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El oscurantista y demoníaco Pedro Sánchez, literalmente, con ese oportunismo salvaje y psicopático que le caracteriza ha convertido la amenaza biológica en un activo de márketing personal, decidiendo, frente a la oposición radical de la pura lógica y el sentido común, que un barco cargado de Hantavirus es en realidad un Arca de Noé para su propia supervivencia política. La máquina del fango sanchista bombardea en las televisiones en tanto son asesinados dos agentes de la Guardia Civil-Germán y Jerónimo-en acto de un imposible servicio contra un narcotráfico protegido por el Ministerio del Interior de Marlasca que desmanteló la unidad OCON-SUR. Todo lo que ocultan aparece como la punta del iceberg de acuerdos de alta traición con Marruecos, cada vez más evidentes. España lo sabe pero no actúa: el gobierno es una organización criminal tal y como se ha definido a la escuadra corrupta del socialismo juzgado recientemente.
Mientras la Seguridad Nacional se echa las manos a la cabeza, el inquilino de la Moncloa juega a los dados con la salud pública sin rastro de generosidad, practicando esa prestidigitación que Santiago Abascal ha denunciado con la crudeza necesaria: estamos ante un tipo capaz de provocar una epidemia con tal de que los telediarios dejen de deletrear los nombres de su entorno en las crónicas de los juzgados.
El guion es tan burdo que asusta, pues no hay mejor manera de tapar el hedor de la corrupción sistémica que con el pánico al contagio, de modo que si la justicia estrecha el cerco, él ensancha la vía de entrada al virus, y si la opinión pública pide cuentas, él nos ofrece un estado de alarma en diferido como cortina de humo.
Es el juego sucio al que nos tiene acostumbrados, fabricando una emergencia artificial para que el ciudadano, aterrorizado por lo que viene del mar, olvide lo que tiene instalado en la emponzoñada Moncloa, convirtiendo la seguridad de todos en una moneda de cambio y en un sacrificio necesario en el altar de su permanencia en el poder.
Como bien sabemos los que hemos analizado el silencio de otros autómatas, el sistema no busca protegernos sino perpetuarse, y acoger ese barco no es un gesto humanitario sino el despliegue de una bio-política de distracción, importando el riesgo para justificar el recorte de libertades que siempre acompaña a su nefasta gestión de crisis.
El sentido común se ha convertido en el enemigo público número uno de este Gobierno porque es el único que se atreve a preguntar por qué ahora y por qué así, encontrando una respuesta que, aunque la maquillen de solidaridad internacional, huele a desesperación, a despacho oscuro y a miedo a la verdad.
España está convocada el 23 de mayo por más de 150 asociaciones civiles para exigir la dimisión de un capo y en estos días se asesina a cuchilladas incrementándose la inseguridad ciudadana, en plena maquinaria del fango sanchista que porfía por legalizar a delincuentes con tal de masificar y desvirtuar el censo electoral. Pedro Sánchez es una deheneración humana, además de homicida por las cuentas pendientes encubiertas de la plandemia, la apertura de presas en Valencia; los accidentes de los trenes y lo que está por venir.
En otro país lo llevaban a la fuerza al barco infectado para recibir el Hantavirus y sumarlo a otras infecciones que visiblemente le están royendo por dentro, como si las ratas de la codicia, del juego sucio, de la maldad y un psicopático arribismo le estuvieran devorando antes de mandarlo directamente al infierno del que jamás debió escaparse, reencarnado con la vileza propia de un hijo de satanás.
El Hantavirus no es aquí un patógeno accidental, sino el enviado biológico de un pacto con las sombras. Pedro Sánchez, en su deriva psicopática, ha abierto las puertas de España a las ratas del averno para que el ruido del contagio silencie el crujir de sus propios huesos bajo el peso de la corrupción. Es la imagen de un hombre al que la ambición ha dejado hueco por dentro, permitiendo que la maldad y el juego sucio aniden en ese vacío donde una vez debió estar el honor.Lo refleja en el exterior, acaso consumido por un rastro de Parca temprana.
Mientras el virus de la traición se distribuye desde los despachos de Interior y los acuerdos con Marruecos, el espíritu de Sánchez aparece visiblemente roído. No es una enfermedad del cuerpo, es la gangrena de la mentira que le devora antes de tiempo. Cada mentira, cada guardia civil sacrificado en el Estrecho, cada presa abierta para inundar el futuro de Valencia, es un mordisco más de esas ratas que él mismo ha invitado al banquete de su supervivencia.
España asiste al espectáculo de un gobernante que ya no pertenece al mundo de los vivos morales. Está atrapado en esa barcaza infectada, sumando infecciones éticas a un currículum que, repito, el fiscal Luzón ya ha etiquetado como propio de una organización criminal. El 23 de mayo no es solo una protesta, es el intento de la sociedad civil por desinfectar un país que se niega a ser devorado junto a su verdugo.
Sánchez es hoy el paciente cero de una epidemia de vileza. Sus ojos, fijos en el marketing del fango, ya no ven la realidad de una inseguridad que asesina a cuchilladas en las calles, porque está demasiado ocupado alimentando a las alimañas que le mantienen a flote. Pero el infierno no admite prórrogas, y las ratas que hoy le sirven de cortina de humo, serán las mismas que mañana certifiquen su caída definitiva al sulfuroso lugar del que nunca debió escapar.
Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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