15/08/2026 05:41

En los tiempos que corren, donde ciertos discursos se imponen desde el poder mediático y político sin permitir el más mínimo disenso, es urgente alzar la voz en defensa de lo evidente: el aborto no puede ser considerado un derecho. Lo que sigue no es una opinión más, sino una reflexión firme y razonada —apoyada en la ciencia, en el derecho y en la ética— sobre por qué el aborto atenta contra el derecho más fundamental de todos: el derecho a la vida. Esta es una invitación a mirar de frente la verdad, sin eufemismos ni presiones ideológicas, y a preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando dejamos de proteger al más indefenso.

1. El aborto niega el derecho fundamental a la vida

  • La Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 3) afirma que “todo individuo tiene derecho a la vida”. Ese “todo” incluye también al ser humano en gestación. Si negamos este artículo y lo eliminamos, hemos negado y eliminado LOS DERECHOS HUMANOS en su totalidad. No hay medias tintas.

  • La Constitución española (art. 15) dice que “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral”. El aborto consiste en la eliminación intencionada de un ser humano vivo, único, con ADN propio y en proceso de desarrollo. Por tanto, ningún “derecho” puede consistir en suprimir la vida de un inocente.

2. No existe un “derecho” a matar a otro ser humano

  • Los auténticos derechos humanos son universales, inviolables e intransferibles. No pueden depender del deseo, el estado emocional o la situación económica de otro.

  • La existencia de un ser humano no depende del deseo de la madre. Un hijo no querido no es un tumor, ni un objeto, ni una parte del cuerpo: es otro ser humano con dignidad propia. ¿Por qué hay que matarlo? ¿Por qué no le deja crecer y lo da en adopción? Puede que lo considere suyo y le dé miedo a tomar una decisión que en su fuero interno (ese donde todo se sabe y se siente) porque sabe que está haciendo algo de lo que se arrepentirá el resto de su vida. ¿Podría ser?

3. La ciencia confirma que la vida humana comienza en la concepción

  • No es una cuestión religiosa o ideológica: es biología. Desde el momento de la fecundación, existe un nuevo individuo de la especie humana. Salvo que rechacemos la Biología como ciencia y pensemos que es una ideología que podemos rechazar.

  • Todo embrión tiene información genética única y distinta de la madre y el padre. Lo que cambia es el tamaño y el grado de desarrollo, no la naturaleza. Es un ser distinto del padre y de la madre. Es irrefutable.

4. El aborto convierte el vientre materno en el lugar más peligroso

  • En lugar de ser el lugar más seguro del mundo, el vientre se transforma en el escenario donde la ley autoriza la eliminación violenta de una vida inocente. Se convierte en un lugar peligroso donde el destino de la vida del no nacido es muy incierto.

  • Un “derecho” que implica la muerte de otro ser humano no es un derecho, es un privilegio mortal legalizado. Es la muerte dictada por su padre y por su madre y llevada a cabo por el verdugo de bata blanca o verde.

5. El aborto legal no protege a la mujer: la abandona

  • Presentar el aborto como un “derecho” es una renuncia a la responsabilidad de apoyar a la mujer en dificultad. En vez de ofrecer soluciones, se le ofrece eliminar al hijo. Actualmente, no se les da alternativa alguna. O la muerte del feto o te quedas sola, con este problema que tanto te angustia. Nadie te consolará. Tanto si haces una cosa como si haces la otra.

  • Muchas mujeres son empujadas a abortar por presión de su entorno, falta de recursos o miedo. Legalizar el aborto no las libera, las deja solas.

6. Un Estado no puede legislar contra la dignidad humana

  • Que algo sea legal no lo hace moral ni justo. En la historia, muchas atrocidades (como la esclavitud o la segregación racial) fueron legales durante décadas. Hay leyes justas e injustas. Las que transgreden la Ley Universal de Derechos Humanos, son leyes injustas, y estas leyes actuales se convierten en injustas.

  • La dignidad humana no depende de una ley, ni del voto, ni de un tribunal. Si se admite que el aborto es un “derecho”, se abre la puerta a justificar cualquier eliminación de vidas consideradas “no deseadas” o “inferiores”. La Eugenesia no se ha inventado ahora. Ahora simplemente se ha consagrado en los Estados <<modernos>>.

7. Existen alternativas éticas y humanas

  • La auténtica solución a un embarazo en crisis no es el aborto, sino el acompañamiento, el apoyo, la ayuda médica, social, psicológica y espiritual.

  • Nadie debe morir por los errores, miedos o dificultades de otro. La vida del no nacido vale tanto como la de cualquier ser humano.

En conclusión, el aborto no puede ser un derecho porque destruye el más básico de todos los derechos: la vida. Proteger a la mujer no puede significar eliminar al hijo. Reconocer la dignidad humana en todos sus estadios —también en el más frágil y vulnerable— es la base de toda sociedad verdaderamente justa y civilizada.

Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra

Colaborador de Enraizados

Autor

Fundación Enraizados
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Daniel Antonio Jaimen Navarrete

Para poder decir que tal o cual es un «derecho» (¿qué?), lo primero de lo que tendríamos que disponer es de una teoría jurídica de la justicia bien formulada, con definiciones que se correspondan con usos unívocos de todos y cada uno de los términos pertinentes. El problema con el palabro «derecho» es que los memos leguleyos todavía no han adoptado un lenguaje coherente y lógico. Desprecio profundamente a las facus esas de derecho y a los cerebritos de blandiblú que de ellas salen. La inferioridad teórica e intelectual del charlatán leguleyo es total. La desorganización mental, la incapacidad para generar un texto cohesivo, coherente y con progresión expositiva ya delata el estado apestado mental de abogados, jueces, etc..

Pues bien, dado un análisis conceptual -anterior y superior a toda teoría jurídica- un «derecho» puede ser:

1) Una opción legítima: tengo derecho a irme de vacaciones a Tailandia, nadie tiene porqué pagármelo. Es mi libertad individual

2) Algo que uno puede exigir de un tercero. He cumplido con mi parte y tengo derecho al pago pactado. Libertad entre las partes.

3) Un límite a las acciones de terceros que perjudiquen mis intereses legítimos. El derecho al honor o a la vida, que sería el de aplicación al caso del aborto como un derecho del feto. Es mi libertad y los fines naturales de la existencia, en especial para aquellos que, como el feto, no tienen capacidad jurídica para tomar decisiones propias. Es de observar que casi ninguno de los desafortunados que han nacido es circunstancias terribles acaba suicidándose, con lo que cabe aseverar que el aborto priva a alguien concreto siempre de un bien objetivo, más allá de la vida en cuanto vida y como designio o misión trascendente, que lo específico de la vida humana.

Cuando se redactó el folleto del 78, sandeces grotescas tales como el «derecho al trabajo», «el derecho a la vivienda» y unas cuantas más, se desentendían del galimatías subsecuente en sentencias, «jurisprudencia», desarrollo legislativo, etc. al que daban lugar porque no se sabía quién debía satisfacer tales derechos si es que le correspondía a alguien. Son declaraciones de cara a la galería y mamarrachadas políticas que nos legan una teoría legal canija. Aparte de que el tal «derecho al trabajo» haya sido «interpretado» (ejem, ejem) como derecho al empleo que debe satisfacer uno que pasaba por allá y tuvo la mala suerte de tener unos ahorros para invertir en actividades productivas. Con el «derecho a la vivienda» también el Estado promete porque puede prometer y recurrir a un tercero, un particular y un desgraciado que paga las promesas del Estado y de los mequetrefes «juristas» a él encaramados.

Burradas aconceptuales tales como el «derecho a decidir» (¿a decidir qué?) ignoran maliciosamente el perjuicio causado a los derechos legítimos de terceros. Burradas aconceptuales como «mi cuerpo, mi decisión» ignoran maliciosamente que el adjetivo posesivo «mi» es un genitivo como pueda serlo en «mi país o mi padre» y que el cuerpo no es nunca una posesión material como pueda serlo una silla que uno ha construido.También ignoran que el feto es el cuerpo de otro.

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