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En los últimos tiempos, las calles y las plazas de nuestra nación se han inundado de una alegría colectiva innegable. Hemos visto oleadas de banderas ondeando en una feliz confluencia de entusiasmo sano, limpio y diáfano, donde el ciudadano de a pie se funde en un abrazo común en torno a unos colores que nos pertenecen a todos. Estas celebraciones populares, cargadas de espontaneidad y patriotismo natural, han dejado en evidencia, con la fuerza incontestable de la realidad, a ese aquelarre de la sinistra radical que opera como un auténtico lastre para la convivencia diaria en nuestro país.
Ya lo advirtió con profunda clarividencia el Papa Benedicto XVI cuando alertó al mundo sobre cómo las fuerzas del mal y el propio demonio atacarían con especial saña a España por su arraigada tradición e historia espiritual. Hoy, esa advertencia resuena con una fuerza pavorosa. Ahí está, a la vista de todos, el germen del odio socialcomunista y el empuje de los independentistas violentos; una auténtica manada infernal que ha quedado en evidencia ante los ojos del mundo, actuando como las sombras vivas de Satanás empeñadas en destruir los cimientos de nuestra convivencia.
Es de un infantilismo malicioso, a la par que mezquino y parasitorio porque se siembra cizaña para pescar a río revuelto, observar cómo se etiqueta sistemáticamente de «fascistas» a quienes, con la más legítima satisfacción y el orgullo patrio que define a cualquier nación madura del mundo, se sienten profundamente españoles. Amar a tu tierra, venerar tus valores, respetar a tus gentes y defender la capacidad histórica y generosa de este país para acoger con los brazos abiertos a todo aquel que ama a España y viene a aportar no es una postura ideológica extremista; es, sencillamente, naturaleza, identidad, civismo y sentido común.
Es un peso muerto insoportable toda esa chusma política y mediática que insiste con saña en convertir en una disputa extemporánea y divisiva algo tan sumamente sencillo y puro como ser español y portar los colores que nos unifican. Son los mismos que necesitan fracturar la sociedad para justificar su existencia, retorciendo los símbolos comunes para transformarlos en armas arrojadizas, incapaces de comprender que un trapo no define el odio de quien lo lleva, sino la miseria de quien lo ataca.
Frente a esa mirada torva, cargada de complejos heredados y de un rencor rancio que se resiste a desaparecer, la sociedad real y trabajadora, España, celebra con todo el derecho universal a plantar cara. Tenemos el deber moral de reivindicar nuestras virtudes, nuestra historia compartida y nuestra alegría sin necesidad de pedir perdón ni permiso a quienes han hecho del victimismo y la fragmentación su forma de vida. España sigue en pie, y su bandera, inalterable al paso del tiempo, sigue cobijando a un pueblo que se niega a ser tutelado por la intolerancia de unos pocos.
Pedro Sánchez debe ser detenido.
RES NON VERBA
Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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