15/08/2026 06:56

En una entrevista al catedrático de Filología Inglesa, D. Eduardo Segura, gran conocedor y divulgador de la literatura de Tolkien, le hicieron la siguiente pregunta: “Hay mucha gente que dice no tener tiempo para leer (tengo el trabajo, tengo que cuidar a mis niños, mi familia…) ¿Cómo hace usted para arreglárselas y también tener alguna lectura extra, de placer, de distensión, a pesar de lo ocupado que se vive en el mundo de hoy? ¿Cómo se las arregla, en qué momento y en qué ámbitos saca tiempo para esas lecturas?” Resumo la respuesta del famoso profesor en las siguientes ideas:

“Los profesores universitarios tenemos que estar leyendo constantemente; es la única vía, requisito para el aprendizaje. Cuando estudié filosofía y luego me puse a preparar la licenciatura de Filología, me di cuenta de que había muchas lagunas en las que tenía que profundizar, sobre todo, lo relacionado con la filosofía contemporánea.”

“Hay muchos ratos, mucho tiempo que, bien ordenado y bien organizado, sí que puede servir para leer. Yo aprovecho cualquier momento del día para leer: cuando voy en el autobús, entre una tarea y otra, cuando voy al médico y tengo que esperar en la consulta, pues siempre procuro tener un libro a mano; creo que este aprovechamiento de los pequeños momentos entre tareas es lo que más hace posible compatibilizar el trabajo con las lecturas más placenteras”.

“Lo que hace poder ir haciendo compatibles las lecturas académicas con las lecturas más placenteras, fundamentalmente creo que es una cuestión de orden; cuando has comentado tú que hay gente que dice que no tiene tiempo para leer, yo pienso que no es una cuestión de falta de tiempo. Creo que es una cuestión de que consideremos la lectura no solo como un pasatiempo, sino como algo fundamental, como parte de nuestra vida, que nos permite llegar a lugares de nuestro interior y del interior de los demás que nos serían territorio desconocido si dejáramos la lectura solamente para cuando tenemos un tiempo extra”.

Este método que confiesa el profesor D. Eduardo Segura para sacar tiempos de lectura nos puede servir de guía para organizarnos en otros ámbitos de nuestros quehaceres habituales y aprovechar mejor nuestro tiempo. Por eso me parece una buena introducción para tratar las virtudes de hoy: orden y aprovechamiento del tiempo. Además, también es un elogio motivador a la lectura, que tanto bien nos hace.

Virtud del orden

Según la RAE, es ordenado(a) quien guarda método y criterio en sus acciones.

Y cita los siguientes sinónimos: organizado, cuidadoso, metódico, sistemático, meticuloso, exacto, estructurado.

Es decir, la virtud del orden ayuda a seguir unas normas lógicas en la ruta a seguir para alcanzar algún objetivo fijado de antemano; dichas normas se manifiestan principalmente en tres modalidades:

  1.  La organización de las cosas: poniendo en primer lugar las que hacen referencia a Dios; luego, las que se refieren a los demás; y por último, las relacionadas con nosotros mismos.
  2.  Distribución del tiempo: lo primero y fundamental es hacer la lista de todas y cada una de las tareas que debemos realizar -en la jornada o el plazo deseado-; y después, organizarlas según prioridades, poniendo en primer lugar las más importantes y las más urgentes.

     3. Realización de las actividades previstas: ejecutarlas siguiendo un orden establecido y, lo mejor y más satisfactorio, tacharlas de la lista o marcarlas como hechas.

En el desarrollo de la virtud del orden, como en todas las virtudes, importan dos facetas: la intensidad con la que se vive y la rectitud de los motivos al vivirla. Ocurre, en ocasiones, que el orden se plantea como un fin, lo cual es un desorden en la finalidad; es decir, deja de ser virtud y se convierte en vicio. Otra cuestión importante, hemos de tener claro desde el principio que esta virtud debe ser gobernada por la prudencia.

Orientaciones prácticas

Damos a continuación un largo repertorio de acciones que ayudan a desarrollar las virtudes del orden y el aprovechamiento del tiempo en el estudio, en las clases y en casa. Naturalmente, hay otras muchas manifestaciones de estas virtudes. Cada quien puede concretar las que le parezcan más idóneas de esta relación, u otras, según sus circunstancias y necesidades.

.- Aprender técnicas de estudio eficientes es una interesante ayuda para adquirir buenos y necesarios hábitos -rapidez y comprensión lectora, subrayado…- y para desarrollar destrezas, como redactar correctamente, técnicas de hacer resúmenes, etc.

.- Poner el debido interés y esfuerzo en el tiempo dedicado al estudio, cumpliendo el horario previsto, sin retrasos y evitando las distracciones que impiden la necesaria concentración.

.- Tener previsto los tiempos que dedicamos a la piedad, es decir, nuestra relación con Dios, por ejemplo, la Misa de los domingos y fiestas de precepto.

.- Tener previsto los tiempos que dedicaremos al descanso, al deporte y a las actividades de ocio.

  • Llevar los estudios al día y entregar los trabajos con puntualidad y bien presentados, sabiendo que el éxito final depende en gran medida del esfuerzo diario.

.- Contar con un lugar adecuado para estudiar y dormir las horas necesarias.

.- Cuidar del material de trabajo (ordenador, libros, carpetas, cuadernos, lápices, etc.) y de los demás objetos personales (ropa, cosas de aseo, juegos, etc.) para que duren más, disponiendo siempre de lo necesario, ni más ni menos.

.- Cuidar también las cosas de los demás como si fueran nuestras y devolver con puntualidad lo que nos prestan.

.- Tener previsto realizar actividades de voluntariado en atención y servicio a los demás.

.- Tener un sitio para cada cosa y dejar cada cosa en su sitio: así las encontraremos enseguida y no se perderán fácilmente; mantener todo el material limpio, a punto y con el nombre.

.- Cumplir con esmero los encargos en casa y en el aula, sabiendo que es un servicio a quienes conviven con nosotros y que contribuimos a su bienestar.

.- Estar atentos a nuestros compañeros y amigos, ayudándoles a que también ellos hagan como es debido su estudio y cumplan sus encargos.

.- Hacer un uso correcto y responsable de las instalaciones, indicando qué arreglos es necesario hacer y, cuando nos sea posible, arreglando nosotros mismos las cosas estropeadas.

.- Procurar que en los lugares donde convivimos –nuestra casa, el aula, etc.– estén ordenados y sea más grato estar en ellos.

.- Poner esfuerzo para que las entradas y salidas de clase sean ordenadas, sin correr ni dar portazos, cediendo el paso al salir a los que se sientan delante y sin gritar por los pasillos.

.- Vestir de forma correcta, con la ropa adecuada y bien puesta.

.- Facilitar el trabajo y buen aprovechamiento de los demás siendo puntuales, respetando el silencio y otras formas de colaborar.

.- Y no olvides ser paciente con los demás y ayudarles a ser más ordenados.

Para ayudar a los jóvenes profesionales —o personas adultas— a desarrollar la virtud del orden y ser más eficientes en la organización y ejecución de sus tareas, existen muchas y muy buenas publicaciones que se pueden consultar en diferentes medios. No abordamos este campo porque excede los objetivos de este artículo, orientado principalmente para chicas/chicos estudiantes. No obstante, muchas de las orientaciones que se dan aquí son válidas también para los profesionales y en otros ámbitos.

El orden y la paz interior

La interioridad es el centro vivo de la persona, lo que da unidad a sus fuerzas, cualidades y disposiciones de ánimo, y hace más eficaces sus acciones. Quien es capaz de vivir dentro de sí, de recoger sus sentidos y potencias hasta sosegar el alma, desarrolla una personalidad más rica, porque le resulta más fácil relacionarse y dialogar con los demás. «El silencio es parte integrante de la comunicación y, sin él, no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI, Mensaje en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24-I-2012).

Aprender a conjugar el despliegue de una actividad intensa con el orden y la paz interior es una de las notas de la personalidad madura. Para lograrlo, debemos ser capaces de detener el ritmo de la vida exterior y callarnos, tanto por fuera como por dentro. Así, nuestros conocimientos y experiencias adquieren profundidad; aprendemos a asombrarnos, a contemplar, a saborear los bienes del espíritu, ¡a escuchar a Dios! Esto nos enriquece interiormente y, al salir fuera, nos posibilita aportar algo genuinamente nuestro al comunicarnos con los demás, lo cual es muy gratificante.

Somos muchos los que estamos convencidos de que en nuestro tiempo es más difícil que en el pasado aislarse del ruido exterior y recogerse en silencio, pero sigue siendo igual de importante conseguirlo; por eso vale la pena intentarlo.

Velar por el buen uso de pantallas y redes sociales

En nuestro tiempo, al tratar el orden y el aprovechamiento del tiempo, no podemos dejar de lado el fenómeno social de las pantallas y las redes sociales, tan presente hoy en día en todas partes y que pueden convertirse en un feroz enemigo para el desarrollo de estas virtudes.

Ocurre con demasiada frecuencia que los padres dejan de tener la influencia debida sobre las decisiones importantes de sus hijos porque estos comienzan a confiar más en sus amigos de internet, en influencers y en extraños, lo cual les hace perder la capacidad de educarlos y ayudarles a crecer en virtudes. Y en muchos casos, esto empieza a darse desde edades tempranas. Lamentablemente, muchos padres están completamente desconectados de cómo afectan las redes sociales a sus hijos.

Hay también otros que, felizmente para el futuro de los niños, ponen límites y condiciones razonables al uso de las pantallas, impidiendo la participación en redes sociales antes de cumplir la edad que estiman oportuna.

La revista The Epoch Times cuenta el caso de Allison Lundeen, de 41 años, de Minnesota, madre de cuatro hijos, influencer, creadora de contenido. Lo publica Religión en Libertad en su edición del 10 de octubre de 2025.

«Desde pequeños, a los niños se les asignó un tiempo de 40 minutos frente a la pantalla al día, excluyendo actividades en familia cómo ver películas. Los niños tienen acceso a los teléfonos antiguos de sus padres para ver cosas como tutoriales, pero deben ser supervisados y usarlos en áreas comunes de la casa. Los teléfonos de los niños son Troomi, sin acceso a Internet ni a redes sociales. Y no tuvieron permiso para acceder a redes sociales hasta los 18 años.

Naturalmente, Allison y su esposo se han enfrentado a muchas críticas por su “modelo educativo”, que tiene un enfoque de crianza basado en la fe; pero cuando se les pregunta sobre los resultados de prohibir las pantallas y las redes sociales, Allison sólo tiene buenas noticias (más información en “Religión en Libertad”).

Reflexiones finales

Con el esfuerzo que exige vivir estos detalles, desarrollamos la virtud del orden, que, además de ser signo de autodominio, será de gran ayuda para vivir todas las demás virtudes. “¿Virtud sin orden? —¡Rara virtud!”, asegura S. Josemaría en el pto. 79 de Camino.

Lo importante en el estudio no son las notas, que casi siempre son el resultado de nuestro esfuerzo personal diario por hacer bien las actividades escolares (atención en clase, tareas para casa, estudio de los temas, preparación de exámenes…): ese esfuerzo es lo primordial. El orden y el aprovechamiento del tiempo son una ayuda importante para lograr estos objetivos.

No debemos obsesionarnos con el orden, convirtiéndonos en “maniáticos del orden”; por el contrario, aprovechar mejor el tiempo es una ayuda imprescindible para realizar bien nuestras tareas, haciendo en cada momento lo que debemos y estando en lo que hacemos; hacer la vida más agradable a los demás y facilitar la convivencia.

Para tener orden en nuestra actividad externa, es imprescindible el orden y la paz interior.

Es muy importante poner límites y condiciones al uso de pantallas y no permitir la participación en redes sociales hasta cumplir la edad adecuada.

Recomendación de lectura: “Exigir para educar” de Eusebio Ferrer Hortet. Ediciones Palabra.

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Fundación Enraizados
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