15/08/2026 11:08

En la actualidad, el llamado socialismo es la ideología más leal a la oligarquía financiera globalizadora y la más eficaz para convertir a los muy ricos en plutócratas, empobrecer a la clase media, transformar a los pobres en miserables y metamorfosear a sus partidarios y gobernantes en multimillonarios. Porque el socialismo es un sistema inmoral que otorga al vago el derecho de disfrutar de los patrimonios ajenos, y que permite al opulento aprovecharse de su riqueza y de su potestad para seguir ampliando su fausto.

La leyenda socialista de solidaridad popular y de justicia social, sorprendentemente creada a pesar de su praxis, es decir, contra toda evidencia, es ya insostenible. Y hay que insistir en ello una y otra vez, hasta que su pernicioso influjo sea abolido, junto con su marca, tan nefasta para España, pues su aspiración se basa en el derribo de las estructuras materiales y espirituales heredadas del pasado. Y, por supuesto, mediante la imprescindible piqueta del liberticidio. ¿Defensor el socialcomunismo de los pobres y de los trabajadores, como han hecho creer a los incautos? No; depredador de ambos y paladín de los oligarcas y de los forajidos. Eso y sólo eso son estas hordas totalitarias antiespañolas.

Las izquierdas resentidas quieren tanto a los pobres que los fabrican a millones, y sus Gobiernos siempre se han legitimado merced a subsidiados, okupas, parásitos, hampones, pervertidos, totalitarios, separatistas, terroristas… y, en nuestros días, también y muy explícitamente, con puteros orgiásticos. Vicios y viciosos todos ellos alimentados, como no podía ser de otro modo, con el dinero común. En consecuencia, sus Gobiernos siempre son contrarios no ya a los valores constitucionales, sino sobre todo al sentido común y a los códigos y principios morales.

El socialcomunismo, que tiene como corolario el hambre, la miseria y la muerte, es pestilente como una letrina, y constituye la sucursal del infierno en la tierra. Los lobos socialcomunistas y sus zorras comadres son personas fulleras siempre dispuestas a chupar la sangre de los borregos oprimidos. Llevan toda su vida poniendo en juego su hipocresía y demagogia, esa fraternidad y esa dialéctica fingidas con las que engañan al que quieren desollar. Lo sorprendente es que la plebe, no sólo la sectaria y resentida, aún los sigue eligiendo -a ellos y a sus codelincuentes-, incapaz de advertir o de condenar sus cautelas, enredos y marañas.

Dada su índole, tan abundante entre la humanidad, los socialcomunistas siempre tienen miríadas de adeptos lo suficientemente malvados para encarnar a los déspotas sin ley que son sus líderes. Ni son capaces de hacer bien, ni pueden dejar de hacer mal. Los socialistas y sus colaboradores no saben desenvolverse por la vida sino empleando la maldad continuamente, con preferencia contra los juiciosos, los humildes y los inocentes. Y quien hace mal a quien no se lo merece, ¿q ué puede cosechar sino repudio y castigo? Estos vividores y resentidos, que se quieren sustentar y alimentar de sangre ajena, como cabales sanguijuelas, merecen que toda la nación sea su fiscal y su verdugo.

La maldad siempre piensa en hacer daño o en defenderse del que ya ha hecho. El odio acompaña siempre a los viles y envidiosos. ¡Qué contentos quedan éstos cuando han realizado una iniquidad, un atropello, y qué prestos vuelven a estar para repetir su mala intención! Por el contrario, ¡qué desesperación sienten cuando ven a los virtuosos encumbrados y respetados! ¡Qué carcoma infernal padecen cuando se saben incapaces de lograr lo que la nobleza y la excelencia alcanzan por su propia virtud!

Toda nación, toda patria con un mínimo de dignidad y de sentido de la verdad y de la libertad debería hacer lo indecible por librarse de tan abominables naturalezas y de sus vicios, origen y principio de la miseria moral que acaba arrastrando al pueblo entero. A los perturbados, a los enfermos morales, a los espiritualmente deformes, a los desviados, pervertidos, lascivos, libertinos e indecentes, es obligado recluirlos en el frenopático o en la cárcel. Lo dicta el sentido común y la justicia.

Autor

Jesús Aguilar Marina
Jesús Aguilar Marina
Madrid (1945) Poeta, crítico, articulista y narrador, ha obtenido con sus libros numerosos premios de poesía de alcance internacional y ha sido incluido en varias antologías. Sus colaboraciones periodísticas, poéticas y críticas se han dispersado por diversas publicaciones de España y América.
Suscríbete
Avisáme de
guest
0 comentarios
Anterior
Reciente Más votado
0
Deja tu comentariox
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.