15/08/2026 05:29

 Los grandes hombres, los grandes poetas, no los impostores que fabrican versos, dicen la verdad. Y no la dicen por ingenuidad, sino como certidumbre de su propia fortaleza. Un hombre fuerte es generalmente alguien de contrastado coraje intelectual. Dice Rubén Darío: «Por eso ser sincero es ser potente. De desnuda que está, brilla la estrella». Utilizar la insidia contra el honrado y magnánimo es, para el abyecto, una manera de igualarse a él en alguna medida, por mezquina que ésta sea. «Vilipendiar a un gran hombre -escribió Poe- es el único medio que tiene el homúnculo de tocar la grandeza. El cangrejo jamás habría llegado a ser constelación si no hubiera tenido el coraje de morder a Aquiles». Lo ínfimo nunca salta a la historia si no tiene alguna relación con lo grande. El mundo rueda gracias a la lucha permanente entre el Bien y el Mal. Y en ese combate, los seres humanos eligen su bandera: la de la autenticidad o la de la patraña.

A ningún político al uso se le ocurrirá jamás mostrarse auténtico, y lejos de expresarse con veracidad lo hará con demagogia. De ahí que no se encare nunca con el pueblo para señalarle sus defectos y sus culpas, como puede hacerlo un filósofo. Por eso son aves raras los estadistas que involucran a las multitudes en la reconstrucción de lo que ellas mismas han destrozado o han ayudado a destrozar, los que no prometen sino sangre, sudor y lágrimas. Mientras que, por el contrario, son abundantes los que aseguran el bienestar y la gloria y sólo proporcionan incomodidades y catástrofes. Para un político, para un demagogo, no resulta rentable decirle a la muchedumbre que hay que apretarse el cinturón.

Éstos, los eternos zorros de la política, gustan decirle al pueblo no la verdad de que está necesitado, sino lo que el pueblo quiere que se le diga. Y España, en la actualidad, está harta de dirigentes que le mientan, de logreros que, en vez de ayudar a llevar la carga, la imponen. De gobernantes ladrones que no se cansan de invocar ideales superiores para justificar sus procedimientos delictivos. Los políticos excepcionales, con conciencia histórica, no pueden surgir sino en momentos históricos excepcionales. España necesita hoy políticos con fundamentos éticos y morales, no políticos corruptos, como la banda de malhechores que mayoritariamente la llevan gobernando durante las últimas cuatro décadas largas. La gente tarda mucho en descubrir, si es que lo descubre, que la vida no regala nada; que las cosas hay que merecerlas, y que para merecerlas no existe otra vía que el esfuerzo permanente y la convicción de que, para lograr un futuro mejor, se precisa un objetivo elevado y noble.

Desde el comienzo de la pandemia, a principios del 2020, VOX, por culpa de algunos de sus integrantes y de ciertas actitudes y decisiones, empezó a dudar y a generar dudas, y esas dudas, lejos de mitigarse, se fueron incrementado a partir, sobre todo, de finales del 2021 o se han quedado estancadas, sin que sea posible esclarecer la confusión producida entre flexibilidad y ambigüedad. El caso es que muchos de sus fieles fueron constatando con amarga desilusión cómo VOX iba cediendo. La guadaña que mostraba en sus comienzos se había quedado en un cuchillo de madera. Y es preciso algo más que un cuchillo de madera para cortar de raíz la corrupción que postra a España, para erradicar el Sistema, que de eso se trata.

La impresión era que VOX -lo que sentían algunos que significaba VOX-, había quedado en proyecto fallido. Y que los motivos de su malogro habían sido los habituales en estos casos: la aparición de nuevos financiadores que, a cambio de financiamiento, habían ido imponiendo unas ideas e intereses que no coincidían con las del grupo fundacional, ni con las verdaderas necesidades de España; y, además, la acomodación de los líderes originarios que, una vez familiarizados con la popularidad y complacidos con ella, eran remisos a abandonar el barco y, en consecuencia, a denunciar de paso, con la firmeza y energía debidas, la actual situación, no sólo nacional.

A ello había que sumar el hecho de ver a VOX tomando decisiones inexplicables y no mostrándose todo lo divergente que debería frente a los adversarios políticos, no sólo los nacionales, como digo. Enfrentado meritoriamente a los montescos y capuletos internos, pero con adherencias exteriores no bien clarificadas respecto a los intereses de neutralidad y de independencia que convienen a la patria, VOX debiera no verse abocado a pasar a nuestra historia coetánea arrastrando la imagen del murciélago, esa especie mezcla de rata y de pájaro que guarda la originalidad de ser el único vertebrado capaz de volar.

Por otra parte, a la vista de su endeblez a la hora de cuestionar a las principales instituciones de la patria, corrompidas o pusilánimes y, sobre todo, considerando que la imperativa batalla cultural y la debida exigencia de responsabilidad al pueblo no se producían, o se hacían mediante pellizcos de monja, resultaba obvio que alguien tenía que apremiar a VOX para que se ilustrara acerca de la psicología de masas, o la plasmara, en caso de conocerla. Porque no sólo hay que llevar razón, sino saber y querer expresarla, sobre todo en política. ¿De qué sirve poseer entendimiento y rectitud, si somos incapaces de convencer a la masa electoral de nuestras virtudes? Lo importante para todo vendedor es que te adquieran aquello que vendes, y para conseguirlo, para lograr capacidad de convicción y prestigio, se precisa una eficiente labor comunicativa. Porque las cosas sólo se saben si se saben decir.

Yo no trato, aunque lo parezca, de negar aquí los méritos, los esfuerzos y las habilidades de VOX. Y valoro y agradezco sus numerosos litigios contra el socialcomunismo gobernante, como lo hago con asociaciones luchadoras, honrosas y memorables tal Hazte Oír, Manos Limpias y similares. Y como, ateniéndonos a los hechos, lo hago con los aislados y veraces francotiradores mediáticos renuentes al Sistema; del mismo modo que aplaudo y admiro a la UCO, única parte del corpus institucional sin metástasis y con impagable grandeza. Sólo digo que un león, aun pudiendo utilizar toda su potencia para cazar ratones de campo, no hará tal cosa, porque acabará muriéndose de hambre. Puede resultarle fácil, sin duda, atrapar diez, veinte ratones, pero acabará desfallecido, más por inanición que por esfuerzo, e incluso por dignidad o vergüenza torera. De ahí que dedique su pujanza, por mucho riesgo y dificultad que le cause, a cobrar antílopes y si es posible búfalos. Porque, sin duda, el resultado le compensa de la fatiga y del peligro. Y porque su naturaleza es de león, no de gato.

VOX se ha acomodado a cazar ratones de campo en el Congreso, conformándose con tener el discurso opositor al Gobierno más agresivo de toda la bancada, lo cual tampoco es difícil, pero se ha quedado ahí, y el sanchismo en pleno, aunque preferiría lisonjas dada su naturaleza narcisista y disoluta, se pasa finalmente tales discursos por donde amargan los pepinos, porque «¿de quién depende la Fiscalía?». Pues eso. Y quien dice la Fiscalía dice la Justicia en casi toda su concepción. Y los Ejércitos. Y la Corona. De modo que, aceptando su papel de congresista cascarrabias, sin mayor ambición ni más lejanos horizontes, VOX, incapaz hasta ahora de distinguirse definitivamente del PP ante los electores, no conseguirá nunca liderar la manada de leones fieros que necesita España.

Insisto: ni una palabra, ni una insinuación -emitidas y reiteradas con clamor y firmeza para revulsivo y concienciación nacional- he oído a VOX contra la corrupción moral o material de la Corona, de los Ejércitos, de la Iglesia, de la Intelectualidad, de la Educación, de la Justicia (salvo los cuatro jueces dignos y valientes); ni contra el bochorno que supone Gibraltar y sus abscesos y tumefacciones; ni contra las carencias de una Constitución o de unas fórmulas electorales a la medida de los centrifugadores; ni sobre la conveniente y tradicional neutralidad de la patria, máxime en el actual contexto internacional; ni sobre el terrible y significativo hecho de que gran parte -muchos millones- de una plebe envilecida vota al socialcomunismo y a sus cómplices porque es feliz cuando todo va mal.

Ahí están los males de la España de hoy. Y eso no se soluciona -dadas las circunstancias- con mociones de censura ni con elecciones, esos ratones cuya deglución es insuficiente para la supervivencia de la patria agonizante. Ni con recordar una y otra vez que los dirigentes de la Farsa del 78 han sido y son en su inmensa mayoría unos desaprensivos, algo que ya es sabido hasta por los más sandios del lugar, comenzando por quienes los eligen y reeligen. Ítem más: Sánchez, dado su horizonte penal y su personalidad egotista, nunca abandonará el poder por propia voluntad. Salvo que llegue a un pacto secreto con las oscuras jurisdicciones del Sistema garantizándole su impunidad. Que quizá es lo que busca con sus amenazas de incendiar el mundo.

Y si esto es así, si el Imperio Profundo, cambiando algo para no cambiar nada, decide apartar, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores, al Equipo A de Sánchez-PSOE para dar empleo al Equipo B de Feijóo-Ayuso, que es lo que nos traerían los pasos consiguientes, ¿qué papel sería el de VOX en el tinglado de la vieja farsa, y cuál sería el futuro de España? La respuesta es sencilla, porque ya hemos vivido la experiencia: continuar la deriva hacia su total disolución, de acuerdo con las instrucciones y los objetivos de ese Consistorio Supremo formado por unos oligofrénicos enemigos de la humanidad y permanentes violadores de nuestra soberanía.

Porque lo que España precisa en esta hora crítica es una oposición -respecto al Sistema en su conjunto, no sólo respecto a Sánchez- tan dura y fulgente como el diamante; un antagonismo sólido, experto y absolutamente convencido del crucial papel que está llamado a representar, opuesto a toda demagogia y centrado, sí, en los problemas reales de la gente, pero más aún en la batalla cultural y en los principios cívicos y morales de una sociedad desnortada, débil y hedonista. Una oposición capaz de alcanzar con urgencia el Gobierno y así poder reconstruir la soberanía humillada, y revitalizar una economía moribunda, herida de muerte por la nefasta gestión de los socialcomunistas y de sus cómplices; una antinomia avezada en los conflictos generales y en la diplomacia internacional, hábil para situar a la nación en el lugar que le corresponde por geopolítica y por historia. Es decir, un cisma contra la violencia ideológica del pensamiento débil y de la posverdad; contra las elites globalistas y sus tramas reveladoras de inteligencia satánica; contra lo perverso, que es todo aquello que va contra el orden natural de las cosas.

Un partido rehabilitador, en definitiva, debe dar a la ciudadanía motivos de orgullo para creer en un futuro de unidad y de progreso. Debe darle dignatarios que implanten la justicia, el pundonor y la lealtad, que le haga saber que los españoles pueden sucumbir separados aun luchando como bravos, pero que unidos es imposible vencerlos y humillarlos, y que con este convencimiento anuncie en España una era de regeneración. Debe iniciar la marcha hacia adelante, transmitiendo entusiasmo a un pueblo que ha hallado en el propio fracaso el cemento de su unidad. De modo que, fundamentados en la esperanza, y conscientes y arrepentidos de los errores de su reciente pasado, una amplia mayoría de españoles cívicos anuncien al mundo su irrenunciable afán de libertad y de verdad, alabando de paso la gloria de la patria y teniendo fe tenaz en su destino.

 ¿Está VOX a la altura de esa misión trascendental, por no decir sagrada? ¿Sí? Pues que convenza a la España profunda, a la España que embiste, de ello. O que la desprestigie e inutilice civilmente, ilegalizando de paso a sus soportes sociopolíticos.

Autor

Jesús Aguilar Marina
Jesús Aguilar Marina
Madrid (1945) Poeta, crítico, articulista y narrador, ha obtenido con sus libros numerosos premios de poesía de alcance internacional y ha sido incluido en varias antologías. Sus colaboraciones periodísticas, poéticas y críticas se han dispersado por diversas publicaciones de España y América.
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Alvar

VOX tiene dentro (igual que todo lo demás) gente que desea la permanencia del sistema, bien sea por convencimiento propio bien sea porque están a sueldo del Gran Oriente, tanto da.
Sumemos a esto que los líderes visibles de VOX seguramente no tengan la profundidad de visión necesaria para entender el mundo tal como es, sino que tienen miopía cultural, miopía histórica, carencias intelectuales… y por tanto no alcancen a entender las necesidades verdaderas de España.
Y sobretodo, no tienen hoy día poder ni remotamente suficiente para enfrentarse de frente al sistema, que recordemos, es un sistema triunfante en una guerra mundial, con todo el poder financiero, militar, político y que mantienen la hegemonía del pensamiento a nivel mundial (véase Liga Antidifamación etc.)
En conclusión, hay que construir una alianza con otras fuerzas europeas para poder tener esperanza de éxito, porque VOX u otros por sí solos carecen de la potencia necesaria para hacer lo que se necesita, hay que agruparse y combatir juntos. Y sobre todo hay que atacar la cabeza de la hydra en Europa, hay que ir contra los potentados de la UE hasta hacerla caer.

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