y lo que la ideología no permite cuidar. Y después, cuando todo está negro y sin vida, llegan los planos, las autorizaciones y las inauguraciones con sonrisa de plástico.

El país soporta esta farsa con una resignación que ya roza la complicidad. Se habla de clima, de viento, de temperaturas, de cualquier cosa que permita evitar la pregunta que nadie quiere formular en voz alta: ¿por qué arde siempre donde se ha decidido actuar? ¿Por qué el fuego aparece con tanta obediencia en los lugares donde la inversión exige terreno sin vida? ¿Por qué la casualidad tiene tanta disciplina? El monte no responde con palabras, agoniza entre cenizas y bien lo saben los lugareños amenazados con multas en caso de que quieran evitar catástrofes que siempre llegan puntualmente con las inversiones acordadas. La ceniza, cuando cae siempre en el mismo sitio, es más elocuente que cualquier portavoz.

España no necesita más excusas. Necesita valor para mirar lo que está delante de los ojos. Mientras haya un desgobierno criminal impune y no se descabece la mafia que procura tantas tragedias, España no podrá dormir tranquila en ninguna época del año. El verano es propicio para el incendio, durante el invierno ya se les ocurrirá algo estos criminales que tras la máscara del ecologismo y la justicia social están fundiendo la naturaleza y la sociedad bajo el crisol de la corrupción generalizada.

 

RES NON VERBA

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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