
Portada del programa de fiestas de 1887
Durante años, al menos desde 1850, las fiestas generales coruñesas se hicieron coincidir con la celebración de la festividad de la Visitación de Nuestra Señora, celebrada el 2 de julio de cada año, girando en torno a la figura de la heroína María Pita y a la tradicional renovación anual del Voto, hecho por la ciudad, en mayo de 1589, a Nuestra Señora del Rosario.
Sin embargo, en el año de 1887 se tomó la decisión de trasladar la celebración de nuestros festejos al mes de agosto, sin duda, con un doble objetivo: de un lado, aprovechar la presencia de un mayor número de forasteros en la ciudad, y, de otro, la tradicional benignidad climatológica coruñesa, llegado el octavo mes del año.
También en estas primeras fiestas agosteñas se estrenarían los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad en La Coruña, tras la entrada en vigor de la Real Orden de 26 de octubre de 1886, reorganizadora de la Policía, por la que se crea la Dirección General de Seguridad.
Consecuencia de ello, el 1º de julio de 1887, comenzaron a prestar servicio los efectivos de ambos de Cuerpos. Hay que señalar que, con anterioridad, ya estaba presente en La Coruña el Cuerpo de Vigilancia y el de Orden Público, al que sustituiría el de Seguridad.
La fuerza policial destinada en La Coruña, por aquellas fechas, estaba integrada por los siguientes efectivos: Cuerpo de Seguridad, un Teniente Coronel, un Alférez, un Sargento 2º, cuatro Guardias 1ª y 25 de 2ª; por su parte, el de Vigilancia lo componían un Inspector de 1ª, dos Inspectores de 4ª, dos Agentes de 1ª y 14 Agentes de 2ª.
Este personal tuvo que asumir la seguridad pública durante el desarrollo de estos festejos, que concitaron la presencia de numeroso público, tanto de la propia ciudad como forasteros, venidos expresamente a las fiestas.
Volviendo a las fiestas de 1887, la prensa local, se encargaba, en la jornada del 30 de julio, de adelantar el programa general de fiestas, bajo la denominación de “Fiestas de María Pita”, que se desarrollarían entre los días 6 y 11 de agosto, contando con el inestimable apoyo del pujante Liceo Brigantino, una entidad recreativa coruñesa, fundada en 1877.
El Cantón Grande con sus bustos ornamentales que fueron retirados en 1886
Como nota a destacar, algo que se convertiría en todo un clásico a lo largo de muchos de los programas de fiestas del siglo XX. Aquel año la figura del Rey D. Carlos I estuvo presente en nuestras fiestas, recordando su estancia en la ciudad, allá por 1520, con motivo de la reunión de las Cortes Generales, que a la postre le valdrían el Imperio, y cuya presencia constituyó, por su espectacularidad, todo un hito en los anales de la historia ciudadana.
Sin duda, la presencia del monarca, acompañado de su séquito, debió calar muy hondo en el imaginario popular coruñés hasta el punto de aquel recuerdo proyectarse en el tiempo, siendo revivido en las diferentes Cabalgatas que, durante años, salieron a las calles con motivo de las fiestas de agosto.
Volviendo a las fiestas de aquel año de 1887, comenzaron a las 12 de la mañana del 6 de agosto, con el repique general de campanas y la salida, desde el Ayuntamiento, de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, con Holofernes y Judit -los gigantones de la Ciudad- a la cabeza, acompañados de grupos de gaitas y de una Banda de música popular, encargada de interpretar la “Pavana” de la Zarzuela “Un sarao”, con música de Emilio Arrieta, para ser bailada, en diferentes lugares de la ciudad, por los elementos de la Comparsa.
Aquella misma noche, a las nueve, en el parque de Méndez Núñez, iluminado al efecto, se celebró la primera “velada nocturna”, amenizada por una de las Músicas de la Guarnición de la plaza, habituales en las fiestas coruñesas.
Al día siguiente, 7 de agosto, la población se despertó con el tradicional lanzamiento de bombas y cohetería y con las dianas interpretadas por la Música del Regimiento de Infantería “Zamora” nº 8 y la Charanga del Batallón de Cazadores de Reus nº 16, ambos de guarnición en La Coruña.
A las once de la mañana, en las Casas Consistoriales se reunieron las primeras Autoridades de la ciudad, encabezadas por el Gobernador Civil, para asistir a la Misa solemne que se celebró en la iglesia de San Jorge.
Holofernes y Judit, los dos Gigantes de la ciudad
La prensa se refiere a esta misa solemne como la “Misa de María Pita” que, entendemos, no puede ser otra que la “Función del Voto”, que, aquel año, no se celebró, como era costumbre, el día 2 de julio; trasladándola a este primer domingo de agosto, fecha en la que, en lo sucesivo, se instauró su celebración hasta su traslado al mes de mayo, en tiempos de Francisco Vázquez como Alcalde.
A la conclusión de la Misa, los Gigantes y Cabezudos volvieron a recorrer, acompañados de gaitas y Bandas de Música, las calles de la ciudad.
Aquella misma tarde, a las cuatro, en la plaza de Toros, instalada ya en el camino de Santa Margarita, se celebraría la primera corrida que contó con el concurso de los espadas Felipe García y Luis Mazzantini.
Como dato, señalar que esta Plaza de La Coruña ofreció su primera corrida, precisamente, el 2 de julio de 1885, coincidiendo con la fecha de renovación del Voto de la ciudad.
Volviendo a aquella corrida del 7 de agosto, hemos encontrado una referencia a la petición formulada por el Gobernador Civil al Capitán General para que enviase la fuerza Infantería -Regimiento Zamora nº 8 y Batallón de Cazadores de Reus nº16- y de Caballería -Regimiento de Cazadores de Galicia nº 25- que considerase oportuno, con el fin de garantizar la seguridad, acompañados por 48 Agentes de la Autoridad, pertenecientes a los Cuerpos de Vigilancia y de Seguridad.
Continuando con el programa, a últimas horas de la tarde, la Reunión Artesanos, celebró un animado baile en honor a los muchos forasteros que visitaban la ciudad
Por la noche, los jardines de Méndez Núñez se iluminaron con 5.000 farolas y mecheros para celebrar la tradicional “velada nocturna”, animada por una de las Músicas de las Unidades de la guarnición coruñesa, en la que se dispararon fuegos de artificio y se elevó una gran cantidad de globos -costumbre esta muy arraigada en las fiestas de nuestra ciudad-, concluyendo con la suelta de un globo de grandes dimensiones que puso fin a la jornada.
Por lo que señala la prensa, pese a la expresa prohibición del Alcalde, aquella noche, se tiraron bombas de dinamita cuyo estruendo al deflagrar hirió los oídos de muchos espectadores.
La jornada del lunes, día 8, comenzó con las tradicionales dianas ofrecidas por grupos de gaiteros y por una Banda popular que recorrieron las calles.
A las diez de la mañana, siguiendo otra costumbre muy arraigada en La Coruña, las fuerzas de la guarnición, francas de servicio, con uniformidad de gala, se trasladaron a los jardines de Méndez Núñez, donde se celebró una Misa de campaña. Tradicionalmente, a esta misa le seguía el desfile de las fuerzas participantes ante la Autoridad militar.
Por estas fechas, la guarnición de la plaza de La Coruña estaba compuesta por el Regimiento de Infantería “Zamora” nº 8; el Batallón de Cazadores de Reus nº 16 y el Regimiento de Cazadores de Caballería “Galicia” nº 25. En este sentido cabría añadir que debería existir alguna dotación de Artillería, al menos para atender las distintas Baterías y piezas que protegían la ciudad
Por la tarde de ese día, se lidió la segunda Corrida de Toros en la que participaron, de nuevo, los diestros Felipe García y Luis Mazzantini.
Con relación a las dos Corridas celebradas, señalar que el público, que abarrotó la Plaza, salió muy defraudado de la lidia, mostrando su descontento con fuertes silbidos, especialmente dirigidos al torero Felipe Garcia y al ganado que resultó regular en ambos festejos.
Esa misma tarde, en el “Coliseo de San Jorge” -nombre que recibía el actual Teatro Rosalía Castro, por haberse construido en los terrenos que, con anterioridad, ocupaba la iglesia de San Jorge-, se celebró el Certamen Musical, organizado por el animoso Liceo Brigantino.
El teatro se encontraba abarrotado de público y la velada estuvo animada por la Música del Regimiento Zamora y la Charanga del Batallón de Cazadores de Reus, contando con el concurso de tres Orfeones, un solista, la Banda de la Beneficencia de Pontevedra y un cuarteto de bandurrias que hicieron las delicias del público asistente.
Concluidas las actuaciones, el jurado emitió su fallo y se verificó la entrega de los premios convocados.
La jornada del día 9 comenzó con las Dianas en las que participaron, según estaba anunciado, las bandas de los Hospicios de Pontevedra, Betanzos y La Coruña, que recorrieron las calles de la ciudad.
Esa misma mañana, desde María Pita, partió el Pregón y Bando del municipio, anunciando la llegada al la Ciudad del Rey D. Carlos I.
La comitiva estaba formada por Alguaciles, un Timbalero y un Heraldo, quienes en los lugares habituales dieron lectura, a viva voz, de las disposiciones del Corregidor. Escoltaban a los representantes del Ayuntamiento los Archeros de Borgoña y la Guardia Vieja de Castilla, despertando mucha expectación a su paso.
A las tres de la tarde de ese mismo día, desde las instalaciones del Liceo Brigantino partieron todas las Bandas militares y civiles, los Orfeones y los grupos folclóricos -en el programa reciben el nombre de grupos de aldeanos y aldeanas-, participantes en el Certamen musical del día anterior, recorriendo las calles de Franja, plaza María Pita, Riego de Agua, Real, Cantones, Juana de Vega y plaza de Pontevedra, hasta llegar a la plaza de Toros donde, a las cinco de la tarde, abarrotada de público, se celebró un magno festival que fue muy elogiado por la prensa de la época.
Por la noche, los jardines de Méndez Núñez fueron escenario de una nueva “velada nocturna” que resultó muy concurrida y animada, concluyendo con el disparo de fuegos artificiales y la elevación de varios globos al cielo coruñés.
El programa de actos del día 10 se inició en la plaza de la Constitución donde se concentraron las Bandas de Cornetas y Tambores del Regimiento de infantería “Zamora” nº 8 y del Batallón de Cazadores de Reus nº 16, así como la Banda montada de clarines del Regimiento de Cazadores de Caballería “Galicia” nº 25, que, con sus alegres marchas, recorrieron las calles de la ciudad.
A las doce de esa misma mañana, desde el Liceo Brigantino, partió, de nuevo, la comitiva del Bando y Pregón. En ella formaron los principales personajes de la Cabalgata histórica, prevista para el día 11, acompañados de Heraldos, Pajes y Escuderos; así como por los escudos y bandas de los Caballeros participantes en el Torneo que se celebrará esa misma tarde.
D. Carlos I en las Cortes de 1520 en La Coruña (tabla del Salón de Sesiones)
Por lo que refiere la prensa de la época, el coso coruñés presentaba un aspecto inigualable. Abarrotado hasta la bandera, con hermosas damas vestidas con trajes de época; gran animación y mucha expectación por el espectáculo hípico que se iba a celebrar, auspiciado por el Liceo Brigantino.
En la plaza se había instalada una gran tribuna con dosel para ser ocupada por el Rey D. Carlos I, su Corte y el Tribunal de Damas que presidieron el festival hípico.
El Rey accedió al coso acompañado de caballeros, nobles y pajes y a su llegada fue recibido con música de clarines, trompetas y timbales, ocupando la tribuna regial.
La comitiva real, formada por trompeteros a caballo, reyes de armas, monteros, Guardia alemana, Guardia española y nobles a caballo, carroza de los Corregidores, Guardia amarilla, Arcabuceros y la comitiva del Emperador. Formada por más de 300 figurantes, resultó apoteósica y sus movimientos perfectamente coordinados.
Comenzado el festival hípico, se disputaron torneos, carreras ecuestres, juego de cintas o sortijas y carrusel, todo perfectamente organizado y coordinado por el director de escena.
Por la noche, con los jardines de Méndez Núñez profusamente iluminados se disparó una sesión de fuegos artificiales a cargo de la pirotecnia del orensano Joaquín Pérez, quien presentó un variado programa de formas y colores, concluyendo con una gran final que, pese a todo, a juicio de la prensa resultó algo escasa.
El último día de las fiestas, el jueves 11, se inició con las tradicionales Dianas, contando, desde las doce de la mañana, con la participación de la Comparsa de Gigantones y Cabezudos que cumplimentaron a las Autoridades y las Sociedades de recreo de la ciudad.
A las cuatro de la tarde se dispararon las salvas correspondientes, anunciando al pueblo de La Coruña la entrada en la ciudad del Rey D. Carlos I, para reunir las Cortes Generales en el año de 1520.
Después, desde la plaza de Toros partió la Gran Cabalgata Histórica que recorrió el Camino Nuevo, plaza de Pontevedra, Juana de Vega, Cantones, Real, Riego de Agua, plaza de María Pita, Puerta Real, Tabernas, Cárcel, plaza de la Constitución, Damas, Angeles, Plaza de María Pita, Franja, Barrera, Estrecha y Ancha de San Andrés, plaza de Pontevedra, concluyendo, nuevamente, en la plaza de Toros.
La magna Cabalgata histórica, ajustada a los cánones de la época, tras un elaborado estudio histórico realizado a instancias del Liceo Brigantino, la abrían cuatro trompeteros y ocho escopeteros, seguidos de los Archeros de Borgoña, integrados por cuatro trompetas, un Capitán, un Alférez, un Teniente abanderado, un Sargento, dos Cabos y 40 Archeros. Todos ellos a caballo.
Seguían a pie los Arcabuceros, integrados por dos atambores, un pífano, un Capitán, un Teniente, un Alférez abanderado, un Sargento, 50 arcabuceros, 10 pajes conduciendo el Estandarte Real, 10 Guardias españolas y 10 Guardias alemanas.
Tras ellos, a caballo, cuatro trompetas, cuatro pajes con pendones, 10 nobles españoles, 10 nobles flamencos, cuatro Reyes de armas, 8 Monteros de Espinosa, otros cuatro Reyes de armas, Guion real, el Emperador, dos Arzobispos en mula con palafreneros, dos Obispos en mula, Nobles del Consejo y de la Corte, pajes y palafreneros con pendones y estandartes.
Seguía una carroza militar alegórica, seguida de una banda de música.
Detrás, a pie, marchaba la Guardia alemana, compuesta por dos atambores, un pífano, un Maestre Campo, un Sargento Mayor, un Capitán, un Alférez abanderado, un Sargento, un Cabo y 50 Guardias, seguidos de pajes y palafreneros con estandartes y pendones.
A continuación, marchaba el Municipio de la ciudad a caballo, compuesto por un timbalero, un clarín, el Pendón de la ciudad, cuatro Maceros, cuatro alguaciles, el Corregidor, el Escribano y los regidores, seguidos de cuatro palafreneros. Les seguía una banda de música.
Marchaba después, a pie, la Guardia amarilla, integrada por dos atambores, un pífano, un Maestre de Campo, un Sargento Mayor, un Capitán, un Alférez, un abanderado, un Sargento y 50 Guardias.
La regia comitiva la cerraban, a caballo, las Guardias Viejas de Castilla, integradas por cuatro trompetas, un Capitán, un Alférez abanderado, un Teniente, un Sargento y 40 Guardias.
Hablamos, pues, de una comitiva integrada por casi 400 personas, para las que se confeccionaron expresamente sus ropajes que, estamos seguros, se ajustaron, en buena medida a los cánones de la época y que debieron contar con el decidido apoyo de los Cuerpos de la guarnición que aportaron sus efectivos para actuar como figurantes.
El recorrido de la Cabalgata estaba adornado con flores en los balcones y colgaduras, especialmente en las calles Real y Franja, cuyos adornos corrieron a cargo del Liceo Brigantino.
La prensa se deshizo en elogios tanto por lo brillante de la comitiva, como por el orden observado y por la gran cantidad de público que se sumó a este acto.
Concluida la Cabalgata, a las nueve de la noche, se repitió la “velada nocturna” en los Jardines de Méndez Núñez, amenizada por las Músicas militares, contando con el disparo de fuegos de artificio y la elevación de globos, con lo que concluyeron aquellas primeras fiestas de agosto.
Además de lo señalado, durante estos días, otra de las sociedades con más pujanza de La Coruña, la Tertulia “La confianza”, cuyo Reglamento se remonta a 1848, organizó, en honor a los forasteros, un brillante baile, cuya recaudación se destinó a la beneficencia.
Igualmente, los centros oficiales y las Sociedades más destacadas se adornaron con colgaduras e iluminaron sus fachadas.
El programa general de festejos, editado por el Liceo Brigantino, señala que, durante todo el mes de agosto, desde las nueve hasta las once de la noche, actuarán, en los jardines de Méndez Núñez, las Músicas de la guarnición de la plaza.
En resumen, unas fiestas populares, imaginativas, con ambiente callejero que es, en definitiva, lo que le gusta a la gente y como fueron siempre las organizadas en La Coruña hasta la nefasta llegada de estos que desgobiernan la ciudad actualmente, al igual que sus predecesores, aquellos de la marea sucia que inundó nuestras calles y plazas.
Hoy, desgraciadamente, las fiestas, carentes de imaginación, se han convertido en una serie de conciertos, con grupos y solistas de segunda fila, dirigidos, en la mayoría de los casos, al mismo segmento de población y en las que se repiten, secuencialmente, año tras año, los mismos números.
También cabe resaltar, en estas fiestas de 1887, el decidido apoyo de los coruñeses representados, en este caso, por el Liceo Brigantino; lo que, una vez más, pone de manifiesto la conveniencia de que los festejos nazcan de la sociedad civil y no, en exclusiva, de la iniciativa oficial.
José Eugenio Fernández Barallobre
Autor
-
José Eugenio Fernández Barallobre, español, nacido en La Coruña. Se formó en las filas de la Organización Juvenil Española, en la que se mantuvo hasta su pase a la Guardia de Franco. En 1973 fue elegido Consejero Local del Movimiento de La Coruña, por el tercio de cabezas de familia, y tras la legalización de los partidos políticos, militó en Falange Española y de las J.O.N.S.
Abandonó la actividad política para ingresar, en 1978, en el entonces Cuerpo General de Policía, recibiendo el despacho de Inspector del Cuerpo Superior de Policía en 1979, prestando servicios en la Policía Española hasta su pase a la situación de retirado.
Es Alférez R.H. del Cuerpo de Infantería de Marina y Diplomado en Criminología por la Universidad de Santiago de Compostela.Está en posesión de varias condecoraciones policiales, militares y civiles y de la "F" roja al mérito en el servicio de la Organización Juvenil Española.
Fundador de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan de La Coruña, del Museo Policial de la J.S. de Policía de Galicia y de la Orden de la Placa y el Mérito de Estudios Históricos de la Policía Española.
Premio de narrativa "Fernando Arenas Quintela" 2022
Publicaciones:
"El Cuerpo de Seguridad en el reinado de Alfonso XIII. 1908-1931" (Fundación Policía Española)
"La uniformidad del Cuerpo de Seguridad en el reinado de Alfonso XIII 1887-1931 (LC Ediciones 2019)
"Catálogo del Museo Policial de La Coruña". Tres ediciones (2008, 2014 y 2022)
"Historia de la Policía Nacional" (La Esfera de los Libros 2021).
"El Cuerpo de la Policía Armada y de Tráfico 1941-1959" (SND Editores. Madrid 2022).
"Policía y ciudad. La Policía Gubernativa en La Coruña (1908-1931)" (en preparación).
Otras publicaciones:
"Tiempos de amor y muerte. El Infierno de Igueriben". LC Ediciones (2018)
"Historias de Marineda. Aquella Coruña que yo conocí". Publicaciones Librería Arenas (2019).
"El sueño de nuestra noche de San Juan. Historia de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan de La Coruña". Asociación de Meigas (2019).
"Las Meigas. Leyendas y tradiciones de la noche de San Juan". Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan de La Coruña (2011).
"Nuevas historias de Marineda. Mi Coruña en el recuerdo". Publicaciones Arenas (2022). Ganadora del premio de ensayo y narrativa "Fernando Arenas Quintela 2022".
"En el silencio de la noche. Relatos Relatos frente al fuego" (SND Editores 2024)
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