|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Siguiendo las directrices de la nueva Ley de Bienestar Animal, he adoptado una rata de alcantarilla a la que he llamado Belarra, desconociendo si entra en los supuestos de mascotas permitidas por el restrictivo marxismo cultural que emponzoña nuestro país. Belarra me parece un nombre acertado, aunque suena a otras cosas repulsivas por parecido silábico, pero repartidos a partes iguales los cariños por la nueva mascota y la repulsión por lo que representa, no me he resistido a la adopción aun ignorando a qué clase de multa estoy expuesto a cuenta de la especie protegida que, pese a sus demostrados perjuicios, está sobrealimentada y podemizada. Además las ratas paren como lo que son, a cientos se multiplican, y con la nueva ley, redactada por vagos y maleantes que no han trabajado en su puñetera vida, las sanciones por especie preñada en un descuido ascienden a 60.000 euros, como si fuese tan fácil ganar la pasta prostituyéndose en lo político y lo social y llegar a ostentar por la jeta vil un ministerio. Qué mejor que un perro o un gato sino tener por mascota a mi rata Belarra. Cuidando así de que no pueda reproducirse entre barrotes, me sale a cuenta pues si se me descuida una hembra de otra especie y se queda preñada, con las sanciones de estos roedores bolivarianos pueden ventilarse cualquier economía, si no sirve para el propósito los impuestos saqueados por una desquiciada verdulera del Isofotón. Multas desorbitantes impuestas por criminales de baja estofa. Es lo que tiene robar, a destajo de chiringuitos, las arcas públicas: que pierden la noción de la realidad quienes legislan a decretazos en esta granja que se ha montado a su antojo la chusma socialcomunista. Esta nueva adquisición, la rata Belarra, hará las delicias de mi tiempo libre pues además deseo observar sus costumbres parásitas y depredadoras tal y como analizo el nido bolivariano que se ha convertido en la plaga de Galapagar. Con estos denuedos en pro de los derechos de los animales, por parte de asesinos de niños, quiero que conste mi interés en adoptar alimañas por si fuera posible convertirlas en mascotas inofensivas, tal y como sería si otras ratas humanas dejaran de pulular en el alcantarillado político para quedar recluidas en jaulas a la medida de una Justicia no intervenida, así quebrarles el instinto carroñero y bolivariano.
Autor

-
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
Últimas entradas
¿Dónde está el Rey Felipe VI?14/08/2026La orden subliminal del Rey sobre Ceuta y el uniforme de campaña: la Patria no se negocia. Por Ignacio Fernández Candela
Actualidad14/08/2026Semejanzas del sanchismo con el absolutismo francés, el zarismo ruso y los Ceaușescu. Por Ignacio Fernández Candela
Actualidad13/08/2026La penosa altanería del clan del Falcon. Por Ignacio Fernández Candela
Actualidad12/08/2026Marruecos destapa la trampa de Sánchez con la inmigración masiva. Por Ignacio Fernández Candela
