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Reiteremos cuantas veces haga falta. Las mascarillas, bozales del alma, al igual el distanciamiento social, siniestros y muy falsarios pretextos sanitarios. Esconden, como todo lo que nos rodea, un único propósito: control mental y social. Los pastorcillos psicópatas y degenerados estabulando definitivamente al ganado, siempre potencialmente eliminable.
Mascarillas, atentado contra la salud
Las mascarillas, sanitariamente, son una perfecta mierda. Inútiles y letales para la salud. Reiteremos.
I. Si existiera – mucho suponer- el SARS-CoV-2 se filtraría perfectísimamente a través de todo de tipo de mascarillas o caretas o bozales. Las mascarillas protegen de partículas macroscópicas- polvo, por ejemplo- jamás de microscópicas.
II. Además de ineficaces, nocivas para la salud. Por ejemplo, reducen progresivamente la oxigenación sanguínea en porcentajes que se aproximan al 20%.
III. Los pulmones de toda la peña irán sufriendo una paulatina degradación, no tan solo en lo que ya padecen padecimientos respiratorios variados.
IV. Con el bozal, nos enchufamos sin parar nuestro propio, rancio y extremadamente tóxico CO2.
V. Las mascarillas impiden inhalar oxígeno de manera adecuada durante dilatados espacios temporales, jodiendo preocupantemente nuestro ya de por sí bastante dañado sistema inmunitario.
VI. Hipoxia, escasa oxigenación. Eso genera el bozal de marras. Los linfocitos van perdiendo su capacidad inmune, la próxima infección siempre a la vista, dada nuestra progresiva debilidad. La hipoxia, también, puede acrecentar la gravedad de las infecciones previas. Y por supuesto, recordemos siempre, el estrecho vínculo que se establece entre la hipoxia y los males cardiacos.
VII. Incluso poseyendo cualquier virus patógeno, la mascarilla es una porquería para presuntamente combatirlo. Obviamente, más bien al contrarios. La persona que porta el bozal reinhala incesante y agotadoramente el bicho maloso. El bichito se va haciendo cada vez más poderoso entre las fosas nasales y en el interior de los pulmones.
E tutti quanti…
Pasarse por el forro de los cojones la ley
Pero, reitero, aunque sanitariamente fueran buenas y no totalitario pretexto de control social, debemos oponernos a ellas. No ponérnoslas si no es nuestro deseo. Punto y final. Leyendo la Boñiga Oficial del Estado, Orden SND/422/2020, zurullo totalitario, me quedo con las excepciones.
En primer lugar, albricias, curiosa ley que carece – de momento- de efectos coactivos. Román paladino: no anuncia multazos, no existen sanciones por su incumplimiento. Entonces, ¿qué ley es esta que no prevé futuras coerciones ante su violación?
Pero voy más allá. Artículo 2.2 de la citada Orden SND/422/2020: excepciones a la norma. Inexigible el uso del bozal en ciertos supuestos. Hecha la injusta ley, hecha la trampa. Traducción: pasarse por el forro de los cojones la ley.
Desde este momento, anhelo fervoroso que surjan en ustedes súbitas dolencias respiratorias. Ingenien el desarrollo de actividades incompatibles con el puto bozal de chuchos. Yo me acojo al punto d del citado artículo 2.2: causa de fuerza mayor.
Mi inviolable conciencia, protegida, de momento, constitucionalmente.
Luchar sin descanso ante semejante acto terrorista
Eso sí también espero un combate infatigable, lucha sin descanso, pugilato por la libertad. En los juzgados. Cualquier jurista medio sabe que esta orden ministerial es flagrantemente inconstitucional. Acójanse a la propia orden cuando lean lo siguiente: Contra la presente orden, se podrá interponer recurso contencioso-administrativo, en el plazo de dos meses a partir del día siguiente al de su publicación, ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 12 de la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa.
Combate, salvación
¿Dos meses? Quia, dos horas, dos minutos para impugnar semejante engendro legal, brutal acto de terrorismo moral gubernamental. En la incansable insurgencia, archipiélago de insurrectos, pasando a la ofensiva – pacífica, obviamente- se halla la salvación. En estos momentos y siempre. En fin.
Autor

- Nacido en Bilbao, vive en Madrid, tierra de todos los transterrados de España. Escaqueado de la existencia, el periodismo, amor de juventud, representa para él lo contrario a las hodiernas hordas de amanuenses poseídos por el miedo y la ideología. Amante, también, de disquisiciones teológicas y filosóficas diversas, pluma y la espada le sirven para mitigar, entre otros menesteres, dentro de lo que cabe, la gramsciana y apabullante hegemonía cultural de los socialismos liberticidas, de derechas y de izquierdas.
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