15/08/2026 07:08

Nací, hace ya unas cuantas décadas, en una histórica villa de la provincia de Valladolid. Tiempos felices en los que para todos los chicos el poseer un balón, entonces llamado «de reglamento», pero sin ninguna marca, por supuesto, y una bicicleta para correr con ella y con los amigos libremente y sin peligros por todas sus calles, era la mejor de las ilusiones y deseos.

Gracias a Dios mis padres me pudieron dar esas alegrías y el culmen llegó cuando, siendo un chaval, me compraron una “bicicleta de carreras”, así las llamábamos a las que disponían de cambios, ruedas estrechas, manillar cuerno de cabra y calapiés. Mi primera bici de carreras tenía dos platos y cuatro piñones y un bidón de agua con una inscripción que recordaré siempre y más el día que finalizó la última. «Vuelta a España” era la inscripción.

Viví una infancia en la que en la provincia de Valladolid había muchísima afición al ciclismo. De hecho, dicha ciudad estaba representada profesionalmente con Tomás Nistal, Germán Martín y Javier Mínguez.  A nivel aficionado existía un equipo, «el Moliner Vereco» en el que ya despuntaba un joven y prometedor ciclista segoviano que años después pondría en pie a millones de españoles. Mi participación en este durísimo deporte no pasó de ser testimonial (concursante en pruebas locales y provinciales infantiles) pero mi afición por el deporte de la bicicleta sigue viva desde que tuve una bicicleta de carreras y desde que acompañaba a mi padre a ver el paso de «la Vuelta” por las provincias de Valladolid, Ávila, Zamora o Salamanca.

Años después y sucesivamente, me emocioné con los éxitos del salmantino Agustín Tamames, el conquense de Priego Luis Ocaña, el asturiano José Manuel Fuente, los bejaranos “Lale” Cubino y Roberto Heras, el segoviano y mítico Perico Delgado, el incomparable Miguel Indurain y el vencedor en las tres grandes, Alberto Contador. Sin duda España, ha dado grandes ciclistas y el deporte de la bicicleta mueve grandes masas no solo en lo profesional sino también en el campo aficionado. Hace ahora dos años pude contemplar lo asombrosa que es «la Vuelta” en todos sus aspectos cuando la vi llegar a la localidad de Vinuesa (Soria) finalizando la etapa en la preciosa Laguna Negra.

No es mi intención juzgar en este artículo el conflicto de Israel y Palestina. Yo tengo muy claro que Israel es un país muy orgulloso de su destino en el mundo, muy sacrificado, fuertemente unido y regido por unos medios democráticos. Sin embargo, Palestina está gobernada por un grupo terrorista que el 7 de octubre de 2023 bombardeó indiscriminadamente territorio israelí. Sí, voy a dar mi opinión sobre los efectos que ha tenido una guerra fuera de nuestras fronteras, una de tantas desgraciadamente, en una competición deportiva internacional en la que participaba un equipo israelí.

La vuelta ciclista a España 2025, nació con mal pie, quizá en este caso pedal sea más correcto, pues ciertos sectores políticos y sociales fueron extendiendo las protestas a manos de activistas próximos al sector etarra, podemita y algebraico –los de Sumar me refiero– e incluso yihadista tanto en el trascurso de las etapas como en las llegadas a meta. Las acciones de sabotaje se iniciaron con obstrucciones propias de actividades subversivas (barricadas, talas de árboles, extendido de cristales y chinchetas en la calzada, lanzamiento de vallas y anuncios publicitarios para impedir el paso de los ciclistas…) todas ellas impidieron que varias etapas no concluyeran adecuadamente o que tuvieran que acortarse. El desiderátum, llegó en la etapa final en Madrid el domingo día 14 con las cámaras de todo el mundo presentes.

La vuelta ciclista a España, ahora solo «la Vuelta” es junto con el Tour de Francia y el Giro de Italia una de las grandes competiciones ciclistas internacionales donde participan corredores de todo el mundo y, por tanto, dado la multitud de televisiones que hoy emiten eventos deportivos, un escaparate a los cinco continentes. Indudablemente, en ese escaparate, el mundo entero ha podido comprobar lo vergonzoso que ha sido gran parte de la ruta ciclista española por excelencia.

Lo bochornoso y vergonzoso de esta edición de «la Vuelta», emitida a todo el mundo, no ha sido la baja participación de corredores o la nefasta organización, ni mucho menos; ha sido el comportamiento y la actitud del Gobierno de la nación que acoge a este grandioso evento deportivo.

Destacaría a dos personas fundamentalmente que no son unos segundones ni mucho menos; uno de ellos que tuvo una implicación vital en la etapa final, es el comisario político número uno que tiene el desastroso Gobierno actual en Madrid. El sujeto en cuestión es Francisco Martín, a la sazón, delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Un individuo que siempre se ha mostrado sectario y lacayo a más no poder con su jefe de partido. Ha demostrado su incapacidad para que las Fuerzas a su mando fueran capaces de mantener el orden y la seguridad de corredores y participantes en la etapa final. Es más, celebró ufanamente que la etapa no finalizara debidamente. Vamos, no hay duda que este tipo, repito autentico comisario político, es un canalla.

El otro sujeto, gran muñidor de todo este follón, no solo el final, sino gran parte del transcurso, tiene nombre: Pedro Sánchez, además de muchos apodos y más calificativos, todos ellos despectivos y repetidos frecuentemente por muchos españoles. Este psicópata y sátrapa ya alentó días antes del boicot a la vuelta lanzando a multitud de exaltados contra la celebración de un evento deportivo mundial. Sí, un presidente de un país europeo alentando a que la muchedumbre de su país atente contra la práctica deportiva de centenares de ciclistas que no han cometido ningún delito. Solo cabe en la mente de todo un psicópata de manual.

Con su actitud, una más de las que nos tiene acostumbrados este felón, ponía a los pies de los caballos, no solo a los ciclistas del equipo israelí, sino a todos los demás y obviamente a organizadores y componentes de las Fuerzas de Seguridad. La lamentable imagen que dimos al mundo con “ventanas a la calle” por culpa en gran medida de este canalla, no solo acabó en la Castellana. El brillante vencedor de la vuelta, el danés Jonas Vindegaart, tuvo que recibir de tapadillo su trofeo en el aparcamiento de un hotel subido a un podio improvisado con neveras portátiles. ¿Qué pensará este gran deportista por el menosprecio recibido?  ¿Qué opinión tendrán de España los aficionados daneses al ciclismo? ¿Las autoridades danesas, el rey Federico X y su primera ministra Mette Frederiksen creerán, después de lo visto en Madrid, que Pedro Sánchez es capaz de ocupar puestos de responsabilidad política y que es una persona cabal?

El presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), el francés David Lappartiente, lo ha dicho claramente: en la actualidad, España no está capacitada para organizar un evento deportivo de la magnitud de la Vuelta ciclista. Del presidente del Gobierno, no ha dicho nada, pero seguro sé lo que piensa de él.

Javier Guillén director de la Vuelta y el mítico Perico Delgado ganador de la misma lo han dicho sin rodeos: la culpa de los sucesos en esta edición de la vuelta es del Gobierno.

Una vez más, y no será la última, Pedro Sánchez ha dejado a España a la altura del betún ante todo el mundo en una actividad deportiva que se ve en todos los continentes.

¿Cuál será su próxima actuación contra el deporte y sus practicantes nacidos en Israel, el fútbol?

Veremos si te atreves, Sánchez. Solo te atreves con Eurovisión que para el éxito que tenemos contigo y con tu televisión de cabecera, mejor es no ir a hacer el ridículo.

Lo dicho dos miserias humanas, tú y el lacayo que tienes a tus órdenes en la delegación del Gobierno.

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