Aunque no fuese el creador del existencialismo, Albert Camus, junto a Jean Paul Sartre, es el ensayista y filósofo más significativo, o mejor dicho más popular, dentro de esta corriente de pensamiento del siglo XX. Cabe resaltar, que un aspecto interesante de Camus es que, siendo ateo y de izquierdas, está en el punto de mira de la izquierda reaccionaria por haber rechazado tajantemente la violencia y el terrorismo para cambiar de sistema político, muy al contrario de lo que profesó Sartre. Camus fue tan enemigo de Stalin como del FLN argelino, partido con fines terroristas que sufrió en su país.
El joven Ratzinger leyó con fruición los textos de Camus, hasta el punto de ser uno de los escritores que recomendaba a sus alumnos. Lo utilizaba para mostrar lo difícil que es llevar la vida sin fe, ya que los textos de Camus muestran de forma trágica como es la vida con la ausencia de Dios.
Una de las premisas del existencialismo fue la de creer que la realidad humana es absurda, que el universo por sí mismo no tiene sentido, por lo que cualquier significado que pueda tener se debe a que habrá sido creado por el ser humano con sus relaciones sociales. Con respecto a Camus esta idea queda clara en su libro El Mito de Sísifo, en el que parte de la inexistencia de Dios. Su postura no es tan descarada como la de Sartre, ya que su punto de partida es “lo absurdo”. Pero que la vida sea absurda, no depende de la inexistencia de Dios, simplemente nuestras vidas no tienen sentido. Solía decir que nos encontramos en un universo lleno de contradicciones y angustias y, aunque no es tan claro como Sartre, su conclusión es que esto es así, porque no existe un Dios como el que anuncia el cristianismo. Por este motivo, el mundo es irracional y lo evidente es que reina el azar y la anarquía. En definitiva, que es un sinsentido.
Frente a la postura del argelino, Ratzinger dice que todos tenemos cierta forma de fe, en el sentido de que continuamente nos vemos amenazados por la duda y la incertidumbre. Y asegura que la supuesta seguridad de Camus para sostener la irracionalidad del mundo, se debe a su reduccionismo de atenerse a lo evidente, a lo seguro. Frente a esta postura, Ratzinger propuso “la secreta incertidumbre”, de tal manera que no se debería dejar de pensar en la posibilidad de que hay algo más de lo que se puede observar. O como dijo el cardenal: “Quien pretenda escapar de la incertidumbre de la fe tendrá que experimentar la incertidumbre de la falta de fe”.
El pensamiento de Camus no deja de ser la solución materialista de la “primacía de la materia”, y propone que la forma primaria de la realidad es la materia. La aparición de la espiritualidad sería un accidente casual y secundario. Esto lo tradujo Ratzinger como que, para Camus, el pensamiento y el sentido son subproductos del ser los cuales no tendrían un significado como estructura.
La alternativa que nos dio el cardenal alemán fue la de tomar la “primacía del Logos”, según la cual, la materia no es el ser primigenio, sino la realidad que se conoce a sí misma en el acto de la “creación”. Frente al postulado de lo absurdo, el cardenal nos enseñó que no tenemos que buscar un sentido a nuestras vidas porque ya lo tienen por sí mismas, y frente a la opción del suicidio planteada por el pensador argelino, Ratzinger propone que la existencia es buena, por lo que no puede ser aniquilada, sino celebrada.
Desde un punto de vista filosófico, se ha de decir que el propósito de la filosofía es la de conducir al ser humano hacia la verdad y al descubrimiento del sentido de la existencia. Por lo que, si hacemos caso a la filosofía de Camus o de Sartre, en la que la existencia humana se toma como absurda, el pensamiento filosófico se contradice y traiciona a sí mismo. Cualquier filosofía que deje al ser humano abandonado al sinsentido, ha de rechazarse como falsa. El hombre no puede resignarse, está hecho para encontrar sentido y contenido a su existencia.
Por lo tanto, la opción por el Logos le permite a Ratzinger entender el mundo como una realidad creada con sentido y verdad. Y lo que es muy importante, cuando una filosofía se dedica a buscar el sinsentido, intentará encontrar uno propio y se convertirá en una ideología que pretenderá inventar una esperanza o soportar una desesperación.
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