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Decenas de miles de muertos, un golpe de Estado encubierto, amaños electorales, inconfesables e innúmeras estrategias delictivas que de saberse los arrojaría directamente a presidio. El Infierno, o lo que les espera con el último hálito, se lo han ganado a pulso. Sánchez y Redondo son tal para cual junto a Iglesias; a este trio de desalmados tramposos en sus calderas aguarda Pedro Botero.
Pedro cum fraude e Iván finiquitado. Inseparables o lo parecían, a saber qué les unió en lo intensamente efímero. Se entendían muy bien los tortolitos de la agenda presidencial, era fácil imaginar al traicionado Iván Redondo desatado de ensoberbecida pasión cuando aconsejaba el juego sucio al no menos sucio Pedro Sánchez. Es difícil imaginar qué siente ahora el pringado después de los desprecios encajados, el que se tiraba por un barranco fanatizado de sanchismo, embebido de poder efímero, ebrio de inconsistente estupidez al descubrir que fue la sombra de un espejismo; el fantasma errante de la influencia política; el alma en pena del asesoramiento sectario, el gilipollas de turno que bien ha estrujado el doctor cum fraude como también a la Poyato a al tabernario Ábalos. Es difícil lucubrar qué pasa por la cabeza del rasputiniano traidor a España abandonado por el no menos traidor monclovita que como pez fuera del agua da coletazos, en tanto su enferma vanidad disimula que está acojonado con la inquietante deriva democrática del Tribunal Constitucional, despertado del letargo para ejercer su función como garante de los inalienables derechos de los ciudadanos. Un estado de alarma ilegal responsabiliza al desgobierno criminal de cuantos desmanes y acciones delictivas inspiró una insana ambición impulsada por el gurú Redondo que hoy rumia una merecida derrota, una burla personal definitiva que bien podría llevarle al suicidio si abunda en esa derrota indigesta y el ridículo histórico que ha protagonizado, cual Maquiavelo de pacotilla, a las órdenes de un arribista sin conciencia. Aunque originado por la burla pública puede acometerle un instinto homicida, figurado, que acabe políticamente con el ejecutor de su fulgurante y efímera trayectoria como mero figurante en el Gobierno de España. Apearlo de sus aspiraciones ministrables puede inspirar maniobras en la oscuridad a poco que el usurpador monclovita descuide la espalda. Con todo lo que sabe el prescindible fanático sobre su ídolo de barro, es más fácil la puñalada trapera que un tiro, metafórico, de frente.
La vida tiene mucho de paradoja y el okupa monclovita, el miserable sembrador de cizaña, acumula muchas y malas inspiraciones para que el sino se cebe en él. El destino juega malas pasadas. Quién sabe si a pesar de dilapidar noventa y un millones de euros en mantener la parásita flota aérea, el doctor cum fraude se estrella, paradójicamente, en un vuelo. Las aliviadas carcajadas del fracasado Redondo, quien lo acompañaba a todas partes como servil asesor de fullerías, iba a oírlas Sánchez hasta en el Infierno. Que luego se reencuentren allí es otra historia.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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