- El suizo pone fin a 24 años de carrera con 16 títulos ATP, tres grandes trofeos individuales, un oro olímpico junto a Roger Federer y la Copa Davis de 2014. Su último partido, en Basilea, pone el punto final a la trayectoria de uno de los grandes protagonistas de la era del tenis moderno.
Stan Wawrinka ya es historia del tenis. El suizo disputó este martes su último partido como profesional en Basilea, su torneo de casa, donde cayó ante el checo Jiri Lehecka por 7-5 y 7-6(2). A los 41 años, y después de 24 temporadas en el circuito, el tres veces campeón de Grand Slam se despide con un palmarés que resume la dimensión de su carrera: 16 títulos ATP, un oro olímpico, una Copa Davis y un lugar entre los mejores tenistas de su generación.
Su adiós estaba anunciado. El 19 de diciembre de 2025, Wawrinka comunicó que 2026 sería su última temporada y acompañó el mensaje con una frase que adquirió un significado especial al llegar a su despedida: «Todo libro necesita un final». Quedaba por escribir el último capítulo. Lo ha hecho en Basilea, ante su público, después de agotar hasta el último punto las posibilidades de prolongar su recorrido.
Tres Grand Slams contra los mejores
La dimensión de Wawrinka se mide, sobre todo, por sus tres grandes conquistas individuales. En una época dominada por Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray, el suizo encontró la manera de abrirse paso hasta la cima y levantar tres de los trofeos más importantes del deporte.
Su primera gran victoria llegó en el Abierto de Australia de 2014. Wawrinka derrotó a Rafael Nadal en la final por 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3 y conquistó su primer Grand Slam. El camino hacia el título también había incluido una victoria decisiva frente a Djokovic en cuartos de final, en un partido a cinco sets que confirmó su capacidad para competir de tú a tú con los mejores del mundo.
En 2015 llegó su segunda gran corona, esta vez en Roland Garros. En la final se impuso a Djokovic, entonces número uno mundial, por 4-6, 6-4, 6-3 y 6-4. Wawrinka conquistó París en una de las grandes demostraciones de su carrera, combinando potencia, agresividad y un revés a una mano que se convirtió en su sello más reconocible.
El tercer Grand Slam llegó en el US Open de 2016. De nuevo ante Djokovic, también número uno, el suizo venció por 6-7(1), 6-4, 7-5 y 6-3. Tres finales, tres victorias ante jugadores que ocupaban la cima del ranking mundial y tres títulos que lo situaron en una categoría reservada a muy pocos.
Wawrinka no necesitó dominar una época para dejar su huella en ella. Le bastó con alcanzar su mejor nivel cuando los grandes trofeos estaban en juego. Su mejor clasificación mundial fue el número tres, alcanzado en enero de 2014, y su trayectoria demuestra que también es posible construir una carrera extraordinaria en medio de una generación irrepetible.
Un oro olímpico y la primera Copa Davis de Suiza
El palmarés de Wawrinka va mucho más allá de los torneos individuales. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 conquistó la medalla de oro en dobles junto a Roger Federer, su compatriota y una de las grandes leyendas del tenis. Ambos formaron una pareja decisiva para Suiza y compartieron uno de los momentos más importantes de su trayectoria internacional.
Seis años después, en 2014, volvió a escribir una página histórica para su país. Wawrinka fue una de las figuras de la selección suiza que conquistó por primera vez la Copa Davis. El título culminó una temporada extraordinaria, en la que ya había ganado el Abierto de Australia y el Masters 1000 de Montecarlo.
Precisamente, Montecarlo fue su única corona de categoría Masters 1000. La conquistó en 2014 tras derrotar a Federer en la final, otro episodio de una carrera marcada por la convivencia competitiva con los grandes nombres de su generación.
En total, Wawrinka ganó 16 títulos individuales del circuito ATP. Su último trofeo llegó en Ginebra, en 2017. Después tuvo que afrontar años mucho más difíciles, marcados por las lesiones y por una progresiva pérdida de posiciones en el ranking. En 2024 salió del Top 100, pero no renunció a competir.
Esa resistencia también forma parte de su legado. Wawrinka prolongó su carrera cuando muchos jugadores habrían elegido otro camino y mantuvo su compromiso con el circuito hasta la temporada que él mismo había señalado como la última.
«Todo libro necesita un final»
La decisión de retirarse no fue improvisada. En diciembre de 2025, Wawrinka anunció que 2026 sería su último año en el circuito. «Es hora de escribir el capítulo final de mi carrera como tenista profesional», explicó entonces, en un mensaje con el que comenzó una temporada de despedidas en distintos torneos.
Durante el año recibió homenajes en varias de las competiciones que marcaron su trayectoria. Montecarlo le recordó el título de 2014; Roland Garros, el Grand Slam conquistado en 2015; y el US Open, su última participación en un grande. Basilea estaba reservado para el cierre definitivo, en casa y ante un público que quiso acompañarlo hasta el final.
Antes de su último encuentro, el suizo explicó qué había guiado su carrera durante más de dos décadas. «Todo lo que quería era darlo todo, no tener remordimientos, luchar siempre y dar el cien por cien en cada partido», declaró a la ATP. También recordó que quería mantener ese compromiso por respeto a sí mismo, a sus rivales, a los torneos y a los aficionados.
«Esa fue siempre la parte más importante durante más de veinte años, y es la única manera de dejar el deporte: sin arrepentimientos», añadió.
Su derrota ante Lehecka cerró el recorrido con un resultado adverso, pero no altera lo que queda atrás. El último golpe de su carrera fue un revés que se marchó fuera, una despedida tan cruel como habitual en el deporte: incluso las leyendas deben aceptar que el último punto no siempre está de su lado.
El legado de un campeón irrepetible
Wawrinka deja algo más que una colección de trofeos. Su revés a una mano fue uno de los golpes más reconocibles de su generación, una herramienta con la que construyó victorias históricas frente a los mejores jugadores del mundo. Su tenis combinaba potencia, precisión y capacidad para elevar el nivel en las grandes citas.
Su carrera tampoco se explica únicamente desde la comparación con Federer, Nadal, Djokovic o Murray. En medio de aquella constelación, Wawrinka consiguió tres Grand Slams, ganó un oro olímpico y ayudó a Suiza a conquistar la Copa Davis por primera vez. No dominó el circuito durante una década, pero sí logró que sus mejores días quedaran asociados a algunos de los escenarios más exigentes del tenis.
A los 41 años, se marcha después de cumplir la promesa que había formulado al anunciar su retirada. Quería seguir compitiendo, superar sus límites y darlo todo hasta el último partido. Lo hizo durante 24 años.
Tres Grand Slams. Dieciséis títulos ATP. Un oro olímpico. Una Copa Davis. Y una última voluntad: marcharse sin arrepentimientos.
Stan Wawrinka cierra el libro de su carrera. Las páginas que escribió, sin embargo, permanecerán para siempre en la historia del tenis.
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