Desde hace más de un año, la sede central de la Unión General de Trabajadores en la Avenida de América de Madrid luce en su fachada una gigantesca bandera palestina[1]. Por lo que sea, nadie espera que los parásitos comegambas que integran el sindicato se solidaricen con Ceuta o, por la misma razón, exhiban la enseña nacional. Locura sería apelar al patriotismo de quienes se precian de servir a un Gobierno traidor.
De modo análogo, hace tiempo que un ominoso silencio impregna los centros de enseñanza. Maestros y profesores evitan como la peste la incómoda realidad y, vaya usted a saber por qué, ninguno habla de los desastrosos resultados del informe PISA, sobre la invasión de Ceuta, ni de los casos de corrupción protagonizados por el partido socialista en el gobierno. Llamativo mutismo, sin duda, para un colectivo tan aficionado a radio macuto como a las conversaciones de café.
Sin embargo, tras intentar acallar la molestísima e inmediata realidad odiando a Trump día y noche en la distancia, la turba roja que puebla a la vez que desprestigia la enseñanza por fin ha encontrado un tema adecuado en el que enfocar sus energías: la huelga.
El jueves 24 de septiembre, apenas quince días después de iniciado el curso, «el profesorado» de secundaria —esto es, los profesores zurdos que se arrogan la representación de la profesión en su conjunto— emprendió, un año más, su calendario de huelgas «por la educación pública». Una iniciativa que, como de costumbre, sirvió a muchos profesores para no dar clase en los días previos y hacer aquello que más les gusta: «concienciar» a los chicos (y chicas) en el sentido «correcto». Porque «tan importante como saber unos contenidos es que los alumnos (y las alumnas) aprendan a ser personas» y, de acuerdo con el «Sindicato de Estudiantes» —apéndice del partido comunista Izquierda Revolucionaria—, esta lucha es «cosa de todos». De tal suerte que faltar a clase por la huelga —anunciada como indefinida a partir del 14 de octubre— en realidad es algo bueno porque significa un «compromiso con la sociedad» y un acto de valentía «en defensa de nuestros derechos».
Por supuesto, los huelguistas reclaman cosas justas como, por ejemplo, la equiparación salarial y horaria con otras comunidades autónomas… aunque ninguno quiere reparar en que todos ellos defienden el actual sistema autonómico y la desigual financiación que, para sostener al Gobierno, privilegia a unas regiones sobre otras.
Asimismo, exigen la reducción de una burocracia que, de forma inexorable, ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar cotas absolutamente delirantes. Legítima aspiración que «apenas» se ve lastrada por una pequeña incongruencia igualmente compartida; pues el aumento del papeleo es consecuencia directa de unas leyes educativas que ellos mismos han respaldado una y otra vez con su voto. Porque, conviene subrayarlo, ninguno de estos «rebeldes» contempla lucha alguna para derogar o siquiera modificar la vigente y desastrosa ley educativa de la camarada Isabel Celaá.
En realidad, como demuestran sus pancartas y consignas, la presunta «defensa de lo público» es una coartada para arremeter contra «la derecha» presuntamente encarnada en Isabel Díaz Ayuso. Es decir, para unir a la izquierda en el odio. Y es que, por más que los profesores-activistas digan luchar por sus derechos como docentes, una educación de calidad, la igualdad, la democracia y todo lo que a diario socavan en sus clases, lo cierto es que la huelga tiene el propósito de activar unas huestes mermadas y servir una excusa para seguir adoctrinando durante meses a los chavales con consignas políticas. Algo que, sin quererlo, subraya la magnitud de lo que sólo puede calificarse como una enorme charada, pues la malvada y pérfida Ayuso tampoco es que haya movido nunca un dedo por impedir el adoctrinamiento en Madrid, escudada en el consabido y muy cómodo «no me consta»[2].
Sobre esta cuestión, el adoctrinamiento en las aulas de la Comunidad de Madrid, nunca faltan los ejemplos y, como botones de muestra, ofrecemos algunos del presente curso recién empezado:
Sin ir muy lejos, el día anterior a la huelga, 23 de septiembre, el teatro La Abadía se llenaba con grupos de estudiantes de bachillerato para ver la obra Libres!!! (sic); título que, si bien suponía un atentado contra la Gramática, cumplía su función «concienciadora» a la perfección. De hecho, ninguna de las profesoras de Lengua y Literatura responsables de la visita consideró relevante ni instructivo hacer mención alguna al evidente desatino. Pues, como refrendaba una frase escuchada por casualidad en la misma puerta del teatro a una de las encargadas de organizar el sarao, «la militancia antifascista es agotadora»; ya que lo que de verdad importa a demasiados profesores de Lengua y Literatura no es el Teatro ni la Gramática, sino «el mensaje». Un enfoque netamente propagandístico que podemos leer en la propia página web del teatro: «Libres!!! es un cabaré anarcosicalíptico, de humor corrosivo, habitado no solo por las fundadoras de Mujeres Libres —Lucía Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón— o sus predecesoras, sino también por cameos estelares, entre otros, de Emma Goldman, Federica Montseny o La Pasionaria […] quiere ser también homenaje y celebración de la lucha por las libertades que llevaron a cabo infinidad de mujeres anónimas cuyo activismo con perspectiva de clase sigue siendo hoy un referente. […] mujeres que nos recuerdan que hoy sigue viva la lucha para que la alegría y la revolución nos pertenezcan»[3].
Una pieza teatral concebida por la activista Ester Fernández Carrodeguas, cuya carrera, tan exitosa como cuestionable, ha estado ligada en todo momento a una ideología y militancia muy concretas, respaldadas por y desde el Poder. Aunque para ocultar esta circunstancia la susodicha se haya refugiado en el ya clásico y muy socorrido victimismo: «Creo que podría ir a la cárcel por este proyecto, porque se tocan los símbolos nacionales»[4]. ¿¡En serio!? ¿¡En España!? ¿Donde ETA gobierna de la mano del PSOE?; ¿donde se persigue el español impunemente en una cuarta parte del territorio nacional?; ¿dónde los separatistas son amnistiados y los terroristas homenajeados? ¿En esa España que subvenciona a todos los partidos, sindicatos y organizaciones antiespañolas?; ¿donde se premian las películas, a los escritores y a los «artistas» que desprecian e insultan a la Nación?
Pero sigamos…
El día 29 de septiembre, un buen amigo que ejerce como profesor en un instituto del sur de Madrid me informaba de que, instigados por quienes deberían instruirles, los alumnos elaboraban carteles para la huelga en su horario lectivo. Y, como prueba, me enviaba una foto de la pancarta que adornaba, con palo y todo, la sala de profesores con el siguiente lema: «La inclusión es un derecho, no un privilegio». Como si sobre las cabezas de los alumnos pendiera una oscura amenaza para excluirlos o privarles de sus derechos. O, dicho de otra forma, la receta venenosa de siempre para forjar nuevos socialistas, tentación irresistible para los débiles mentales y los sinvergüenzas: inoculación de resentimiento y victimización.
Por otra parte, descubrimos que en otro instituto de Madrid «se han organizado» unos «Círculos de diálogo» en 4ª de la ESO (15-16 años) en los que los profesores o los alumnos —no se especifica— se arrogan el deber y la potestad de identificar las noticias falsas: «Somos responsables de enseñar a detectar fake news…» para, a continuación, explicar a los compañeros cómo «comprobar la fuente de la noticia, contrastar la información y pensar antes de compartir». Por descontado, desde una misma perspectiva casualmente coincidente con la del Partido; no se vayan a confundir y descarriar. Porque, claro está, no se trata de animar a los chicos a buscar con ahínco la verdad y aprender a detectar la mentira —la verdad y la mentira son las que decreta el Partido en cada momento—, sino de concienciar a los que «piensan mal» —esto es, a los que leen y desconfían de la verdad oficial— y disuadirles orientándolos en el sentido «correcto», mostrándoles cómo «verificar las noticias, actuar con responsabilidad, frenar la desinformación y cuidar a los demás». Por el bien del planeta, de la democracia, de la libertad o de la paz, según el día.
Igualmente, a tenor de las pruebas fotográficas que me envían padres de alumnos de secundaria, parece que no es excepcional que en los centros «educativos» de la Comunidad de Madrid todavía se exhiban las consignas del 8-M del año pasado[5]. Lo que contrasta con la prisa que al parecer tienen los equipos directivos para ordenar y desmontar cualquier rastro de la Navidad antes de la vuelta a las clases en enero.
Por cierto, hace dos años, el diputado Joaquín Robles López, profesor de Filosofía, preguntaba en el Congreso si, como sucede hoy por ley con los alumnos españoles, a los alumnos musulmanes se les adoctrinaría en feminismo o si se les impartirían la Matemáticas con perspectiva de género. Y si la dichosa multiculturalidad y la presunta integración no eran ideas intrínsecamente contradictorias. Pues, ¿cómo se van a integrar, por ejemplo, los magrebíes si son los centros educativos los que se adaptan a ellos para darles clase en árabe, cultura islámica y comida halal, y en los institutos públicos se permite que las niñas musulmanas vayan cubiertas?[6]
Naturalmente, para la mayoría de los activistas de la tiza, tan severas contradicciones no significan ningún obstáculo ni merma en sus convicciones y, aunque sorber y soplar sea imposible, y decir una cosa y la contraria desacredite a cualquiera, el fanatismo de la izquierda no tiene límites ni solución.
Por eso no nos sorprende que muchísimos docentes aprueben a todos sus alumnos con tal de evitar la burocracia derivada de suspenderlos, mientras siguen fingiendo que les importa la Educación, o tomen a todos por tontos embrollando con la cantinela de que «no puede ser que se cambie la ley cada vez que cambia el Gobierno»; cuando saben perfectamente que las únicas leyes de educación que se han aplicado en España en los últimos 35 años han sido las socialistas LOGSE (1990), LOE (2006) y LOMLOE (2020).
NOTAS AL PÌE DEL DOCUMENTO
[1] «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».
[2] Noticia de Infolibre, 22 de enero de 2020: https://www.infolibre.es/politica/ayuso-lidera-oposicion-pin-censor-pp-medio-caos-declaraciones_1_1179214.html
En línea con la posición del PP en Murcia; véase la noticia de El Mundo, el 21 de enero de 2020: https://www.elmundo.es/espana/2020/01/21/5e26b7cdfc6c83085c8b45ef.html
Postura similar a la del ministro Íñigo Méndez de Vigo en el contexto del Golpe de Estado del 1 de octubre de 2017. Noticia de El País, el 25 de octubre de 2017: https://www.elmundo.es/espana/2020/01/21/5e26b7cdfc6c83085c8b45ef.html
[3] Enlace a la página web del teatro “La Abadía”: https://www.teatroabadia.com/espectaculo/libres/
[4] Entrevista en El Periódico.com, a 9 de octubre de 2023: https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20231009/esther-carrodeguas-autora-iribarne-podria-ir-a-la-carcel-por-este-proyecto-118221048
[5] En paneles instalados en zonas de paso, bajo el señuelo de una presunta defensa de “la igualdad” (con los colores del arco iris), hallamos instrucciones sobre cómo “incorporar el feminismo en el lenguaje”, básicamente, violentando la Gramática. Donde se insta a decir “la ciudadanía” en vez de “los ciudadanos”; “profesorado” en lugar de “los profesores”, “Humanidad” en vez de “hombre” o “trabajadoras y trabajadores” en lugar de “los trabajadores”. Y decir “la ingeniera”, “la presidenta” o “la jueza” para “visibilizar a la mujer en puestos de responsabilidad”. Incluso se explica cómo “cambiar la estructura de la frase si es necesario para evitar el uso del masculino neutro”, sugiriendo la fórmula “se ruega desalojar la sala” en lugar de “rogamos a los asistentes que desalojen la sala”.
En otros trablones bien a la vista se alienta a adoptar “acciones cotidianas para promover la igualdad” como, por ejemplo, “ampliar la cantidad de libros, películas y otros medios feministas”, “rechazar el binarismo de género” o “desafiar los estándares de belleza” y el significado de “ser un hombre”.
Sin olvidar los eslóganes cargados con esa mezcla venenosa de victimismo y odio que caracteriza al feminismo: “El futuro será feminista o no será”; “El patriarcado nos quiere sumisas, el feminismo nos quiere libres”; “Si mi falda es muy corta, imagínate tu mentalidad”; “Si no entiendes los motivos es que eres parte del problema”; “Feminista, lista y antifascista”; “Nos quitaron tanto que terminaron quitándonos el miedo”; “Mi cuerpo, mis reglas”; “Abajo el patriarcado que va a caer, arriba el feminismo que va a vencer”; “Mi cuerpo, mi elección, mi voz, mi revolución”; “Ni sumisa, ni devota, ¡libre!”; “El problema del género es que prescribe cómo debemos ser, en lugar de reconocer quienes somos” (Chiamamanda Ngozi Adichie); “No seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas” (Audre Lorde); “Donde no hay lucha no hay fuerza” (Oprah WInphrey); “Existen pocas armas en el mundo tan poderosas como una niña con un libro en la mano” (Malala Yousafzai); “Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta” (Gloria Steinem).
[6] Interpelación al ministro analfabeto de Cultura Ernest Urtasun, en comisión parlamentaria, el 22 de enero de 2024: https://www.youtube.com/watch?v=NWr6i0qbIY8
Intervención en el Congreso el 8 de octubre de 2024: https://www.youtube.com/watch?v=4ZVJFeXmzBk








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