05/04/2025 00:07

Varios son los factores que han condicionado la trayectoria política de Pedro Sánchez al frente del Gobierno de España. Así, en primer lugar, nos encontramos con que, más allá de sus habituales artimañas para lograr sus objetivos, P. Sánchez presenta una indudable falta de carisma y una alarmante incapacidad de liderazgo, razones ambas que explican sus continuas derrotas electorales. Como consecuencia de ello, P. Sánchez para alcanzar y mantenerse en el poder se ha visto obligado a pactar con la más florida escoria del panorama político nacional, esto es, con los comunistas y los independentistas. A su vez, P. Sánchez presenta un personalidad con marcados rasgos psicopáticos, como son su absoluta incapacidad para distinguir el bien del mal y una descomunal falta de empatía con las desgracias ajenas. Para empeorar el informe psicológico de P. Sánchez su personalidad psicopática se ha visto aderezada con el padecimiento de un trastorno narcisista que clínicamente se ha puesto de manifiesto mediante el desarrollo de un egotismo desmesurado, que ha llevado a nuestro siniestro presidente a convertirse en rehén psicológico de una necesidad extrema de reconocimiento, la cual, dada su actividad profesional, se ha concretado en unas patológicas ansias de poder.

Este lamentable escenario ha dado lugar a que P. Sánchez, a lo largo de su periplo presidencial, haya subordinado el desarrollo de un proyecto político orientado al bien común y a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos a un permanente intento de satisfacer las exigencias de sus socios parlamentarios para, de esta forma, mantenerse en su privilegiada posición. Así, la acción de gobierno de P. Sánchez se ha visto lastrada por la necesidad de implementar unas iniciativas legislativas que tan solo benefician a la casta política perteneciente a la extrema izquierda, el golpismo irredento y el filoterrorismo edulcorado, avanzando en consecuencia la legislatura de manera errática y en ocasiones contradictoria, debido esencialmente a la falta de rumbo propio de un partido socialista definitivamente reconvertido en reducto de un grupo de políticos, tan sumisamente entregados al innoble enaltecimiento de su lamentable líder, que más bien parecen un rebaño de rumiantes con severas limitaciones cognitivas.

Obviamente, esta falta de proyecto político ha llevado a P. Sánchez a la necesidad de articular un discurso populista y monocorde, basado casi única y exclusivamente en criminalizar a toda voz opositora, sea esta del ámbito político, jurídico o mediático. De esta forma, la demonización de la oposición, con la amenaza nada velada de recluirla tras un muro que recuerda al vergonzoso “Muro de Berlín”, ha supuesto la inhabilitación moral y política desde las esferas del poder de al menos la mitad de los españoles, lo cual no debe considerarse como un indeseado error de planteamiento, sino más bien como una estrategia encaminada a fracturar a la sociedad española, resucitando de esta forma un guerracivilismo que se hallaba bien enterrado desde hace ya muchos años, con el único objetivo de mantener en sus filas al menos al votante socialista inasequible al desaliento partidista, por más que la realidad muestre, a través de los hechos incontestablemente contrastados, la abyección de un proyecto cesarista de carácter bolivariano como es el sanchismo.

La obra cumbre de esta estrategia frentista ha sido sin duda la promulgación de una ley sectaria, maniquea y liberticida como es la Ley de Memoria Democrática, que pretende imponer al conjunto de la sociedad un relato sesgado y falsario tanto de los acontecimientos que propiciaron el desencadenamiento de la Guerra Civil como del desarrollo del régimen franquista, llegando al extremo de penalizar con multas que oscilan entre 200 y 150.000 euros a todo aquel que ose poner en cuestión la versión oficial del Gobierno socialcomunista obscenamente favorable a la II República. Por si todo ello no fuera suficiente disparate, P. Sánchez, demostrando su maléfica naturaleza, ha elevado la apuesta y no ha tenido mejor idea para atizar el fuego de las dos Españas machadianas que desarrollar durante el año 2025 un aberrante y necrofílico proyecto al que ha denominado “Conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Francisco Franco”. Así, a lo largo del año entrante se contempla la celebración nada más y nada menos que de 100 actos públicos, cuyo único objetivo es el de mantener el alto grado de crispación y polarización social ya existente en la actualidad, para con ello conseguir desviar el foco de atención a día de hoy centrado en el albañal de incompetencia y corrupción en el que se encuentra atrapado el Gobierno socialcomunista.

Dado que no estamos dispuestos a comulgar con ruedas de molino, sino que, muy por el contrario, nos hallamos comprometidos en seguir dando la batalla cultural contra el socialcomunismo y teniendo en cuenta que no se puede hablar libremente sobre Francisco Franco para poner de manifiesto tanto sus éxitos como sus fracasos, nos parece pertinente comenzar una serie de relatos sobre distintos episodios acaecidos durante el periodo en el que estuvo vigente la II República, para de esta forma poner de manifiesto que fue un régimen infame y criminal cuyos principales objetivos eran acabar con la democracia liberal, eliminar a la derecha política y social, suprimir cualquier práctica religiosa y cercenar la espiritualidad que desde los albores de la humanidad acompaña a los seres humanos y, por último, instaurar la dictadura del proletariado y someter a España a los dictados de la Unión Soviética.

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Decía el filósofo y escritor británico G. K. Chesterton que “Llegará el día que será preciso desenvainar la espada para afirmar que el pasto es verde”, y ciertamente en España ese día ha llegado, por lo que desenvainaremos nuestra espada dialéctica y arremeteremos con el brío, valor e intrepidez que nuestras fuerzas nos proporcionen para esclarecer, sin temor al qué dirán, los infaustos hechos que se sucedieron durante ese negro periodo de la historia de España que fue la II República. Es nuestro compromiso que en este arduo periplo tan solo estaremos acompañados por nuestras propias convicciones, si bien dejándonos guiar exclusivamente y en todo momento por el faro de la verdad.

Autor

Rafael García Alonso
Rafael García Alonso
Rafael García Alonso.

Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, Especialista en Medicina Preventiva, Máster en Salud Pública y Máster en Psicología Médica.
Ha trabajado como Técnico de Salud Pública responsable de Programas y Cartera de Servicios en el ámbito de la Medicina Familiar y Comunitaria, llegando a desarrollar funciones de Asesor Técnico de la Subdirección General de Atención Primaria del Insalud. Actualmente desempeña labores asistenciales como Médico de Urgencias en el Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid.
Ha impartido cursos de postgrado en relación con técnicas de investigación en la Escuela Nacional de Sanidad.
Autor del libro “Las Huellas de la evolución. Una historia en el límite del caos” y coautor del libro “Evaluación de Programas Sociales”, también ha publicado numerosos artículos de investigación clínica y planificación sanitaria en revistas de ámbito nacional e internacional.
Comenzó su andadura en El Correo de España y sigue haciéndolo en ÑTV España para defender la unidad de España y el Estado de Derecho ante la amenaza socialcomunista e independentista.
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