Silencio de cementerio con los años transcurridos y tantos diezmados por la edad y la enfermedad, fallecidos… Antes con la esperanza de que los jueces hablasen con el favor de la humanidad, la piedad de la comprensión, el equilibrio moral que premia la constancia, el batallar por lo propio cuando los ajenos lo han robado. Los juicios de Nueva Rumasa se celebraron y hace 10 meses que quedó visto para sentencia ese tiempo de testigos y estrategias para intentar convencer a un tribunal… Desde entonces la gente muere, las familias viven la zozobra del desánimo. La justicia es lenta pero quizá sea felizmente correcta. El silencio mata.
Nada consume el ánimo de la espera como el tiempo inerme, el paso de los días en la expectativa sin saber, sin acontecer, con la sumisión ante la obligación del silencio, propio y ajeno, con la fe en la virtud de la Justicia… si es virtud la causa justa y digna de confianza la humanidad que juzga. ¿Hasta cuándo el mutismo de quienes tienen en su mesa la existencia y la tragedia, la esperanza y el desánimo; en definitiva, la moral y el destino sacrificado de un batallar con un horizonte cada vez más cercano, acaso la perspectiva de la verdadera justicia en auxilio de los desesperados?
No son identidades de papel sino espíritus con una existencia labrada de sacrificio y emociones. Los fríos despachos albergan la convulsión de los sentimientos, la experiencia del sacrificio, las consecuencias de decisiones tomadas con entrega en la confianza de que recoge quien siembra el fruto de un trabajo que dura una vida y se esfuma con una coyuntura de drama. Los juicios de Nueva Rumasa fueron esperados durante más de una década, un destino por una vida, miles de personas en la tesitura de confiar en lo justo y ser resarcidos del sufrimiento.
Quiera Dios que los responsables de silenciar tanto llanto sean inspirados por la fe en la humanidad y la justa compensación a la guarda de la paciencia recompensada con el final feliz aunque sean de los familiares que enterraron a sus seres queridos, delegada la carga en quienes imploran justicia, la recuperación de lo legítimo más allá del espejismo de las culpas o los planes para eludir apremiantes, así debería haber sido desde el 2009, responsabilidades.
Dios imparta Justicia en la voluntad de los juicios terrenos, con los hombres como testigos de la equidad y la compensación de tantas víctimas y el alivio de las cargas. Diez meses después de la espera de los años es un añadido al lamento que no cesa. Cese el silencio y surja la esperanza convertida en realidad.
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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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